miércoles, 15 de febrero de 2017

No dejes que la realidad te estropee una buena historia



Recuerdo que después de ver LA ISLA MÍNIMA, además de la satisfacción por ver que mi paisano Alberto Rodríguez era capaz de inaugurar lo que hoy día se celebra como "Nuevo thriller ibérico", me asaltó una duda, no muy preocupante, pero sí rotunda. No sé por qué pero me daba la impresión de que Rodríguez podría sucumbir a la tentación de rotoscopiarse a sí mismo, esto es: alejarse de sus habituales (y fascinantes) saltos al vacío e ingresar en la nómina de directores preocupados por la historiografía patria. Y es que no es lo mismo reseñar que crear, y aunque es encomiable el poderoso pulso que trazan las dos horas de guion caníbal de Rafael Cobos y el propio Rodríguez, el sabor que queda en el paladar tras ver EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS es el de un trabajo excesivamente encorsetado, sin muchas ganas de asomarse al abismo de los archivos clasificados. Y mi pregunta es clara: ¿Por qué tendríamos que puntuar alto a una recreación de lo que se nos ha permitido saber acerca de ese tipo llamado Francisco Paesa? Nadie, absolutamente nadie sale perjudicado de este recorrido por salones, bancos, habitaciones de hotel, que sirven apenas para aturdir nuestra percepción y no ver con claridad lo que en realidad es: el saqueo indiscriminado a las arcas públicas por parte de unos señores que, no se sabe cómo (y esto es lo malo), han decidido que la sociedad vale una mierda y sólo cuentan los beneficios. En medio está la ETA, Belloch, un piloto de aviones y Luis Roldán glorificado como chivo expiatorio. Habrá que seguir esperando para que un artista lúcido y con inteligencia ponga en su sitio a los que mantuvieron las reglas básicas del franquismo intactas, crearon la ilusión de la democracia "imperfecta" y de paso le arreglaron la vida a varias generaciones venideras de su familia. Para eso no hace falta dar nombres, aunque en ese caso habría que dar un paso al frente y admitir algo que todo el mundo sabe, que en este país hay una censura feroz.
¿Que por qué a pesar de todo me ha gustado? Pues porque a mí lo que me gusta es el cine bien hecho, y Alberto Rodríguez hace muy buen cine. La realidad se queda para los exégetas de nómina...
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!