martes, 15 de noviembre de 2016

El caracol y la gallina



El caracol se arrastra plácidamente por el patio, bajo el sol y como contemplando las vetustas paredes de la casona; y el hombre, que no es su dueño en modo alguno, deja de leer el periódico y ajusta un gesto de rabia, o desprecio o quién sabe, le pega un puntapié y lo hace rodar hasta la gallina, que lo picotea con fruición, sólo un día antes de terminar desplumada y en la cazuela.
Esta magistral escena sería capaz de resumir con mayor acierto CORONACIÓN, la segunda adaptación cinematográfica que ha conocido la novela de José Donoso y que tiene tantas virtudes como defectos a la hora de poner en pie el colosal armatoste literario que narraba, en varios planos superpuestos, la asfixiante y decadente atmósfera de una forma de vida anclada fuera de su tiempo, y atenta tan sólo a viejos rituales anodinos. La abuela senil, Doña Elisa, que llegó de España y que parece una decrépita y cruel versión de Imperio Argentina; Andrés, el nieto cincuentón y reprimido, castrado por su educación religiosa pero incapaz de salir de su confortable mundo de inactividad y apariencia; las dos sirvientas, solícitas, que no han conocido más mundo que ése y que participan de los ritos diarios, soportando sin rechistar el desprecio con que son tratadas. La llegada de la joven sobrina de una de ellas para hacerse cargo de la anciana supondrá un cataclismo, especialmente para Andrés, que toma conciencia de lo inútil de su existencia cuando queda expuesto a la inocencia y vitalidad de la joven.
CORONACIÓN, desde su estreno en 2000, ha sido uno de los títulos chilenos más importantes y reconocidos fuera de sus fronteras, y una especie de punto y aparte estilístico. Sin embargo, le sobra metraje, y Caiozzi parece no saber hacia dónde dirigir la narración cuando se aleja del caserón y su fascinante decadencia, perdiéndose en algunas escenas y personajes que no casan bien con el conjunto. Aun así, tiene momentos memorables y un actor inmenso, Julio Jung, que transmite sin esfuerzo toda la soledad e incomprensión de quien no ha dicho una palabra más alta que otra en toda su vida.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!