miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cuando no te fías ni de tu padre



Definir el cine de Ben Wheatley puede suponer caer en un montón de tópicos y malentendidos que en nada harían justicia a uno de los directores más interesantes de los últimos tiempos. Y como está lanzado (cuatro películas en cuatro años) y su propuesta se hace cada vez más compleja e incisiva, creo que se hace necesario enfocar con más atención a esta especie de taumaturgo, cruce imposible entre un druida inspirado por Syd Barrett y un revisionista de cualquier mito cinematográfico capaz de sacar el lado más oscuro de la condición humana. Este mismo verano adelantábamos el estreno de A FIELD IN ENGLAND, su delirante última obra, así que seguiremos en los próximos tres días con sus tres primeros trabajos y lo dejaremos ahí, en espera de que vuelva a sorprendernos.
En DOWN TERRACE, de 2009, Wheatley indica muchas de sus constantes y claves posteriores: relaciones familiares descoyuntadas, un nulo aprecio por la vida ajena (anónima o no...), un extraño y negrísimo sentido del humor con el que la sonrisa suele congelarse y el que quizá sea su único lazo afectivo para con sus criaturas, que no es otro que sus estados mentales alterados por toda clase de sustancias. Escrita junto a su protagonista Robin Hill (sin su luego habitual Amy Jump), DOWN TERRACE no es lo que se supondría que debería ser una cinta de gangsters al uso; primero porque sus personajes parecen diseñados por Ken Loach o Mike Leigh, y no por Scorsese o Tarantino, pero también porque hay que raspar muy profundo para intentar comprender el porqué de su sangrienta espiral de violencia, donde nadie queda a salvo y donde absolutamente nada es sagrado o intocable. Es la historia de Bill y Karl, padre e hijo, que desde su modesta casa manejan toda una red de tráfico de drogas, armas, extorsiones y cuya obsesión gira en torno a descubrir quién es el chivato que les ha enviado a la cárcel... Pero también es la historia de Maggie, madre y ama de casa... y despiadada como ella sola; y Valda, que es la novia de Karl y que está embarazada... o eso dice; y Pringle, un asesino a sueldo al que no le queda más remedio que acudir a sus "encargos" con su hijo pequeño; y Garvey, que disfruta yendo a casa de Bill y Karl para emborracharse. Una psicotrópica y descuajaringada trama regada por unos misteriosos alka-seltzers y con un final que es de lo más sangriento y nihilista que he visto en años. Si no hubiese hecho nada más sería una película de culto, pero la trayectoria posterior de Ben Wheatley desmiente el tópico y sólo nos deja una cosa segura: estamos ante un tipo que no nos va a dejar indiferentes.
Un debut bestial.
Saludos.

2 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

A Fiel in England es muchísimo mejor que la chorrada de los turistas asesinos. Sin embargo, este tío no me engancha. No sé si te voy a hacer caso.
Pero permanezco stand by.

dvd dijo...

A mí me pone muchísimo, es un irreverente necesario...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!