domingo, 31 de octubre de 2010

Rincón del freak #2: Spaguetti slapstick



Que conste que esta sección nace con vocación de servicio público, no el que se componía de unas escaleras que bajaban y donde olía mal y había unos señores mu raros, no... el otro servicio público. Porque sí, además rebaja un poco la presión y la tensión; lo que ya no queda claro es por qué otra vez este tipo aquí, aunque creo que queda perfectamente justificado en cuanto termine de malgastar los próximos quince minutos de mi vida en teclear esto. Castellari dirigió (es un decir, claro) esta cosa llamada TEDEUM allá por 1972, justo cuando los cines de verano estaban en pleno auge y uno podía ir al cine sin ir al cine; esto es: para beber cerveza, comer pescaíto frito y ligar lo que se pudiera, y todo mientras en las ondulantes pantallas se sucedían los chistes malos, las maggioratas de medio pelo y los guantazos sonoros que el señor Spencer puso tan de moda. Decir que esto es cine es una temeridad por mi parte, además de que ni siquiera tiene algún chiste bueno con el que te puedas reír un rato. Se trata de una demencial gilipollez que cruza el western italiano con la comedia chusca y los mamporros sin venir a qué. Me ahorro contarles el argumento... digo el pretexto; sólo indicaré que ahí estaba Jack Palance en franca decadencia haciendo de falso fraile, los inefables Giancarlo Prete y Francesca Romana Coluzzi (que vendría a ser la Mary Santpere de los Apeninos) y hasta un clásico de la televisión sesentera patria, como era Eduardo Fajardo, rebajándose a salir en calzoncillos de lunares cada dos por tres. Lo dicho, tengan en cuenta que esta sección les avisa de ser estafados antes de que esto suceda, además de indicarles el regalo que pueden emplear en las próximas navidades con esa persona "tan querida" por ustedes. Abur.
Saludos inenarrables.

Te Deum

sábado, 30 de octubre de 2010

Enfermedades venéreas del corazón



PRECIOUS es, ante todo, una mala película, perjudicial película, innecesaria película, ridícula película. PRECIOUS es, para resumirla sin muchos problemas, el desenmascaramiento según el que las clases acomodadas norteamericanas ven, desde su intocable púlpito, a los desheredados y vapuleados seres que sólo tienen derecho a habitar su mismo país por una cuestión de higiene moral aplicada. De verdad que me voy a divertir mucho la semana que viene con lo de Sitges, porque no se pueden dar tantos palos injustamente a películas de cierta calidad (más o menos, pero cierta calidad) mientras una aberración, como es la que nos ocupa hoy, es aplaudida, celebrada y presentada en una alfombra roja como si hubiesen lanzado un trozo de carne sanguinolento y lo hubiesen vestido de Armani para recibir los flashes. Sí, PRECIOUS es una mala película, mal concebida, mal estructurada, mal interpretada, dirigida y ejecutada; pero no me rasgo las vestiduras por eso, no me importa, he visto demasiado mal cine como para tirarme de los pelos; el problema fundamental es el alcance real (de reality show) con el que, alegremente, se representan las desgracias de una adolescente de raza negra que vive con su insoportable madre, que sólo la quiere para cobrar un subsidio y de la que sabemos que su desaparecido padre (o padrastro, no queda claro) la ha violado repetidamente, dejándola embarazada dos veces. El infierno sobre la tierra tiene los indolentes rostros de Mo'nique, Lenny Kravitz y Mariah Carey...¿?, en algunos de los papeles más ridículamente hilarantes de todos los tiempos. No se cuestiona nada, nadie asume su culpa, sólo se exponen unos acontecimientos de la misma forma en que podríamos llorar al abrir un pez en canal, con la frialdad medida que da el tener las espaldas bien cubiertas. Y es una lástima, porque de haber estado en otras manos, PRECIOUS podría haber ofrecido un panorama totalmente diferente y de una enjundia mucho más contundente y, sobre todo, creíble. Una vez más, el "amigo americano" cae en su propia trampa, justo cuando se atreve a omitir los candelabros coloniales de las reuniones sociales para ironizar acerca del verdadero origen de dichos candelabros.
Saludos refulgentes.

Precious time


Pat Benatar - Precious Time
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viernes, 29 de octubre de 2010

Mi novia es una puta (and i like it!)



Si hay un director actual (de los que están en boca de cualquiera, me refiero) que no me emociona lo más mínimo y, lo que es peor, que sé que es incapaz de emocionarme, ese es Steven Soderbergh. Quizá por eso he tardado tanto en traerlo al blog, no lo sé; lo que sí sé es que, ya con unos cuantos años de perspectiva, la filmografía del director de Georgia es un paquete tan abultado como liviano, tan pretencioso como fácil de olvidar. Y la película-culmen de esta terrible certeza podría ser THE GIRLFRIEND EXPERIENCE, una de esas rarezas "de cámara" que sólo un director consagrado y poseedor de esa relativa libertad de movimientos, que empieza por su autoafirmación y termina por negar cualquier evidencia, podría llevar a cabo en estos tiempos tan malos para la lírica. TGE tiene como protagonista a Sasha Grey, una pornostar (me niego a llamarla actriz, como a Juliette Binoche, Julianne Moore o Meryl Streep) actual que simplemente está ahí, lo que viene a dar cuenta de lo sencillo que le resulta a ciertas personas ganar dinero sin gran esfuerzo; si quedarte inexpresivo delante de la cámara es difícil, vale, pero luego no te pueden hacer la putada de que tengas que llorar y eso sólo provoque risa por lo forzado. En fin. La cosa es que la chavala es una puta de lujo, de las que cobran un montón aunque el final del asunto siempre sea el mismo; y los eternos 75 minutos de TGE transitan entre restaurantes de lo más chic, donde Chelsea (así se llama ella) conversa (o más bien escucha con cara de frigurón [el polo de Frigo, sí]) con gente que jamás llegamos a conocer sobre diversos y apasionantes temas como el último vestido que se han comprado, para acto seguido puntear acerca de la crisis económica, exactamente lo mismo que hacen ahora en la tele: concienciar desde el lujo... Luego está el novio de la puta (perdón por el lenguaje, pero se supone que a SS no ha de importarle), que es un tipo cachas que trabaja en un gimnasio y cuya frase más emblemática es "Lo siento, tengo que cambiar de trabajo". Los dos viven en un apartamento de lujo en una zona exclusiva, cenan comida china y toman vino en copas de balón; no hay un solo plano donde vean la tele o hagan algo medianamente normal, excepto hablar de chorradas con cara de estreñidos. En un momento dado deciden cortar la relación, qué pena; luego ella va a un almacén y lo pasa mal, pero tampoco sabríamos discernir por qué. Para rematar el autismo de todo esto, Soderbergh implanta de vez en cuando unas imágenes rodadas cámara en mano de un grupo de jóvenes brokers que van en un avión hacia Las Vegas, pero no sabemos si terminará en resacón o no; me niego a reproducir aquí algunas de las lindezas que salen de boca de estos "filósofos de nuevo cuño". Total, que la cosa termina y no te has enterado de nada, ni de la acción (caso de que la hubiese habido) ni de la intención, que en mi caso fue un bostezo tras otro. Francamente, no sé si es perentorio hablar aquí de experimentación, sobre todo cuando Soderbergh es incapaz de ocultar los agents provocateurs que sustentan, sin demasiada firmeza, esta anomalía de un mainstream que suspira por la piedra filosofal del cine de autor, un secreto que a este señor se le sigue resistiendo.
Saludos con experiencia y sin novia.

