jueves, 8 de noviembre de 2012

Todo arrasado, todo quemado y 3



La frontera final del horror es la representación; no hay nada más allá una vez ha sido visto ¿Pero visto? ¿Qué es exactamente lo que vemos? ¿Muñecos de goma? ¿hologramas en 3D? ¿Fotografías? ¿Ejecuciones? ¿Archivo?... Nadie ha logrado acercarse ni un poco a lo que tuvo que ser la masacre de millones de personas en los campos de concentración; nadie ha podido orbitar alrededor de la sistemática y pormenorizada elaboración de la muerte en masa. Sería demasiado largo, demasiado insoportable. Así que ¿qué queda? Quedaba, entonces, hace ahora unos treinta y cinco años, el relato oral de los testigos, los supervivientes; de uno y otro bando, e incluso (y esto es muy importante) los que estuvieron allí sin mancharse, los que miraron hacia otro lado. Eso es SHOAH: a día de hoy, el documento más importante y revelador sobre el Holocausto. En once años de trabajo, Claude Lanzmann recopiló tanta información que le era imposible poner en pie un relato medianamente inteligible para el espectador moderno, por lo que sólo le quedaba una opción: dejar hablar a la gente; que la expresión oral fuese la verdadera protagonista. SHOAH es, por tanto, una tortura no sólo para los pocos judíos que aparecen a lo largo de sus nueve horas de duración, sino para quien ose ponerse delante de sus reveladores testimonios. E insisto y aclaro: no tanto revelador por darnos información privilegiada, sino por el lujo que es escucharlo todo en primera persona; nada de citas, sólo el entrevistador, una intérprete y el entrevistado. Y en ese sentido, Lanzmann es implacable, monolítico, mordaz e inquisitivo sin perder jamás la compostura; un maestro del interrogatorio, dependiendo de si enfrente suyo se encuentra un peluquero judío que rapaba a los que entraban en las cámaras de gas; un antiguo oficial nazi, delegando sistemática y miserablemente su propia responsabilidad en los hechos; o un grupo de aldeanos polacos, que sonríen cándidamente mientras explican cómo los trenes atestados pasaban frente a ellos, mientras les hacían señas de que iban a ser exterminados. Hay alguna historia singular, como la del niño cantor que se salvó por lo bien que entonaba las canciones nazis y que sigue siendo un "judío" entre los habitantes de Treblinka; pero el mérito de SHOAH es la tenacidad con la que cumple su cometido de testimonio imborrable para unas generaciones futuras a las que bien les valdrá no olvidarse nunca de qué horrores innombrables ocurrieron en el "civilizado" siglo XX. Es imprescindible, es insoportable y es una de las películas más importantes de todos los tiempos; rebatir esto es tan ridículo como diletante. Si hay un documental que hay que ver sí o sí es éste.
Saludos finales.

3 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

Te recomiendo (si es que todavía no lo has visto) que complementes este SHOAH con otro documental inmenso: "La Tristeza y la Piedad" de Marcel Ophuls. Y son solamente 4 horas más de entrevistas (eso pa ti no es ná). Imprescindible documental sobre el colaboracionismo francés del mismo estilo que este magistral SHOAH.
Es una pena que no todos los colectivos masacrados en la WWII hayan tenido una oportunidad de testimoniar como la que Lazmann brindó a los judíos víctimas del Holocausto. Me estoy acordando de los 3,5 M de soldados soviéticos a los que los alemanes dejaron morir de hambre, por poner un ejemplo.
Sobre las barbaridades que cometieron los japoneses también existe un vacío testimonial GIGANTESCO que ningún cineasta japonés ha querido abordar. Es que Ozu estaba muy ocupado arrodillado sobre su tatami...

Mr. Lombreeze dijo...

Qué infantil soy, mira que me gusta meterme con Ozu...

dvd dijo...

Bueno, la de Ichikawa no está mal... De todas formas, yo creo que Japón ha exteriorizado su sentimiento de culpa en forma de traumas, lo que en el ámbito artístico ha dado cosas tan raras y extremas. Ahora, que panfletos los hay en todas partes y todas las épocas; Ozu no sabía filmar la guerra, y no lo hizo, pero filmó a gente reconstruyendo su propia vida, que es otro tipo de secuela de la guerra. El documental que comentas no he podido verlo aún, pero me pondré cuando me recupere de esto. Otro que merece la pena es el de nuestro querido Resnais, pero creo que estas tres eran suficientes para ilustrar un pesimismo tan grande...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!