lunes, 20 de julio de 2020

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THE NIGHTINGALE es la segunda película de Jennifer Kent, tras su aclamado debut, THE BABADOOK. No es una película fácil de digerir, las segundas películas suelen ser desconcertantes, y salir indemnes de ellas es un magnífico indicio para confiar en la solidez de una carrera incipiente. Desmarcándose del tono onírico y alucinado de aquélla, THE NIGHTINGALE es una historia más física, de marcada brutalidad, y con un sorprendente uso de los tiempos narrativos, que son muchos a lo largo de sus más de dos horas. El arranque no hace prisioneros, con una especie de reserva en Tasmania, comandada por un grupo de soldados, al cargo de otros tantos convictos europeos, confinados en el nuevo continente. Allí, Clare, que es irlandesa, malvive junto a su marido y su hija recién nacida, a la espera de poder conmutar una pena que se les sigue alargando; sin embargo, el teniente que rige el puesto tiene una fijación malsana con Clare, chantajeándola para poder poseerla.
Prefiero no seguir contando más, pese a que la escena clave sucede en los primeros veinte minutos, o quizá por eso, pero sí indicaré que es una escena particularmente dura e inesperada, pero que marca decisivamente el resto del film. Kent se revela como una magnífica contadora de emociones, pero se descose en cuanto debe narrar convencionalmente, y en esa descompensación la película sufre y se convierte en un fuelle, desinflándose por momentos para volver a coger aire y enjundia. Es una crónica de aquel tiempo, a principios del XIX, y una historia de venganza y justicia, en absoluto complaciente; no esperen ningún tipo de endulzamiento, y sí mucha sangre, barro y cosas aún peores.
Podría haber sido mejor, al menos un poco más corta, pero Kent sale indemne del segundo largo, y no es poco.
Saludos.

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