Today is the day

jueves, 28 de octubre de 2010

Educación moral apresurada



Es cuanto menos gracioso el afán actual por salvar un cine medio de corte mediocre a base de eso tan aburrido que es "a ver quién la dice más gorda"; hemos tenido ejemplos recientísimos en el festival de Sitges, del que hablaremos convenientemente la semana que viene. Esa pulsión nerviosa por el "continente" canibalizando al "contenido" es lo que ha dado al traste con tantos directores que creían dominar el arte narrativo y, sin embargo, la realidad les dio con la puerta en las narices. Me refiero a todo esto por una especie de hastío inconmovible de difícil resolución, pero también porque automáticamente me vienen a la mente un montón de títulos que las nuevas generaciones apenas conocen (en realidad, que no conocen en absoluto) y cuyo discurso sí que era bestia pero de verdad; y el ejemplo de hoy me parece de lo más clarificador. Y es que todos tenemos en nuestro subconsciente cinéfilo a John Wayne como icono casi intocable, porque nunca nos ha importado lo más mínimo (a mí, desde luego que no) su filiación política a la hora de disfrutar de sus interpretaciones con los grandes maestros de la época. El problema surgió en 1968, con un país inmerso en aquella barrabasada irreparable que siempre será la guerra de Vietnam, y, pese a las muchas voces que entonces se levantaron en su contra, resulta que una importante facción del país apoyaba dicha guerra. Y al señor Wayne no se le ocurre otra cosa que filmar un film propagandístico pro-bélico, con los Boinas Verdes como protagonistas; ensalzando sus virtudes como grupo/hermandad y fiando su escaso argumento a la improbable invitación que el Coronel interpretado por Wayne ofrece a un combativo periodista (David Janssen) que pretende mostrar a la sociedad americana la inconveniencia de dicha guerra. Si no has dejado de ver THE GREEN BERETS a los quince o veinte minutos es únicamente por dos razones: te va la marcha, porque tu conciencia es la misma que la de una mantis hembra después de echar un polvo; o, como me pasó a mí, quieres dejar a un lado el nauseabundo mensaje político, la propaganda, y echar un vistazo a ver si hay cine por ahí. Y, sorprendentemente, sí que hay cine. THE GREEN BERETS, sobre todo en su trepidante tramo final, es un excelente film bélico de los de entonces, con una vigorosa puesta en escena y una crudeza que no tiene absolutamente nada que envidiar a los títulos que todos tenemos en mente (llámense LA CHAQUETA METÁLICA o APOCALYPSE NOW). Una vez más, el cine plantea una disyuntiva casi insalvable, puesto que, aunque lo pretenda (aquí lo pretende), un film no es un discurso político, y hasta lo más reprobable puede tener trazas artísticas; y si no me creen, busquen una crónica detallada de Sitges'10.
Saludos verderones.

Build your weapon

miércoles, 27 de octubre de 2010

La sombra del guerrero



Uno ve, treinta años después, la obra maestra absoluta que es KAGEMUSHA y se pregunta varias cosas que a mí me parecen fundamentales para poder rozar si quiera la rotunda y compleja obra de Kurosawa ¿Cómo puede mantener intacta su frescura, con un ritmo que no decae en casi tres horas de metraje? ¿Por qué es tan difícil encontrar hoy día una obra que despliegue sus argumentos con tanta claridad? Y ya que hablamos de artificios, o la ausencia de los mismos ¿No les parece Kurosawa uno de los directores que mejor ha sabido plasmar el subconsciente humano en imágenes, sin que tengamos jamás la noción de que "se le ha ido la olla"? KAGEMUSHA es, por contener todo esto, uno de sus mejores títulos; una epopeya de un curioso corte intimista, que elude el salto al vacío y sortea hábilmente el vértigo consecuente del mismo. Masato Ide, verdadero artífice del guión junto al propio Kurosawa, nos plantea un fascinante juego de espejos en el que el destino de un imperio recae sobre un insignificante ladronzuelo, elegido milagrosamente como el doble perfecto de un señor de la guerra caído en combate cuya muerte ha de ser ocultada al enemigo a toda costa. La transformación sufrida por este auténtico títere (memorable interpretación del gran Tatsuya Nakadai), el constante zarandeo al que se ve sometido, entre sus torpes apariciones públicas hasta el desprecio que sufre en privado, le ha de llevar hasta un fascinante tramo final donde sueño y realidad confluyen como si de una improbable fusión entre la psique del noble y la del plebeyo se tratara. Y es que KAGEMUSHA, vista con atención, es, entre otras muchas cosas, un lúcido ensayo sobre las diferencias (insalvables) en el Japón feudal, lo que aporta una visión novedosa y saludable, la del artista capaz de bruñir su obra valiéndose de una amalgama de contrastes difíciles de encontrar en otros títulos que, en su cortedad de miras, han de quedarse en el camino del simple relato bélico. Los destellos aquí provienen de otra parte, no de los escudos y armaduras, quizá de la comprensión y, por tanto, de la igualdad. Una obra imprescindible, en cualquier caso, tanto por su impresionante factura visual como por su elaboradísimo trabajo de guión.
Saludos suplantados.

Me equivoqué

martes, 26 de octubre de 2010

Los problemas de un melodrama hondo y metafísico



El título tenía que ser éste, lo siento, pero al no ser lector habitual de esas novelas gigantescas donde todas las pasiones del mundo (y hasta alguna más) se dan la mano, una película como WATER me deja más bien frío, pese a que hasta yo sea capaz de descubrirle alguna virtud que otra.
WATER es la tercera parte de una trilogía que no he visto, completada por FIRE y EARTH, y que narra las tremebundas vicisitudes de una niña que es internada en un siniestro refugio para viudas (recordemos que se trata de ese entrañable país llamado India) después de que, en una nauseabunda operación monetaria, fuese casada a la fuerza con un tipo al que le quedaban dos telediarios. Allí, abandonada a la inevitabilidad de su destino, la niña conocerá de primera mano reglas estrictas, insospechadas camaraderías y algunas historias desgarradoras, como la de la anciana que lleva toda la vida recluida y ha sido reducida a un trozo de carne servil. Hasta aquí,  acompañada por la soberbia fotografía de Giles Nuttgens, y pese a que nos toca lidiar con el cansino new age de Mychael Danna, Mehta ofrece un relato con pulso y pocas autocomplacencias; lo malo llega cuando toca introducir el elemento romántico, que no sé qué pinta aquí, y que es una azucarada historia de amor entre una joven viuda y un joven seguidor del incipiente Gandhi, que equivaldría aquí a un progre con chaqueta de pana y Marx bajo el brazo. Ahí todo se despeña, empezando por la estética, abandonada por la ética (no todo tratamiento de imagen sirve para todo tratamiento de un guión) y folletinizada hasta la exasperación de la alegoría ramplona, como, por ejemplo mostrar al despechado amante mirando un árbol rodeado de velas con rostro lánguido junto a un río, sin que sepamos para qué. Como tampoco sabemos, tras una larga hora, dónde diablos se ha ido la niña que tanto sufría, convertida ahora en una pelona rapaza capaz de mil diabluras. En fin, como sé de buena tinta que hay cientos de miles de seguidores/as de este tipo de historias, pues como que no me ensaño más con ella; supongo que a estas alturas a buen entendedor...
Saludos mojados.

