sábado, 31 de diciembre de 2016

Una tarifa sin pagar



Se cumplen quince años desde que una película chilena ganó de manera totalmente imprevista la Concha de Oro en San Sebastián. Más allá de los porqués, y teniendo en cuenta que el festival Donostiarra es comprensiblemente tendente al oscurantismo de sus decisiones internas, mi misión es constatar que, de las rescatadas en la Seminci, no fue precisamente de las más (re)celebradas ¿Por qué? Digamos que TAXI PARA TRES es una película tremendamente modesta, en actitud y aptitud, que diría Menotti, una comedia negra y exacerbadamente costumbrista, que ataca desde un lado que a quienes no somos de Chile nos deja en fuera de juego, pero que si se le sabe coger el tranquillo termina siendo una templada crítica social repleta de personajes esperpénticos que intentan sacar la cabeza en un entorno de miseria y desigualdad. El argumento gira en torno a un taxista que no ve la luz al final del túnel de las deudas, pero que ve una oportunidad justo en el momento que es atracado por el "Chavelo" y el "Coto", dos delincuentes de poca monta a los que el taxista se unirá en una borrachera delictiva, siempre con la certeza moral de que si los ricos le roban a los pobres ¿por qué no iba a poder ser al revés?
La película en sí es moderadamente entretenida y se nota que el presupuesto, además de para el taxi daba para poco más, y me atrevo a decir que este guion sería más aprovechable en formato teatro, desconociendo si se ha hecho ya. A mí me recordó levemente a una reciente película española de temática similar y en la que dos nazarenos atracan un banco... Ya saben a cuál me refiero...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!