Uno se queda pensando en los peregrinos designios que toman según qué films, fundamentalmente cuando éstos aparecen como fatuos pies de página en filmografías tan resplandecientes como la de Robert Duvall. Quién, si no, se acuerda de TOMORROW, una pequeña maravilla rodada en 1972, en la que el fantástico guionista Horton Foote (MATAR A UN RUISEÑOR) adaptaba con asombrosa precisión un pequeño cuento de William Faulkner. El film, austero hasta las últimas consecuencias, podría ser el reverso correcto de la sobrevalorada TRAIN DREAMS, que prefiere ensimismarse en postales preciosistas y un drama en negrita. Joseph Anthony, con apenas cinco o seis trabajos anteriores (este sería el último), entrega un cuadro mínimo y exento de toda retórica, en la que comenzamos conociendo a Jackson Fentry siendo el único miembro de un jurado que condena al hombre que ha matado a un tal Buck Thorpe. Luego sabremos el porqué, pero lo que vemos es a Fentry veinte años antes; un hombre de pocas palabras, de rutinas sencillas, que trabaja cuidando un aserradero mientras está cerrado en invierno. Un día, aparece una mujer embarazada de la nada, y Fentry la ayuda, la cuida, sin hacer preguntas, porque sabe que el bebé depende de que su madre esté en condiciones. Ella le cuenta que tiene un marido en alguna parte y que no quiere ver a su familia. No hay preguntas. Pero un día Fentry le dice que se case con él, con la mayor naturalidad; y entenderá que no quiera, pero quién sabe. Y paro aquí, apenas para poner en valor esta película repleta de sentimientos, casi todos guardados; un western sin disparos, que nos habla de la soledad, la dignidad, en tiempos como estos, donde todo ha de ser anunciado como un acontecimiento, incluso lo más nimio. Al final, entendemos por qué ese campesino, analfabeto y taciturno, lleva razón frente a un jurado que sólo quiere irse a casa, la historia de siempre.
Una joya incomprensiblemente olvidada.
Saludos.

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