miércoles, 7 de noviembre de 2012

Todo arrasado, todo quemado 2



Usted puede hacer una película sobre la guerra, cualquiera puede. Una película "sobre" la guerra. Puede hablar de lo chunga que es la guerra, de los damnificados, de los damnificadores; puede hacerlo sobre sus indelebles heridas o de la inusitada camaradería en tiempos difíciles. Puede, también, desplegar un montón de dispositivos con los que ensayar una recreación aproximada de lo que una guerra es; para ello es preciso no preocuparse mucho de la moralidad. Finalmente, uno puede filmar el horror mirándolo cara a cara, pero esto es muy difícil y muy desagradecido, sobre todo porque un director de cine es una persona y no puede evitar ponerse del lado de un bando, si es que se decide filmar y entender la guerra como una suma de partes contrarias. Elem Klimov, que apenas había filmado cuatro películas desde los años sesenta en la Rusia comunista, aternando comedias costumbristas con panfletos autoindulgentes, se sacó no se sabe muy bien de qué recóndito lugar de su mente una de las películas más crudas y desapacibles jamás hechas sobre ("¡sobre!") la Segunda Guerra Mundial, que se tituló, elocuentemente, IDI I SMOTRI (MASACRE: VEN Y MIRA); que ya el título te deja hecho trizas. No hay mucho que explicar sobre estos tremebundos 140 minutos de desesperanza y terror, sólo creo conveniente señalar ese zumbido de mosca que va creciendo casi imperceptiblemente desde sus primeros minutos, en los que el joven Florya pasa de ser un decidido muchacho de 15 años al absorto anciano prematuro que ha sobrevivido a unas cuantas horas en el infierno. El infierno. No es poca cosa poner el infierno en imágenes, porque nadie lo ha visto; pero se puede sobrevivir al infierno de la guerra y reflejarlo en un rostro. Florya es ese rostro, vencido, abnegado, demasiado horrorizado para asombrarse. Ése es el zumbido que comienza con una sordera provocada por una bomba y termina como un golpe de sangre al estribo... Me faltan las palabras para no caer en la demagogia, así que me parece de justicia, aparte de reivindicar firmemente esta obra maestra, señalar el extraño caso de su director, que se convirtió en Secretario de la Unión de directores con la llegada de la Perestroika, pero que ya no filmaría nada más hasta su muerte, con 70 años, en 2003. Si me preguntan, yo la recomiendo encarecidamente, pero también advierto de que no es una experiencia divertida... ni mucho menos.
Saludos masacrados.

2 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

Pues qué voy a añadir. Que yo, con 14 añitos, fui al cine a ver Masacre: Ven y Mira... Y después de eso pues veía películas como Apocalipsis Now y su "el horror, el horror" y me daban risa, aunque fueran magistrales en muchos sentidos. Y es que hay vacunas que inmunizan contra casi todo.

No sé si se puede contar los desastres de la WWII en el cine de una manera más acertada que la de Klimov.

Llevo 20 años leyendo libros sobre las barbaridades que se cometieron en la WWII, especialmente contra la población civil. No terminaré de creérmelo nunca.
Obra maestra.

dvd dijo...

Yo no sé (te lo digo en serio) si esta película es "una fiel recreación" y bla bla bla... No sé, de verdad; pero hay algo que puedo afirmar con rotundidad, y es que uno sale con la vergüenza metida en el cuerpo de pertenecer a la raza humana. Es decir: en su cometido, el film de Klimov cumple con creces...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!