miércoles, 30 de enero de 2019

O cinema ao lado #8



A lo largo de tres horas, nunca tediosas, siempre vivas, atentas a implementar el difícil equilibrio entre forma y contenido, A FÁBRICA DE NADA se ha erigido en uno de los títulos recientes más importantes del cine europeo reciente. A partir de la historia real de los trabajadores de la multinacional Otis, dedicada a la fabricación de ascensores, que lograron durante cuatro décadas sostener una fábrica autogestionada en Portugal, Pedro Pinho erige un preclaro e imaginativo discurso que evita lugares comunes y demagogias baratas. De hecho, creo que importa más el retrato minucioso de cada uno de los personajes y cómo les va afectando su incierta situación en la fábrica en la que han decidido quedarse y ocupar, ante la decisión de los dueños de cerrar y finiquitarlos. Lo primero que llama la atención es la insignificancia que se da a la parte empresarial, que de hecho escurre el bulto, contratando a dos agentes externos para hacer el trabajo sucio; tras el plante de la plantilla, el relato va en otra dirección (muchas direcciones, para ser exactos), alternando la reflexión de un dudoso sanedrín de de teóricos izquierdistas, el empeño de un cineasta argentino en rodar un documental sobre los trabajadores y las múltiples e insalvables diferencias que van surgiendo entre quienes han dedicado toda su vida a obedecer y ahora son incapaces de gestionar su propia libertad. La visión de Pinho es de todo menos amable, y mucho menos autoindulgente, entonando un mea culpa necesario y valiente, y que tanto se echa de menos en todos esos artistas "concienciados", que luego no paran de sonreír sobre alfombras rojas. La crítica es feroz, y no precisamente hacia el sistema capitalista, al que simplemente desnuda de artificios para que cada uno extraiga sus conclusiones, sino más aún del repugnante uso del miserabilismo y la desgracia ajena con tal de encontrar una obra "artística" que todos admiren y aplaudan. De hecho, no recuerdo a ningún cineasta destrozar el sentido mismo de su obra y erigirse como farsante desvinculado, y por tanto A FÁBRICA DE NADA es un regalo lleno de respeto y dignidad, pero también de una autocrítica sorprendentemente lúcida.
Y si fueron de los que lo fliparon con los números musicales de BAILAR EN LA OSCURIDAD, esperen a ver de lo que son capaces estos operarios de fábrica...
Maravillosa y muy necesaria.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!