Reflets dans l'eau

lunes, 25 de octubre de 2010

Palimpsesto de inútil e inequívoca apariencia



No he visto CHICAGO. No sé si sirve de algo, pero ahí está. Y MOULIN ROUGE sólo la he aguantado media hora. El musical, tal y como lo conocíamos, está muerto; desenterrarlo por cabezonería o simple especulación es abyecto. Si tan sólo hubiese un motivo de irrefutable originalidad por el que nos pudiésemos permitir un ripio descarado que no mejora en nada al original, podríamos estar de acuerdo sin grandes molestias, al menos en un aceptable 20 %. Lo terrible de un artefacto tan absurdo como NINE es que sólo tiene un sentido de existir: su propia vanidad formal ¿Qué sentido cobra, si no, enclavar a la grandísima Sophia Loren en mitad de un reparto repleto de nombres de actualidad sólo para aparecer seis o siete minutos y con un par de líneas de diálogo? Y eso por no hablar de Judi Dench, que debe malgastarse a sí misma como la típica sabelotodo comprensiva e indulgente. Penélope Cruz es el elemento exótico, inevitable para estas cosas y que ha de fiar su bochornosa actuación a tijeretear en el aire con sus dos muslos... Kate Hudson aparece por allí, creo que hace de americana desaliñada y picantona. Nicole Kidman hace lo mismo que la Loren pero con treinta años menos. Fergie es la cantante de los Black Eyed Peas y hace lo mismo que Penélope Cruz, pero con cara de estar aún más salida. Y al fin, sólo al final, después de un abrumador despliegue de "sí, éstas son las mujeres de mi vida... ¿a que está chulo el repasito?", resulta que por ahí había una actriz, que es Marion Cotillard, que es capaz, al igual que hizo en la insoportable INCEPTION, de llevar casi todo el peso interpretativo, si es que este mínimo concepto significa algo para el señor Marshall, uno de los peores directores de actores que he visto jamás. Y digo "casi", porque el 75% recae sobre el pobre Daniel Day-Lewis, que a veces tira de oficio para disimular que no está en mitad de un anuncio de colonias. Una pena, de verdad, porque se trata de un actor impresionante, pero como todos los actores necesita que de vez en cuando que el director le diga qué hacer. Es decir, que el argumento que la mayoría de detractores de NINE suele esgrimir, esto es: que se limita a copiar mal el 8 1/2 de Fellini, a mí me da lo mismo, porque todo lo malo de esta supuesta película ya está implícito en ella misma, tampoco hay que buscar fuera. No la recomiendo ni para reconquistar a tu ex, fíjate lo que te digo, camarón...
Nueve saludos, hala; uno detrás de otro.

Son las nueve

domingo, 24 de octubre de 2010

Rincón del freak #1: Spaguetti bélico



A ver, que este weekend está siendo de lo más majareta, y como es sabida mi aversión a los domingos, pues inauguramos aquí la sección dominical por excelencia, que será al tiempo solaz y martirio del que siempre está empeñado en vendernos la burra, o sea: un freak convencido que es incapaz de disfrutar con algo normal. A ellos estará dedicado este asunto del domingo, primero porque creo saludable quitarle un poco de hierro a la cosa esta del cine, pero además porque me he dado cuenta de que he visto una barbaridad de basura inclasificable, a la que no me atrevo a calificar como "cine" sin cierto mosqueo o remordimiento; así que para dar salida a estos "engendros del demonio" nace este rinconcito no exento de caspa y atrezzo del bueno. Y además, como ya he dejado clara mi indiferencia a la última película del señor Tarantino, hoy, para inaugurar esto y casi como venganza personal, hablaré un poco de esa barbaridad perpetrada por un "inefable" de postín, como es el señor G. Castellari. QUEL MALEDETTO TRENO BLINDATO, de 1978, cuyo nombre de lanzamiento internacional (es un decir) fue INGLORIOUS BASTARDS, es una majadería en la que salen, en mitad de la segunda guerra mundial, un hippy con melena, un negro que se hace pasar por nazi y un montón de teutonas que disparan metralletas en pelotas. Efectivamente, todo cabe y todo vale en la calenturienta mente de un trasunto de director de cine que creo que va a aparecer bastantes domingos por aquí. En otra ocasión o momento, aprovecharía esto para despacharme a gusto contra el locuaz Quentin, pero es que es tan jodidamente mala que apenas puedo recordar el detalle de que necesité una semana, a unos quince minutos por día, para poder deglutir un DVD que a día de hoy tiene lo mismo de maldito que de blindado. Si no la han visto no pierdan el tiempo, aquí no hay ningún detalle extravagante que merezca la pena ser descubierto y sí una inexplicable voluntad por destrozar, a base de chistes malos y puñetazos a destiempo, lo que pudo haber sido un curioso ejercicio subversivo y terminó siendo una simple y llana gamberrada sin importancia... excepto para el que ustedes y yo sabemos, claro.
Saludos sin gloria.

El ojo blindado

Prejuicio sin orgullo




Bien, intentaré ser más breve aún que con la otra. Esto se llama así: LUFTSLOTTET SOM SPRÄNGDES (LA REINA EN EL PALACIO DE LAS CORRIENTES DE AIRE), que es un título mu mono y mu aparente y mu sofisticao y todo eso, pero que no da para salvar lo insalvable, en este caso ni más ni menos que una película de calidad ínfima, rozando el telefilm chusco. De acuerdo, vale, esto es como un veneno, que ves la canina en el frasco y aun así te lo tomas, porque además de gilipollas eres chulo como tú solo. Así te va, con una tía que se pone los pelos de punki después de salir del hospital, donde estaba mejor no por nada, sino porque todo ese tiempo estaba sin abrir la puta boca. Mosqueo, mosqueo chungo y profundo; cuatro euros tirados a la basura... ¿cómo coño no voy a pagar 15 por ver cine de verdad en Filmin, por ejemplo? Esto, que es una soplapollez supina, donde llega un momento en el que te la suda absolutamente todo lo que estás viendo, eleva tu sensación de estar siendo estafado hastalímites insospechados; el ejemplo más claro es que de toda la ingente cantidad de becerros de dos patas que se han dejado los cuartos (muchos, muchos cuartos) en los tres tochos esos, pero que jamás leerán obras maestras como "La montaña mágica" o "Crimen y castigo" porque... ¡son muy largos!... Acabáramos... Pues, como decía, que me desvío, les he preguntado a unos cuantos que de qué coño iba el rollo éste, que no me había enterado de nada, pero de nada, y eso que la narración es tan complicada como las fichas para colorear de mi hija de dos años. En fin, que todos se encogen de hombros y, sin dejar de mirarse los pies, te dicen: "Sí, está de puta madre, está muy bien, está cojonuda, es muy entretenida y salen muchas cosas". Para terminar con: "Me tiene súper enganchado"... Jaja... ¿y ya? ¿y para esto tanto alboroto? En resumen; al menos sí que sirve para algo una cosa tan absurda como ésta: para medir el grado de la estupidez humana en materia de cultura. Pensaba que el aparato era el "Sinde-ómetro", ahora sé que es el "milleniumiario cáustico".
Agusto me he quedao, rediós...
Saludos alegremente dominicales.

