lunes, 4 de marzo de 2013

Alta intensidad



Lo primero que llama la atención de THE MASTER es la distancia que toma respecto a THERE WILL BE BLOOD, anterior obra de Paul Thomas Anderson. No hay rastro aquí de aquella cartografía oculta, capaz de forjar una nación desde lo más bajo, aunque en una cosa sí que se parecen: en tirar por tierra cualquier referencia moral que nos haga identificar, desde sus poderosísimos personajes, el porqué de unos actos tan cuestionables como poco agradecidos. Si Daniel Plainview era una fuerza de la naturaleza que apenas encontraba oposición en unos personajes que se veían arrastrados a su incomparable paso, las posibilidades se abren notablemente tras el choque frontal al que se ven sometidos Lancaster Dodd y Freddie Quell. Dodd es Génesis, fuerza creadora y abierta a toda nueva experiencia, mientras que Quell es Némesis, un ser  destructivo con los demás, pero sobre todo consigo mismo. Lo que eleva a THE MASTER sensiblemente sobre su predecesora es, precisamente, el abanico de posibilidades que este enfrentamiento deja en forma de unos secundarios excepcionales y que siempre parecen estar aguardando su momento justo para irrumpir. Sin embargo, faltaríamos a la verdad si no nos centráramos en el dúo protagonista, que llenaría, por sí solo, todo un manual explicativo para esta compleja y angulosa aventura que no considero existencial ni trascendentalista, sino de una humanidad que se va abriendo paso con la dificultad que requiere su espinosa circunstancia. Hay quien la ha encriptado y acompasado con esa soplapollez de la cienciología, y puede ser, pero nos quedaríamos muy lejos, y no veo a P. T. Anderson interesado en ningún tipo de denuncia gratuita ni tendencia al exhibicionismo. De la misma forma, THE MASTER dejará, aparte de su excepcional banda sonora e indescriptible trabajo de fotografía, dos interpretaciones sublimes. Porque no se parecen a nada que yo haya visto antes (al menos en el cine hollywoodense), porque tanto Seymour Hoffman como Phoenix huyen de cualquier tentación de grandilocuencia o gratuidad, y este guion daba para mucho de eso. Es una gran película, una película incómoda (se quedó sin oscars, cuando optaba a tres de interpretación, por ejemplo) y que lejos de asentar a su director en cúspide alguna, lo que confirma es la excitación que sigue despertando cada nuevo trabajo suyo. Y en ello estamos...
Saludos magistrales.




3 comentarios:

Ana Rozas dijo...

Esta semana la veo!
Saludos.-

MrMierdas dijo...

Discrepo con usted estimado DVD, pues seguiendo los consejos de mia adorado hermano, me tragué este pestiño de gran magnitud... Pero seguramente, no entenderé de cine.

Saludos míos y de Bullard, que le estima e idolatra sin límites al igual que yo y ocupó una gran parte de nuestras charlas limeñas.

dvd dijo...

Qué grande, MM!!... Sabe bien que sus discrepancias son enseñanzas para su humilde discípulo... ¡Cómo les envidio, carajo!...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!