martes, 21 de febrero de 2012

Pellejo artificial



El principal problema que tengo con el cine de Pedro Almodóvar, y creo que LA PIEL QUE HABITO puede ser el máximo exponente de esto que voy a decir, es que todo es opereta. Y me explico. No es que en mitad de unos problemas económicos tan graves como los que tenemos el manchego siga regodeándose en sus extravagantes y dislocadas tramas, eso es algo que sólo puede preocuparle a los que no disfrutan con el cine, sino que lo utilizan como arma arrojadiza; ahí Almodóvar tiene razón. El problema es que si su tono es cómico no me hace ni puta gracia, y que si lo que cuenta (y obvio que en este caso se trate de un texto ajeno) pretende ser serio (pese a que parezca que ponerse serio implique truculencia per se), no baste una disculpa desaforada para ver (entre líneas, con calidez calculada) que existe la tramoya y el atrezzo; y no para remarcar o subrayar, sino porque este cine es así, se siente cómodo en su asidero de fatuos paralelepípedos (el médico tiene una hija... antes hay una conferencia explicativa... luego viene el momento decisivo... luego se rebaja el tono con un chiste... antes el director presenta los secundarios...). Es decir: en Almodóvar, naturalidad=extravagancia, o al revés... o puede que, ya que no se puede seguir siendo moderno, al menos exista algo de desdén diplomático. En LA PIEL QUE HABITO importa menos la historia de venganza sin límites, y mucho más el etalonaje melodramático, que mezcla desvergonzadamente al sempiternamente amado Sirk con un invitado de piedra llamado Georges Franju, del que sale indemne la caricatura de la víctima y perjudicado un esforzado Antonio Banderas, al que no le sale ser malo ni por casualidad. Película cosida, recosida y remendada, lo que no entiendo es cómo se la puede considerar como "cercana y familiar" cuando todo el mundo está majareta y las frases siempre huelen a "última y definitiva frase". En resumen, entretenimiento de aquí, con las hamburguesas sustituidas por el cocido y un espacio omnipresente en el que se suceden noches y días meramente anecdóticos, las noches y los días de un director al que cada vez le interesamos menos como espectadores. Habrán reparado en que apenas he contado nada de la trama, primero porque, aunque se la imaginen, es mejor dejar cierto elemento sorpresa en el aire, pero sobre todo porque, llegado el momento, dicha trama deja de interesar por completo y empezamos a mirar los muebles, los cuadros, los azulejos... ¡y qué bonito es todo en el cine! ¿no es verdad?...
Saludos habitantes.

4 comentarios:

David dijo...

Curiosa reseña, sí.
A mí no me convenció mucho (más bien poco).

dvd dijo...

Y como suelo decir, ojo, que no es que sea mala, sino que todo esto ya está muy visto...

MrMierdas dijo...

Es mala y está muy visto...

Mr. Lombreeze dijo...

Almodóvar era genial cuando hacía comedias. Tenía un talento infinito para ello. Pero desde que esas mismas historias las convirtió en serios melodramas, caminó siempre bordeando lo ridículo. Pero vamos, que Alberto Iglesias muy bien, como casi siempre. Ojalá le den el Oscar, cojones.

Coño, Los Paraguas de Cherburgo. A mí es una peli que me hace llorar (de pena).

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!