Clean my wounds


Corrosion Of Conformity - Clean My Wounds
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Prejuicios, sí ¿pasa algo?



En fin, para los que no hilen fino (y les entiendo sin problema, faltaría más), les recordaré que tiempo ha hablé bien de MILLENNIUM, la primera; porque me sorprendió, no me la esperaba así, la verdad. Yo tenía la ventaja de no estar intoxicado con la mierda esa de los best sellers, así que, como no sabía de qué iba la cosa, lo que vi fue una peli de tipo medio, de aventuras, con una tipa con personalidad... bien, bien... ¿Cuál es el problema de todo esto? El problema creo que no se le escapa a nadie, y es querer estirar el chicle hasta el límite, por lo que termina rompiéndose. Yo dejé pasar un tiempo prudencial y luego me hice de las dos siguientes partes; el resultado no puede ser más desastroso. Empiezo hoy (sin alargarme yo mismo, lo prometo) aprovechando la sesión maratónica, así me quito este "peso muerto" de encima.
A ver, FLICKAN SOM LEKTE MED ELDEN, para los que no sepan sueco THE GIRL WHO PLAYED WITH FIRE, y en castellano leonés LA CHICA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA... Yo, de verdad, a este tipo, si no la hubiera espichado (al escritorzuelo, me refiero) había que ficharlo para ponerle títulos a las cosas, que para eso tenía estilo; por lo demás, es chungo hacer una peli de más de dos horas, sabiendo que te queda una tercera parte más larga aún y no tener ni pajolera idea de qué estás viendo. Porque es así, en un momento parece una conspiranoia, luego sale un alegato contra los malos tratos machistas, y un tipo teñido de rubio que no habla pero pega a lo Bud Spencer; muchos portátiles muy chulos, y chandals con capucha p'al frío, y gente haciendo fotos pero no se sabe para qué... y luego, al final, después de una amalgama de despropósitos, hay una pelea y a la chica ésta le pegan un tiro en la cabeza, así que, como mínimo, sabemos como empezará MILLENNIUM 3 (el desenlace). En fin, que no pierdan el tiempo con una basura que no es ni programable para las noches de Antena3. Hala.
Saludos mu quemaos.

Save yourself


Stabbing Westward - Save Yourself
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jueves, 21 de octubre de 2010

Los outsiders



Lo debo reconocer: DOWN BY LAW es una de mis pelis favoritas de Jim Jarmusch; uno de esos títulos que voy recomendando indiscriminadamente allá donde me preguntan en plan "acoso y derribo", y, curiosamente, siempre salgo airoso de tamaño envite. Tranquilos, da igual que os llamen "gafapastas" o cosas por el estilo, hace treinta y cinco años eran "ratas de cineclub"; pero aquí prima el cine, el buen cine, y Jarmusch trufa este extraño cuento sobre camaradería y traiciones de imágenes que perduran para siempre en la memoria. Sea por el improbable trío protagonista (Tom Waits, John Lurie y Roberto Benigni), por los diálogos surrealistas o por el suicida encadenamiento/montaje, más cercano al cine mudo que a otra cosa, el caso es que, como luego el propio Jarmusch ha ido reflejando en muchos de sus films, se trata de una huida hacia adelante, la de estos tres tipos, que tras trapicheos varios son metidos en una celda y, pese a sus insalvables diferencias de carácter, planean una estrepitosa fuga que les llevará por parajes desolados hasta un pantano de esos que le gustan tanto al director norteamericano y finalmente a una cabaña donde ya el nivel de surrealismo es tremendo e imprevisible. Hay dos otres escenas maravillosas en DOWN BY LAW, principalmente la que abre el film, con un Tom Waits espléndido que persigue literalmente por un nervioso y desnudo escenario callejero a aquella gran y olvidada actriz que fue Ellen Barkin, por no hablar de la sorpresa final, que no desvelaré aquí y que tiene al insoportable y verborréico Benigni como protagonista. Uno de los títulos fundamentales de su autor, como fundamental es para entender el devenir del cine independiente de los últimos tiempos y la influencia que ha ejercido este cineasta sobre las generaciones posteriores.
Saludos convictos.

Men with sticks

miércoles, 20 de octubre de 2010

Control



Lo primero que llama la atención después de enfrentarte al fastuoso espectáculo de RED CLIFF es la agradable sensación de que no se echa nada en falta, pero sobre todo que no sobra casi nada, y RED CLIFF tiene ciertamente muchas cosas. Y es que John Woo acometió la titánica tarea de realizar el Wu Xia definitivo, subvirtiendo las leyes no escritas de este controvertido género y ofreciendo un espectáculo grandioso que, afortunadamente, nunca renuncia a las distancias cortas. Se nos cuenta una terrible historia de guerra en la convulsa China del siglo II, donde no existía una unificación como tal y los grandes señores dominaban las provincias tras sangrientas batallas, fratricidas en muchos de los casos. Y, realmente, si nos olvidamos un poco del complicado entramado de provincias y nombres de dinastías, que puede que sólo contribuya a embrollar un panorama que se presenta difícil de por sí, lo que se despliega ante nosotros es una de las mejores películas/espectáculo de los últimos tiempos; una especie de LORD OF THE RINGS histórica, con una pléyade de personajes muy bien definidos, con especial mención al dúo Tony Leung/Takeshi Kaneshiro, que mantienen bien el pulso protagonista, y con un montón de escenas de batallas que no por grandiosas dejan de ser creíbles, desmintiendo la ya cansina tradición del Wu Xia de vertiente casi superheróica. La versión que se ha estrenado en Europa, y que es la que yo he visto y la que creo que se ajusta mejor a un visionado ágil y completo, es una especie de condensación de dos horas y media (el original consta de 280 minutos) que ni se hace aburrida (el ritmo es simplemente trepidante) ni atropella las secuencias; una impresionante producción, la más cara del cine chino, que te deja con ganas de más y que confirma a Woo, en las antípodas de su sobrevalorada producción hongkonesa, como un maestro de los relatos panorámicos, quizá con un curioso antecedente en su ya olvidada ópera prima de 1976, HAND OF DEATH, aunque medie un abismo de calidad entre una y otra. En cualquier caso, recomendabilísima peli de aventuras si nos hemos cansado de ver una y otra vez lo mismo de siempre.
Saludos coloraos.

