martes, 6 de enero de 2015

Generación ni(pón)-ni(pón)



Bueno, parece que poco a poco vamos retomando la normalidad en este ya octavo curso (que esto parece la EGB) tras unas merecidas vacaciones. Y qué mejor que una de clases, docentes y escolares; pupitres y chinorris... Sí, chinorris, que sé que les molan mogollón y eso. Pues vi hace poco una película a la que prácticamente todo el mundo ponía por las nubes y que, oh sorpresa, a mí me había pasado desapercibida. Oh sorpresa, digo, porque tras ver KOKUHAKU (CONFESSIONS), ya no me extraña tanto que me haya pasado desapercibida. Y es que no sé qué le ve el público occidental a una forma de hacer cine que quizá sea el salto estilístico hacia su propia modernidad, pero que yo entiendo fundamentalmente como una exageración de los matices, que en el cómic queda muy bien pero en cine, si no se refrenan según que impulsos, lo que da como resultado es una transfiguración de lo expresivo en esperpéntico. La idea no es mala, y para un relato de terror psicológico es hasta ingeniosa. A lo largo de un extenso soliloquio, una profesora se despide de sus díscolos alumnos al final del curso y les anuncia dos cosas: que no estará allí para el curso siguiente y que va a matar a los responsables de la muerte de su pequeña hija. Así descrito es escalofriante, y ya digo que los japoneses son únicos para darte un "zasentodalaboca" y que no te enteres, pero mi crítica va por otro lado, por el lado de las armas a utilizar para que esta historia, que es magnética por sí sola (de hecho está basada en una exitosa novela) se diferencie de otras tantas que ya hemos visto antes. Nakashima no posee la truculencia extrema de Miike, ni la sorna surreal de Sion Sono, y su pulso, su incitación al caos y la desobediencia acaba quedándose más cerca del esteticismo inflado de Zack Snyder. Y es que no me explico cómo un argumento que se presume tan potente termine provocando algún que otro bostezo, y que ni siquiera nos subleve la idea (inquietantemente jugosa) de una venganza contra esos parásitos modernos que son los "ninis", a los que les faltaba la guinda de imaginarlos como psicópatas asesinos. En fin... Ideal para agarrar un cabreo sin levantarse del sofá.
Saludos.

2 comentarios:

Mister Lombreeze dijo...

El público occidental es un público neocolonialista, es decir, le perdonan a lo exótico lo que no le perdonarían a los "suyos". Paternalismo puro.
Aunque yo te digo que a mí el planteamiento me pareció chorris-chinorris. Es que este cine de venganza ultraelaborada oriental no me pone nada.

dvd dijo...

A mí tampoco...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!