domingo, 19 de abril de 2026

Rincón del freak #691: Pero qué demonios...


 

Sí, hace escasas fechas tiramos de valentía para enfrentarnos, cual padre Karras, al innombrable, que era la secuela de EL EXORCISTA, aunque en realidad era la tercera, pero no, porque había otra entre una y otra... Una zapatiesta, vaya. El caso es que sí, no es un mito que haya una secuela que poca gente reclamó como propia, titulada EXORCIST II: THE HERETIC. Lo primero es reconocer que la Warner pretendía (como siempre, y es lícito) hacer caja, estirando el chicle de la pobre Regan, pero cometiendo varios errores de bulto... y algún acierto involuntario. Linda Blair aquí lucía 18 años, y expuso su negativa a "reposeerse" nuevamente (aunque un poco más tarde, en fin...); el guion se encargó a Will Goodhart, que usó conceptos de la novela de Peter Blatty, pero los desmarcaba de su naturaleza; Richard Burton pensaba que estaba interpretando a Shakespeare, y se nota en una gravedad que choca con su personaje, un sacerdote repleto de bondad y que se marca el objetivo de proteger a Regan. Por si fuera poco, las posesiones aquí son relevadas por una trama que incluye a un estrambótica ¿psicóloga?, interpretada por Louise Fletcher, que realiza extrañas regresiones hipnóticas en una clínica que parece Barrio Sésamo. Regan vive en un rascacielos repleto de espejos, y se pasa el día en una terraza... ¡sin barandilla! Todo ello mezclado sin pudor ni medida, dando el resultado de un film desarticulado, por momentos indescifrable, no por sesudo, sino por mal montado o concebido ¿Qué rescato de todo esto? Sin duda a Ennio Morricone, que realiza una partitura ¡que no suena a Morricone!, pero que funciona maravillosamente como banda sonora espeluznante, aunque esta película dé muy poco miedo. Y también a Joohn Boorman, un cineasta normalmente vilipendiado por inclasificable e insobornable, pero que tiene alguna que otra obra maestra por ahí, sólidas como una espada en la piedra... Si nos olvidamos de la incoherencia narrativa, Boorman, junto a William A. Fraker (otro grande), nos regala algunas escenas de belleza como de otra época, especialmente en el viaje del padre Lamont a Etiopía, donde se adentra en la imponente iglesia copta de Abuna Yemata. El resto sobraba, y no hay más que ver escindido el bochornoso final de esta película extraña y equívoca.
Saludos.

No hay comentarios:

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!