The cliffs of Sidney

martes, 19 de octubre de 2010

El arte del latrocinio



La entrada de hoy se la debía a ese grandísimo actor, fallecido esta semana pasada, que es Manuel Alexandre; primero porque se trata de uno de sus trabajos más reconocidos e inspirados; también porque aquel irrepetible reparto nos ha ido diciendo adiós poco a poco, hasta el punto de que sólo Alfredo Landa vive actualmente; pero, sobre todo, porque ATRACO A LAS TRES es uno de los mejores títulos de nuestro cine, un verdadero crisol de talentos que dio como resultado una sátira tan feroz como divertida sobre esa cosa tan extraña que es ser español. Habiendo visto, como hemos visto, tantísimos films sobre minuciosos planes para desvalijar el banco de turno, con esos precisos detalles y esos personajes tan diferentes unos de otros, la película de José María Forqué supone una estupenda reflexión, en clave cómica, casi esperpéntica, sobre el hartazgo de ser  pobre y la tentación de dejar de serlo a costa de arriesgar la libertad con ello. Y es que ningún país como el nuestro para albergar (lo vemos cada día) a gente que sueña con la conquista del paraíso (aunque sólo sea el económico) por la vía rápida. Lo bueno es que un argumento tan resbaladizo sirve para una disección que es tan certera como amena, y que contiene momentos impagables gracias al talento de sus intérpretes, que dan todo un recital; podríamos hacer un artículo con cada sketch, cada frase destinada a sobrevivir en el tiempo por la precisión de sus intenciones, sin embargo, creo que no hay nada mejor que recordar algunos de sus mejores momentos para darnos cuenta de que pocas veces se ha visto tanta sorna por metro cuadrado, como ese impagable momento en el que Alexandre le explica enfadado a Landa: "A los atracadores les terminan cogiendo por eso, porque tienen pinta de atracadores... ¿tenemos nosotros pinta de atracadores?". Por supuesto que no, señor Alexandre; tan honrados no, desde luego...
Saludos desde la sucursal.


Sound the alarm

lunes, 18 de octubre de 2010

Vitamina "M"



No podía ser de otra manera; después del atracón depresivo de la última semana, aquí había que empezar a poner un poco de color, y qué mejor forma que recordando un título clásico del maestro Hawks que es capaz de resucitar un muerto. Sin ser de lo mejor de su extensa filmografía, A SONG IS BORN sorprende por su extravagancia y libertad narrativa, una comedia musical de las que estaban tan en boga en aquel tiempo (1948) con una pareja de las que aseguraba el éxito (Danny Kaye y Virginia Mayo) y la espectacular introducción de una retahíla de músicos que no me resisto a enumerarles, porque pocas veces se ha visto tanto talento en una pantalla. Por allí pasaron nada menos que Benny Goodman, Louis Armstrong, Tommy Dorsey, Lionel Hampton, el Golden Gate Quartet original y otros menos conocidos como Mel Powell o Charlie Barnett. La excusa de la trama es exactamente la misma que Hawks usó siete años en la muy superior BALL OF FIRE, sólo que en este caso el delirante guión de Billy Wilder y Charles Brackett fue adaptado por Harry Tugend, que cambió la "enciclopedia del saber humano" por otra en clave musical, donde Kaye ejerce de apocado profesor encerrado en una mansión con otros "sabios" de la teoría musical, hasta donde llegará la descocada Virginia Mayo, una artista de variedades que, huyendo de un grupo de mafiosos, acabará en los brazos del rendido profesor. Así que se trata de un producto de entretenimiento puro, sin muchas complicaciones y donde el punto fuerte lo pone la espectacular escena en la que todos los artistas antes mencionados interpretan un tremendo número musical que, francamente, es para tenerlo grabado y ponerlo cuando esté uno de bajón, que es mejor que el Prozac...
Y termino con una reflexión que me hago yo a mí mismo... ¿Por qué me gustará a mí tanto Virginia Mayo?... que me pone a mí esa señora de siempre, copón... Tengo que hacerle una visita al psicólogo...
Saludos en armonía.

Sing, sing, sing

domingo, 17 de octubre de 2010

Películas para después del Prozac #7



En fin, queridos indéfilos, no quedaba otra para culminar este intimidante serial que terminarlo con el film depresivo por excelencia; y ese dudoso privilegio lo ostenta una curiosísima película, a la que podríamos dedicar cien entradas para no entender nada, igual que resumirla perfectamente en seis o siete líneas. Sí, porque SYNECDOCHE, NEW YORK puede definirse como un proyecto megalómano de espíritu minimalista... aunque suene raro, aunque nos irrite su cansina autocomplacencia de la misma forma en que nos fascina su interminable, inabarcable juego de espejos. Pero el personalísimo debut en la dirección del guionista habitual de los proyectos de Spike Jonze o Michel Gondry (¿de quién eran realmente esos proyectos?), es también el más inmisericorde retrato, visto en una pantalla, de una personalidad ultradepresiva e hipocondríaca hasta la náusea. Por un lado está el imposible proyecto de Caden Cotard (tremebunda recreación de Philip Seymour Hoffman), atrapado en una vida que lo zarandea como el pelele que es, por recrear en una escena primero su propia vida, pero el desafío de Cotard/Kaufman comienza cuando es consciente de que es no se puede imitar a la realidad, lo que irá aumentando la supuesta obra con nuevos integrantes, los mismos que van apareciendo en la vida de Cotard, que, aparte de su intratable hipocondría, es abandonado por su mujer (Catherine Keener), mientras se debate entre una serie de amantes a cual más diferente. Y, sin embargo, la oratoria formal propuesta por Kaufman no es más que la superficie más externa de este profundo relato que es casi una radiografía sobre un estado de ánimo, quizá la infelicidad crónica. El caos en la vida de Cotard crece y la "obra", cuya realización alcanzará más de dos décadas, se irá convirtiendo en un monstruo de infinitas cabezas donde ya no bastará con los personajes iniciales, sino que habrá sustitutos/reflejos de los mismos, y sustitutos de los sustitutos, etc...
SYNECDOCHE, NEW YORK es tan ingeniosa en su concepto como banal en muchas de sus soluciones, y Kaufman no demuestra poder superar su faceta como guionista con la de director, lo que da como resultado de gran irregularidad, que comienza como una especie de comedia sofisticada y progresivamente se va oscureciendo, hasta alcanzar, en su tramo final, una oscuridad insondable y sin posibilidad de redención. Un final tan triste como bello, y que eleva sensiblemente la calidad general de un film irregular y fascinante, al que difícilmente podríamos buscar un igual, tal y como Caden Cotard comprueba de primera mano que nada es sustituible en la vida real sin destruir por completo su verdadera esencia. Nada.
Saludos con pastillita.

