jueves, 11 de marzo de 2021

Sombras de leyenda


 

Las leyendas sólo pueden filmarse de una manera, aguardando la épica mientras los acontecimientos contribuyen al entendimiento. Hay un buen puñado de momentos magistrales en MY DARLING CLEMENTINE, y luego está el todo, el trasfondo vital que engulle cada frase y cada acto. Y también está lo que no se ve, la atmósfera opresiva de Tombstone, que encarna a la perfección ese espacio mítico (mitificado), de un Oeste más depauperado que salvaje. Primero está la huida hacia delante de Wyatt Earp junto a sus hermanos, cuyas razones, sin que las sepamos nunca, quedan más que claras en el primer y demoledor encuentro con Clanton, que no aceptará una negativa a la venta del ganado. Luego, la tragedia; el hermano pequeño de Earp muere, y éste queda ya atrapado en Tombstone, de nuevo como sheriff, en un intento de buscar venganza a través de la justicia. Sin embargo, todo se tambalea con la llegada de Doc Holliday, un hombre atormentado y complejo; enfermo, ácrata, bebedor, adorado y odiado, amado y temido. Como dos caras de la misma moneda, Earp y Hollyday confirman aquel espacio mítico en sus opuestas aunque complementarias actitudes. No coinciden en nada, pero están obligados a entenderse. Y de repente, el interludio, con un actorcillo ambulante, borracho, declamando a Shakespeare delante de los malvados, que sólo entienden la fuerza bruta, mientras la elocuencia de Hamlet acentúa ese clima irrespirable, insoslayable. Y es curioso cómo la memoria sentimental nos lleva indefectiblemente al duelo en el OK Corral, que ya es el culmen de la epopeya, fordiana y del western, aunque en realidad sea lo que menos importa, habida cuenta del despliegue anterior, un preámbulo, extenso y fantasmal, de todo lo que no vuelve, para quedarse siempre ahí...
Obra maestra absoluta.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!