viernes, 15 de abril de 2016

Liarse el edredón a la cabeza



Reconozco que la película de hoy me ha descolocado, lo que me ha provocado bastantes dudas a la hora de ubicarla e identificarla. Esto no tiene por qué ser necesariamente bueno ni malo, y de hecho resulta estimulante teniendo en cuenta que se trata de una película americana que empieza pareciendo otra cosa y acaba siendo otra cosa aún más distinta... Un lío ¿no? Pues ahí va la sinopsis, y conste que en esta ocasión sí que es absolutamente necesario para ponerse en situación.
Estamos en Japón, la protagonista es una japonesa llamada Kumiko, una muchacha que trabaja de secretaria y pasa por completo de las relaciones sociales, porque lo que más le gusta es encontrar tesoros. Kumiko tiene una obsesión: irse a Minnesota, a una remota localidad llamada Fargo... Efectivamente, lo que Kumiko anhela es encontrar el famoso maletín que Steve Buscemi enterró junto a una valla, en la nieve, y que señaló con un rascador rojo. El problema es que FARGO, como ustedes saben, es una película, es ficción, y aquí viene lo bueno. David Zellner, pionero del mumblecore menos acomodaticio junto a su hermano Nathan, estructura un juego metanarrativo partiendo de una reducción al absurdo, porque el guion identifica al film de los Coen como una ficción, pero ¿no es asimismo lo que vemos una ficción? Lo veamos como lo veamos, sea artificio borgiano o divertimento conscientemente geek, el desafío de KUMIKO, THE TREASURE HUNTER es conectar ambas vertientes y que el resultado no se descontrole hasta los límites del sinsentido. Sutilmente, Zellner provoca al espectador con momentos cada vez más descacharrantes, que culminan con la ínclita Rinko Kikuchi ataviada con un edredón y andando por una carretera helada para encontrar el dichoso maletín. De hecho, la película es tan rara que tiene un desenlace increíblemente emocionante, como si sus creadores desafiaran nuestras convicciones más íntimas, invitándonos a desprendernos de límites y limitaciones.
Yo es que una película que es capaz de bordear lo ridículo y lo sublime me la tomo muy en serio...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

7 al azar


¡Cuidao con mis primos!