Sea

sábado, 16 de octubre de 2010

Películas para después del Prozac #6



Lo de hoy es la alegría de la huerta..., no tan exagerado como lo de mañana, que es el plato fuerte de verdad, pero, vamos, que supongo que convendrán ustedes conmigo, aunque no la entiendan, aunque no la pudiesen terminar de ver en aquel VHS que les prestó un amigo al que ya no volvieron a ver, que ERASERHEAD es uno de los films más deprimentes que existen. Afirmación categórica, sí; pero además es que no me gusta, no es que no la entienda, que la entiendo; es que no me gusta, y punto. Toca hablar del lado oscuro de David Lynch, el que le ha llevado a cerrar el círculo con INLAND EMPIRE, el que le impide "iluminar" las obtusas mentes de sus entrevistadores con un mínimo comentario que no sea siempre el mismo: "No sé, es un misterio"... ¡Anda ya, hombre! IE es una basura montada a base de retazos que el propio director afirma haber filmado sin ton ni son; y treinta años antes, este tipo, capaz de lo más sublime y lo más soez, creyó tener una iluminación filosófica que giraba en torno al asco que produce vivir, así, sin más. Para ello, Lynch "cartooneó" (y perdonen el palabro) las funciones vitales básicas (comer, hablar, dormir, follar) y las convirtió en una especie de pesadilla onírica a base de muñequitos en stop-motion y un trabajo de maquillaje y peluquería (véase imagen más arriba) que a mí me daría vergüenza firmar... Es decir, que esto no es más que una sucesión de obsesiones personales (e intransferibles, me atrevería a decir) exageradas hasta lo caricaturesco que maquillan eficientemente un par de ideas que son bastante planas, la verdad. Y mantengo mi teoría de que Lynch quería filmar una especie de "metamorfosis" kafkiana, pero su orgullo le impedía hacer una versión libre y, como sus cojones mandaban, tuvo a todo un equipo técnico en jaque durante cinco años; eso es fidelidad (o tiranía pura y dura) y lo demás son tonterías. Demasiado rollo para un debut, francamente, y por mucho que ERASERHEAD se haya labrado su propia leyenda a base de la fascinación que sigue produciendo la obra posterior de Lynch, bien administrada, eso sí. Yo, qué quieren que les diga, guárdenla para el día en que venga a su casa ese amigo plasta al que no aguantan, pero jamás se la pongan a nadie para hacerse el cultureta, porque ese truco ya lo intentan cada día esa cohorte de descerebrados melenudos que se compró la camiseta con la efigie de Jack Nance en la FNAC... Toma ya...
Saludos medio borrados.

A girl called harmony

viernes, 15 de octubre de 2010

Películas para después del Prozac #5



No sé, hay algo que me aterra en MI VIDA SIN MÍ; quizá la incertidumbre de no saber si se trata de un cuento pesimista narrado de forma optimista o todo lo contrario. Quizá sea la Coixet, que jamás querrá acostarse conmigo aunque me pusiera gafas rosas, sino que huiría con su pavoneo de ojos desorbitados y chascarrillos de todo a cien. Quizá es que a mí, la interpretación que más me gusta de Sarah Polley no es ésta, sino la de DAWN OF THE DEAD (recordadme que hable un día de este peliculón, que se me pasa...); y, sin embargo, lo del cambio de registro no está en lo suyo, no señor... Pero, a ver, a mí no me alegra la vida que me digan que me voy a morir pronto, así que le hago una pregunta a la Coixet, ahora que el novio está mirando para otro lado: ¿a qué huelen esos polvos? ¿a qué saben? ¿cómo me mete usted en la mollera que esa chavala lo está pasando fetén por mucho Ruffalo que ponga ahí?... Seña Coixet... ¡Que se muere, copón! ¡que se muere y hasta luego Lucas!... Ejem... La película, después de todo, no es tan mala, no como otras de su autora; de hecho, me atrevo a decir que es la mejor junto a COSAS QUE NUNCA TE DIJE. El problema es de fondo, es el mismo problema que tiene Díaz Ferrán para hacerse entender entre el pueblo llano; el problema es que lo que para la Coixet es una cosa, para mí, al menos para mí, es otra bien distinta; por eso me cuesta entender su sentido del humor o identificarme con esa catarata de encuentros casuales que, de repente, han de inundar la antes opaca vida de una pobrecita moribunda antes de que ésta se extinga. Como cuento moralista puede pasar, vale, pero como supuesta filosofía y/o estética narrativa me parece repugnante, como esas noticias que sólo da Antena3 en sus informativos, enfocando sólo cuando el prenda se derrumba y suelta el moco.
¿Qué hacer? Son estos tiempos.
Saludos... paparapapá...

I thought you were someone else

jueves, 14 de octubre de 2010

Películas para después del Prozac #4



Una de las películas más deprimentes que he visto jamás es THX 1138, debut en la dirección de un joven George Lucas y prueba viviente de que siempre es posible usar una cierta pobreza de medios para obtener justo el efecto contrario. Porque Lucas nos proponía, hace ya cuarenta largos años, todo un mundo alternativo al nuestro, tal y como lo concibieron, por ejemplo, los Wachowski en MATRIX, sólo que al contrario, es decir, reduciendo el espacio a un lábil fundido a blanco que pretende ser un ingenioso émulo ornamental de la nada absoluta. Y es que THX 1138 trata sobre la represión absoluta de las emociones en una sociedad donde el ser humano no sirve para nada que no sea la realización de un trabajo concreto; esto es conseguido mediante una serie de drogas inhibidoras, mientras que cualquier atisbo de insumisión es rápidamente sofocado por unos policías tan impersonales como inquietantes. Por otra parte, se ha creado una figura absoluta e inconmovible, llamada Om, que no es más que la efigie de Jesucristo en un cuadro, un icono reverencial que equilibra un posible temor existencial.
Hasta aquí, todo este "orwelliano" entramado podría haber dado como resultado un interesante trabajo de tintes extremos. Pero no nos engañemos, estamos hablando de George Lucas, que ya tenía en mente lo de la ciencia-ficción como sublimación en sí misma del arte de contar historias, lo que ha dado como resultado la irrefutable verdad de que Lucas es un director mediocre con veinte o treinta ideas brillantes por minuto; y esto, trasladado a la exhuberancia argumental de STAR WARS extrae un clásico insuperable, pero en un secarral como éste sólo nos deja un film tan aburrido como desolador, al que sólo salva por los pelos (sí, es otro chiste malo) el buen hacer de Robert Duvall (¿cuántos truños ha dignificado este hombre en su extensa carrera?) y algunos hallazgos visuales que luego Lucas iría incorporando a su famosa saga. Vamos, que te puede derrumbar una alegre tarde de Domingo con la misma facilidad que desmiente ese extendido mito de que el estilo ibicenco es el summum de la juerga y la alegría...
Saludos de un tipo que tiene entre una larga lista de razones para no ir al cine, la de que no quiere quedarse sordo antes de tiempo por culpa del puto sistema de ruido... digo sonido, inventado por este gañán.

