jueves, 21 de noviembre de 2013

Más fuerte que el odio



Jeff Nichols es uno de los (nuevos) directores norteamericanos a los que más atención deberíamos prestar a tenor de lo que ha ofrecido en apenas tres trabajos en cinco años. Hablamos de un narrador clásico que proyecta formas novedosas, o quizá sea al revés; el caso es que si TAKE SHELTER supuso una necesaria conmoción en el panorama cinematográfico norteamericano, incapaz de decidir su lealtad a la comercialidad más zafia o ganarse un puesto en el infierno de los futuribles, Nichols ya está alumbrando el camino que quedó interrumpido cuando los cineastas surgidos en los años sesenta soñaron con la modernidad y olvidaron que en Europa, por ejemplo, ésta se basaba en el tratamiento clásico de un guion. Así, Nichols debutó en 2007 con una tragedia griega en toda regla que situó en la profunda Arkansas y cuya espiral de violencia actuaba  a varios niveles para dejar constancia de un estado generalizado de frustración y odio al "otro", una paranoia típicamente americana que se alimenta de un uso indiscriminado de las armas y de unas rencillas a veces simplemente absurdas. Lo que Nichols propone en SHOTGUN STORIES es una insoportable mirada al interior de un país y una cultura, pero no como suele hacerse habitualmente, con fanfarrias y heroicidades varias, aquí sólo encontraremos a un tipo normal que vive con sus dos hermanos. Se llaman Son, Boy y Kid, porque su padre, que era un borracho, no les puso nombre, y su madre los abandonó por la sencilla razón de que nunca los quiso. En el lado opuesto están los "otros" hijos, sus hermanastros, nacidos del segundo matrimonio de su padre cuando éste decidió dejar la bebida y consagrarse a la religión y la vida familiar. En una durísima escena, los hijos no deseados acudirán al entierro de su padre, organizado por su otra familia y al que no han sido invitados, lo que iniciará una guerra entre estas dos familias, que aparentemente deberían tener cosas en común, pero que están a años luz de un posible entendimiento.
Como si de un western urbano se tratase, e invocando personalidades como la de Peckinpah o Ford, Nichols modula su debut como un experto y consigue momentos de extrema tensión y crudeza, a lo que contribuye decisivamente la presencia de quien después iba a ser su actor fetiche y uno de los más respetados actualmente, un superlativo Michael Shannon. Una excelente película, y tan incómoda como necesaria.
Saludos.

2 comentarios:

Cinemagnific dijo...

Take Shelter me encantó y esta todavía tengo que catarla. A por ella voy :)

dvd dijo...

Para resumírtela, es un debut que parece hecho por un veterano...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!