sábado, 17 de diciembre de 2016

Un sueño inducido



Una mujer con la pierna quebrada en dos. Un soldado que no despierta ni recuerda. Unas excavadoras que han improvisado un campo de fútbol montañoso. Imágenes que nos recuerdan que estamos de paso, como el altar con figuras a tamaño real o los esqueletos sentados en un banco, quizá amantes eternos. Un hospital en mitad de la selva, donde se cuida a los que no despiertan ni recuerdan. Una extraña forma que gira en el cielo, como una célula viva o un proyecto de ser vivo. Las luces del hospital se apagan y quedan unos tubos fluorescentes, una iluminación sobrenatural.
Y todas esas voces, esos indicativos, a la vez terrenales y espirituales, muestran la faz cansada y amable de los seres que eligen ayudarse unos a otros, que laten bajo las sábanas amarillas de la enfermedad y contemplan con aceptación lo que no comprenden, los árboles o los animales. Y Apichatpong Weerasethakul filma esta película quieta, reflexiva y juguetona. Leve o grave, RAK TI KHON KAEN (CEMENTERIO DE ESPLENDOR) indaga en los misterios de la vida con la misma naturalidad que ésta es incesantemente vivida.
Saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!