Nihilophobia

miércoles, 13 de octubre de 2010

Películas para después del Prozac #3



Sí, yo vi THE FLY en el cine, en un cine que ya no existe aquí desde hace un montón de años, el Apolo; y ahora caigo que sólo tenía 13 añitos, y ahora me explico algunas cosas, claro; y sobre todo me doy cuenta de la gilipollez imperante hoy día en cuanto a qué o qué no debe ver un chaval, teniendo en cuenta que lo que se considera "potencialmente peligroso" sirve muchas veces como despertador emocional, mientras en horario infantil se emite basura que no sólo es ofensiva, sino que te va convirtiendo progresivamente en zoquete de ideas peligrosas. Y esto, aunque no tenga mucho que ver (o sí) con lo de hoy, hay que decirlo.
El caso es que David Cronenberg dio el salto necesario, que todo creador ha de dar en un momento u otro, con la terrorífica puesta al día del clásico de Kurt Neumann; un film mucho más complejo de lo que parece, incluso de lo que quiere parecer, teniendo en cuenta la explicitud y casi exhibicionismo de su propuesta. Sabiamente articulada en varias fases, THE FLY comienza por fusionar lo científico con lo fantástico, con un científico (Jeff Goldblum en su papel de mayor entidad) que inventa una máquina capaz de teletransportar objetos; su ambición, ante algunas pruebas de éxito, le lleva a introducirse él mismo en la máquina, pero, inesperadamente, una mosca entrará con él. Lo que sigue es la progresiva transformación del ser humano en una especie de mosca gigante, con el inteligente recurso de narrar cómo se ve alterada la fuerza y resistencia, pero también los hábitos alimenticios (hagan un esfuerzo imaginativo). La parte final de THE FLY, justo antes de que el monstruo esté a punto de perder sus últimos retazos de humanidad, y filmada con la cámara opresiva de Cronenberg, te deja francamente hecho polvo, y lo que parecía ser el enésimo truco visual de Hollywood es un personalísimo acercamiento a la degradación física, pero también moral, que plantea algunas interesantes cuestiones sobre los límites de la humanidad en situaciones extremas. Ahora bien, no la vean si están de bajón o su pareja les ha dado largas... están avisados.
Saludozzzzzzzzzz....

The fly

martes, 12 de octubre de 2010

Películas para después del Prozac #2



Y si ayer traíamos aquí al maestro Bergman, hoy debíamos hacer lo mismo con su más aventajado discípulo y, cómo no, su film más bergmaniano. INTERIORS es el claustrofóbico retrato de la incapacidad del ser humano para mostrar sus sentimientos sin que medien el egoísmo, la crueldad o salgan a la luz todas las rencillas familiares que tan cuidadosamente nos esforzamos en mantener ocultas durante nuestra vida. Woody Allen lo sabe desde que decidió contar historias para ganarse la vida, así que dejó de lado sus gags, sus postales neoyorquinas, sus neurosis hipocondríacas y quiso emular al maestro hurgando en una herida abierta. La experiencia no es tan demoledora como la que comentamos ayer, pero sí que tiene no pocos puntos de interés que la elevan como una de las mejores cintas de su autor. Diseccionados como cobayas humanas, los personajes se observan, chocan, atacan, se desploman, gimen; los interiores aludidos no son sólo los de dichos personajes, sino que aluden a esos espacios cerrados de donde no se puede escapar (el hogar); existen infinidad de interiores en las relaciones humanas. Hay un encuentro entre tres hermanas (estupendas las tres); Diane Keaton, que es escritora y su pareja es escritor, y que representa el arte como sublimación pero también como imposibilidad de empatizar con las emociones más mundanas; Kristin Griffith, que es una actriz de poco talento pero gran popularidad, en la que quedan plasmadas las vanidades de la farándula; y por último, Mary Beth Hurt, eterna mediadora, que envidia secretamente el intelecto de una hermana y el éxito de la otra y que es incapaz de decidir su propio futuro. La madre (impresionante Geraldine Page, que estuvo nominada al oscar) busca un consuelo imposible en el vórtice de sentimientos encontrados que exhalan tres personalidades tan distintas cuando ha de enfrentarse al abandono de su acaudalado marido, pero descubrimos en su velada demencia el nulo cariño que dio a sus hijas, perfectamente mostrado en unos diálogos terribles. Por último, el padre, quizá el único personaje capaz de ver la luz entre las sombras, llega para presentar a la que será su futura esposa, una chispeante y colorista Maureen Stapleton, que protagonizará ya al final uno de los mejores momentos de una cinta que, pasados sus más de treinta años, adolece de cierta severidad en las formas, que la esquematizan y encorsetan de una manera que quizá no hacía falta; todo lo anterior conforma un amargo retrato familiar con un final para la esperanza, plasmado en el bellísimo fotograma que ilustra esta reseña y donde, al fin, las personas son capaces de atisbar su humanidad.
Saludos por dentro.

Dentro

lunes, 11 de octubre de 2010

Películas para después del Prozac #1



Pues sí, queridos indéfilos; como sé que había mono de gráfico... (perdón por el chiste malo), pues aquí va uno de esos que ni son lo que parecen, ni mucho menos parecen lo que finalmente resultan ser. La cosa va de pelis ultradepresivas, las que sólo los valientes se atreven a ver un lunes gélido después de haberse quedado sin trabajo el mismo día en que la espichó el gato y descubrir que hay goteras en el dormitorio... No sé si estarán de acuerdo al 100% con los títulos que he elegido, pero me parecía inevitable comenzar con el maestro Bergman y la que me parece su película más triste y deprimente. VISKNINGAR OCH ROP (GRITOS Y SUSURROS) es un magro glosario de todas las penurias y tristezas humanas que pueden caber en 90 minutos de gran cine; un cine curiosamente preciosista en la imagen pero crudísimo a la hora de exponer los motivos de su oscuro argumento. La siempre eficaz excusa de la reunión familiar es aquí una trampa mortal de la que nadie saldrá ileso tras la demoledora nueva, por parte del médico familiar, de que una de las tres hermanas reunidas morirá en breve víctima de una terrible enfermedad. Es entonces cuando Bergman tensa la cuerda y enfrenta a cada personaje con sus temores más ocultos y utiliza la catarsis de la confesión como única redención ante la muerte, prescindiendo de toda compasión religiosa y creando una colección de extraños momentos de inquietante y fría belleza. Se trata, como digo, de un film de marcado carácter destructor, una sublimación de los sentidos antes de que éstos nos abandonen para siempre; pero también es un trabajo de actrices simplemente perfecto (Andersson, Ullmann y Kari Sylwan rozan el estatismo pictórico) y uno de los mejores trabajos de fotografía (y ya es decir) del maestro Sven Nykvist, que logró un merecido oscar en 1973, el único que este gran film ganaría de sus cinco nominaciones. En suma, un título mayor de Bergman, de esos que los incondicionales siempre citan como de obligada visión, y una experiencia al límite de la resistencia humana que no les recomiendo si están de bajón, sinceramente...
Saludos susurrados.

