viernes, 1 de febrero de 2019

La linterna mágica



¿Qué estaríamos contando hoy día del cine español de no haber mediado la sangría y barbarie de la guerra civil y la consecuente y eternificada dictadura? Con el cine como trasfondo indivisible de la vida, la pregunta es otra, la que incomprensiblemente seguimos haciéndonos tantos años después, sobre todo porque hay cosas esenciales que no cambian nunca. Una de las películas más importantes de todo el cine español es VIDA EN SOMBRAS, de la que recientemente se han cumplido 70 años de su accidentada realización. Un film tan asombroso, tan moderno y rompedor, que se permite uno de los juegos metacinematográficos más elocuentes y radicales de todos los tiempos ya desde su deslumbrante inicio, en el que una pareja es retratada mientras el fotógrafo les pone música de fondo "porque embellece al retrato. El cine, maldita sea. Y es principios del siglo XX, y la pareja se divierte por una feria, hasta que llega a "la barraca de los franceses", donde asisten a un nuevo y sorprendente invento, que consiste en una sábana por la que deambulan unas imágenes en movimiento. El cine ya y el cine otra vez. Y en mitad de esa primitiva proyección, como si de un sortilegio mágico y repentino se tratara, nace Carlos Durán en uno de los momentos más surreales que ha dado el cine. Nacer en, por y para el cine, parece querer decirnos Llobet-Gràcia, que luego apenas haría nada más, y que ni siquiera estaba convencido de que VIDA EN SOMBRAS debiera estrenarse. La deriva de Carlos es la de un fantasma que se atrevió a traspasar la pantalla y ensayar algo parecido a la vida real, hasta que ésta le golpea duramente y lo devuelve a su sitio, que no es otro que ese mundo de sombras con algunas luces, parpadeantes como la del cine de enfrente. Carlos se siente culpable, más que de la muerte de su esposa embarazada, por haber retocado "dramáticamente" el escenario después de una batalla, ya que supuestamente ha de servirle para realzar lo que está rodando; es decir: falsear la realidad para hacerla "más realista". En los escasos 75 minutos que se conservan de esta obra maestra, la sucesión de hallazgos es incontable, y da fe del talento de un cineasta (otro más) que nació en el sitio y el momento equivocado, cuyo talento no fue comprendido y reivindicado hasta muchos años después, puede que con la última y decisiva restauración de la que es, debe ser, una obra de referencia ineludible del cine de todos los tiempos. Una película tan "arrebatadoramente" moderna, que se permite incluso el lujo de cerrarse con las imágenes del propio Carlos Durán rodando su ópera prima, en la que una pareja es retratada mientras el fotógrafo les pone música...
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!