viernes, 3 de abril de 2026

Sublimación del plano secuencia


 

El plano nos muestra la cubierta de un barco en la que dos hombres hablan; uno le da un maletín a otro. El plano continúa, sigue al hombre con el maletín hasta la barandilla, donde parece esperar algo; el otro hombre se marcha en dirección a un tren cuya vía está a escasos metros del barco atracado. Mientras, de plano a plano, sabemos quién observa, porque la secuencia no se detiene, no descansa, sólo enfoca y desenfoca para mostrarnos lo que ocurre a decenas de metros o en la garita del guarda. El guarda se aparta de la ventana, toma un aguardiente, fuma, escucha un ruido y vuelve a la ventana; algo sumamente grave ha ocurrido y él cree ser el único testigo. Han pasado casi veinte minutos de THE MAN FROM LONDON, para lo que bien podrían ser tres páginas en la novela de Simenon, estructurando un "participio subjuntivo" que en mi opinión es una genialidad, un hito de composición narrativa que corrige y aumenta el soberbio plano inicial de LA CONDENA. Aquí, la tensión del relato policíaco invita al mundo plomizo y apocalíptico de Tarr y Krasznahorkai a desafiarse mutuamente, resuelto en un puñado de largos planos lejos de cualquier belleza impostada, de una crudeza y rigor a los que es difícil sostener la mirada. Un mar de miradas, perdidas la mayoría, resueltas otras, cansadas diría que todas, incluso la del "detective" que llega para recuperar el maletín, cuyo valor ni siquiera podríamos decir que equivalga a toda la desgracia que termina causando.
Obra maestra absoluta. Terminamos aquí.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!