miércoles, 21 de diciembre de 2016

Rivette escribe #16



De no haber sido Jacques Rivette el cineasta radical, insobornable y hermético que siempre fue, no tengo ninguna duda de que el monumental díptico que rodó en 1994 estaría considerado como el definitivo acerca de la figura histórica más controvertida de la Historia de Francia. Juana de Arco ha sido abordada desde el pictoricismo, la enjundia teológica, la mitificación hagiográfica y hasta algún exceso pseudopop, pero no recuerdo ningún otro film que transite tan exhaustivamente la mística y la leyenda de la Dama de Orléans con una rigurosidad tan firme, sorteando con acierto la teatralidad y mostrando verazmente qué extrañas razones son las que sustentan el mito de esa insignificante doncella analfabeta que, guiada por la palabra de dios, levantó al pueblo francés contra la ocupación británica durante la Guerra de los cien años. Y la primera parte que rodó Rivette se titulaba JEANE LA PUCELLE - LES BATAILLES, donde se narra de manera concisa y nada espectacular la transformación de una simple muchacha en una especie de estratega militar improvisado, llamando a las puertas de los nobles para recaudar dinero, armas y hombres para la lucha a la que pretende encaminar a la totalidad del país, y, extrañamente, consiguiéndolo con una facilidad asombrosa, como si realmente su palabra fuera la palabra "divina". Rivette flaquea en la parte final, precisamente cuando no le queda más remedio que filmar escenas de batalla, que de todas formas el cine hollywoodense nos ha malcriado con su querencia al espectáculo, pero definitivamente no se le nota cómodo abandonando los diálogos y mostrando unas batallas en exceso estáticas. Y sobrevolando el extenso metraje, apoderándose con la misma convicción de la dificultad de su personaje, se eleva Sandrine Bonnaire, una actriz que nunca me ha convencido completamente, pero que es un excepcional acierto, pese a ser más de una década mayor que la adolescente a la que interpreta con la dosis justa de vulnerabilidad y osadía.
Una magnífica oportunidad para quienes quieran adentrarse un poco más en este personaje, y que hemos dividido en dos partes, respetando la voluntad del propio Rivette al concebir la obra como díptico.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!