Uno de los secretos mejor guardados del mundo de la distribución cinematográfica, por suponer una comidilla la mar de graciosa, es esa dimensión paralela constituida por una miríada de títulos, incontables, que componen la parrilla de la tarde en cierta cadena privada. Es público y notorio, aunque dudo que sabido, que esas infraproducciones, grabadas en una semana o menos, repitiendo localizaciones, con equipo de sobresueldo y elenco hecho de descartes, son ofrecidas en mogollónicos packs a las televisiones de turno en prestigiosos festivales de cine, donde machacas del mercadeo son enviados a cazar la sardina más tonta, que vienen a ser unas cien de estas bazofias por un estreno medio decente. Como creo que no es la primera vez que suelto esto por aquí, les confieso que THE HOUSEMAID, que distribuye Lionsgate, podría ser barajada en estas ofertas y nadie lo notaría. Hacía mucho tiempo que no veía algo tan vergonzosamente obvio, con sobreexplicaciones para gente con problemas de percepción cognitiva, un desarrollo de personajes a la altura de una porno ochentera y la decisión, masoquista, de mantenernos nada menos que dos horas y cuarto pendientes de una gente imbécil (no encuentro otra definición), que tiene merecido todo lo que le pasa en esta imbecilidad, de la que apenas salvo muy justo a Amanda Seyfried, que parece actuar en un jardín de infancia. Sydney Sweeney confirma lo que todos ya sabíamos: ni siquiera sabe dónde está el tiro de cámara.
No la vean por nada del mundo. Vergonzosa, una estafa.
Saludos.

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