martes, 27 de noviembre de 2012

Un bosque de imágenes



La semana pasada murió José Luis Borau, que además de dirigir la Academia de cine también dirigió un puñado de películas, entre las que sobresale, nadie lo puede discutir, FURTIVOS. Y casi cuarenta años después de su estreno y su Concha de Oro, a la sombra de los últimos alientos de Franco, FURTIVOS no ha perdido ni una sola de las cualidades que la convierte, casi, en una rara avis del cine español, ya que sus formas no sólo se resisten al envejecimiento, sino que en ellas se pueden rastrear algunos síntomas del último cine europeo más interesante. Lejos de acomodarse en ninguna endogamia del parloteo (tan cara ésta al cine patrio), estamos ante un fresco a hachazos, moldeado a golpes, imperfecto; rugoso en su sutil aunque brutal caparazón y con un relleno infecto, de pus, de boñigas de animal. El relleno de un país en proceso de descomposición con una población hasta los huevos de opresión. FURTIVOS es eso, una especie de alegoría de aquella España, la de Tony Leblanc (Leblanc, en francés, es "el blanco"), los Ozores, Lazaga, el Landismo... Aquella España está por entero en la siniestra fonda que regenta Lola Gaos en el papel que la dejaría inmortalizada en la retina cinéfila; una suerte de Pasionaria cruzada de loba con dos navajas de afeitar  por mirada y que ve desmoronarse su "apacible" dominio cuando al insensato de su hijo (un Ovidi Montllor, mayor, casi fantasmal) se le ocurre enamorarse. La incauta es otro animal, una Alicia Sánchez agreste, cuya salvaje melena es cortada de cuajo por las monjas... Y en el otro estrato, los cazadores de pago; los torpones y barrigudos y tragones que van por el "medalla de oro" entre calderetas, berzas con sangre y chupitazos de vino. El Gobernador Civil (el propio Borau, sin actuar, pero bordando el facha de toda la vida) y su solícito séquito; primero pimpampuneando contra los ciervos, después, con la Guardia Civil, haciendo de cazadores de hombres. Nada, ni siquiera la terrible decisión de un desastroso (e innecesario) doblaje de actores, que sólo no tocó a la Gaos (faltaría más), puede empañar una de las películas más fascinantes de la historia del cine español. Cine de formas propias, inalteradas, rotundas; que además, por si fuera poco, tenía música de Vainica Doble y un monstruoso cartel diseñado por Iván Zulueta. Una joya que nadie debería permitirse no ver. Gran cine, en definitiva, de un director que se prodigó poco pero midió con celo sus pasos...
Saludos vedados.


2 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

Magistral.

Tuve la fortuna de invitar a una cerveza al maestro Borau (ventajas de ser camarero) y me preguntó
- Y esto?
y yo le respondí
- Y "Furtivos"?, no se merece una caña gratis?.
Nos descojonamos a gusto.
DEP.

dvd dijo...

Toma ya... Una anécdota como ésa no la tiene todo el mundo. Es que cómo sois los maños cuando os juntáis...
A veces intento imaginar cómo hubiese sido esta película sin doblar...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!