viernes, 15 de diciembre de 2017

El hombre que no estuvo



En el pasado festival de Cannes'16, y en su sección más interesante (que no es otra que Un certain regard), hubo una película que levantó cierta polémica, al ganar el premio del jurado y dividir al mismo, pues fueron muchas las voces que no entendían cómo, entre tanta mediocridad, una exquisitez como HARMONIUM no tuvo un hueco en una sección oficial que ese año dejó bastante que desear. FUCHI NI TATSU (su título original) es uno de esos ejemplos que el cine asiático nos deja, de vez en cuando, acerca de cómo se construye el género alrededor del guion, y no al revés. Y es que me costaría una barbaridad integrarla en una cómoda etiqueta, más allá de su pulcritud narrativa y su honestidad a la hora de mostrar una historia repleta de detalles engañosos, que van cobrando sentido al tiempo que descubren la poética de un estilo fílmico realmente hipnótico. La historia es simple pero intrincada, y comienza con la puesta en escena de una familia normal (padre, madre e hija) en la que el punto más discordante sería el padre, que apenas se comunica y pasa gran parte del día en el taller familiar que regenta en el garaje de su casa y al que un día llega un hombre que dice ser conocido de él, y que pide un trabajo temporal hasta establecerse por su cuenta, ya que acaba de salir de la cárcel. El hallazgo de Fukada consiste en intervenir las conexiones que se van sucediendo para crear una atmósfera que va enrareciéndose a medida que el extraño se convierte en una especie de virus, que se va apoderando del control de cada miembro de la familia hasta un anticlimático clímax (prácticamente en el ecuador del film). En ese momento, el extraño desaparece, dejando una familia transformada, mutilada y al borde de la destrucción, y es el tramo en el que se dan todas las explicaciones, sin prisas, con demoledora elocuencia. No es un film de terror, ni de suspense, pero nos quedaríamos muy cortos si lo dejáramos en un simple drama; es, quizás, un ejercicio de estilo de inusitada sobriedad y malsana elegancia, amén de tres interpretaciones absolutamente memorables, especialmente la de un impresionante Tadanobu Asano, lejos de sus habituales registros.
De lo mejor de la última temporada.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

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