So this is silence

domingo, 10 de octubre de 2010

Cables por todas partes



Una de las tristes verdades que nos confirman el irrevocable hecho de que cada vez somos un poco más viejos (aparte de la talla de ropa o la hora a la que nos acostamos los Sábados), es la extraña sensación que recorre nuestra espina dorsal el día que decidimos volver a echar un vistazo a KOKAKU KIDOTAI (GHOST IN THE SHELL), comprobamos que sigue siendo un producto de entretenimiento magnífico, que no le chirría casi a ninguna edad, pero nos invade el estupor al ver el año en que fue hecha. 1995. Sí, efectivamente; GHOST IN THE SHELL se podría haber hecho el año pasado y no pasaría absolutamente nada, excepto la constatación del nivel técnico desarrollado por la industria japonesa dedicada a la animación. GITS es carne de fan, de fanático, de roedor de detalles y de repasos obsesos, cuidados al milímetro, sobre una obra que, seamos sinceros, tampoco cuenta nada que no hubiésemos visto antes. La historia es deliberadamente confusa y trata aproximadamente acerca de un futuro ultratecnificado, donde los cyborgs son una realidad cotidiana y son usados para los trabajos de mayor riesgo, en este caso centrado en la enigmática figura de Kusanagi, una mujer-robot-policía a la que no te gustaría encontrarte por la calle y que ha de iniciar una compleja investigación (que nunca queda del todo clara, y es su mayor deficiencia) sobre piratas informáticos que son la nueva amenaza global. Como casi todo en esta perra vida, el tiempo, ese agente incontrolable al que aludíamos anteriormente, lo pone todo en su sitio, y lo que hace quince años era la repera de la revolución tecnológico-filosófico (y siete años antes lo fue AKIRA, recordemos), ha quedado como lo que es y únicamente puede llegar a ser, esto es: un espectáculo visual-sonoro de lujo para nuevas generaciones que se jactan de haberlo visto casi todo. No digo que no sea entretenida, que lo es bastante, pero siempre le he achacado un exceso de celo a la hora de revelar sus cartas, algo que luego me ha impedido seguir la miríada de secuelas, tanto en formato serie o largos directamente editados en DVD. No sé si tendrá algo que ver el carca en el que me estoy convirtiendo paulatinamente mientras voy tecleando estas cositas un Domingo por la mañana, pero es que el tiempo pasa para todos, y eso no lo cambia ni el megapixel más avanzado.
Saludos dominicales.

Dots on the shells

sábado, 9 de octubre de 2010

Decadencia y espectáculo





Pues sí, hombre... también Clint Eastwood tiene su reverso tenebroso calculado en una serie de películas que han pasado sin pena ni gloria por méritos propios; y la que me parece la peor de todas es, sin duda, BRONCO BILLY. He aquí una bienintencionada aunque fallida parábola sobre el mundo del circo, sus miserias y dificultades; el propio Eastwood da vida al dueño del anacrónico y destartalado Circo del Oeste, un tipo idealista con una puntería envidiable y un sentido del humor nada complaciente. En el Circo del Oeste hay amazonas, lanzadores de cuchillos y hasta un jefe indio, una especie de extracto virtual de aquel mítico tiempo que no volverá jamás. En uno de sus periplos se les unirá una improbable Sondra Locke, que es nada menos que una heredera (hay que ver lo que se llevaban las herederas ricas y guapas en los setenta y los ochenta; luego vino Paris Hilton y todo se fue al garete) abandonada en su luna de miel y que quedará fascinada de inmediato por los encantos del circo y del propio Bronco Billy, especialmente los de éste último (nada nos indicaría esto tras leer las armas arrojadizas de la Locke contra su ex-marido... en fin). Luego está la película en sí, que es una especie de comedia costumbrista sin mucha chicha donde Eastwood no termina de verse cómodo como defensor de una serie de valores (el honor, la lealtad, el amor por el trabajo frente a las penalidades), mientras su troupe actúa para niños huérfanos y desempleados; demasiada moralina familiar para quien sólo un poco más tarde iba a revelarse como el gran maestro que es, precisamente subvirtiendo todos y cada uno de estos códigos de conducta, o más bien mostrando sus rincones oscuros. En suma, un título prescindible y olvidable que poco o nada empaña una de las trayectorias más interesantes y coherentes que podamos atribuir a un cineasta vivo.
Saludos broncos.

Circus envy

Una gran putada



Tras los largos y durísimos rodajes de THE BIG COUNTRY y BEN-HUR, William Wyler dio un giro radical e interesantísimo a su impresionante e indiscutible filmografía. Y es que, justo al inicio de la convulsa década de los sesenta, Wyler pareció darse cuenta de que era capaz de realizar un cine "de interiores" de una manera tan brillante como sus grandes frescos históricos. Así nacieron dos títulos imprescindibles como fueron THE COLLECTOR y, sobre todo, THE CHILDREN´S HOUR, que contaba una insólita historia para la época, al menos teniendo en cuenta quién era su director y que se trataba de una producción para la United Artists, aunque fuese el mismo Wyler el responsable de la producción, seguramente amparado por la "carta blanca" que le daban sus inalcanzables cifras de taquilla y la unanimidad entre crítica y público. Unanimidad que se vio resquebrajada (al menos entonces fue así) cuando presentó esta áspera historia de tintes homosexuales y gran tensión de guión; aun así, THE CHILDREN´S HOUR fue nominada a cinco estatuillas, aunque no se repitió la borrachera de premios de sólo tres años antes y Wyler se fue de vacío.
Se nos cuenta la historia de dos mujeres (estupendas Audrey Hepburn y Shirley McLaine) que regentan una especie de escuela de gran prestigio sólo para señoritas y que son víctimas de un bulo levantado por una alumna a la que han castigado; esta terrible venganza desencadenará una serie de acontecimientos que en ningún momento chirrían ni se adentran en el farragoso terreno del folletín; en lugar de eso, Wyler se muestra como un maestro en las distancias cortas y realiza un soberbio trabajo de suspense narrativo en el que seguramente sea su título más arriesgado e inclasificable, sólo comparable a THE COLLECTOR. Es, a casi cincuenta años de su polémico estreno, una obra absolutamente reivindicable y que se ve hoy con la misma pasión y actualidad que entonces.
Saludos calumniados.

Noches reversibles

jueves, 7 de octubre de 2010

Seguridá sosiá



Primer e indeleznable absoluto: ¿Una peli buena?, una que sea capaz de hacerte llorar con la misma facilidad que te hace reír. Definición de comedia: Sólo existen las buenas comedias; las malas no pueden ser comedias sino dramas mal pergeñados. Entonces, recomiéndeme una peli... si puede ser de este siglo, hombre: Cómo no. Apunta, niñato: MOARTEA DOMNULUI LAZARESCU, o 150 minutos de Kafka en estado puro; una obra de arte tan inocente en las formas como afilada en su discurso de denuncia. Lazarescu es el nuevo Joseph K., aumentado y actualizado, para que podamos percibir perfectamente que la podredumbre que sustenta la base de la existencia humana sigue perfectamente vigente.
Lazarescu es un sesentón al que descubrimos en su cochambroso apartamento; tiene una camiseta raída, unas zapatillas de paño y un gorro de lana. Le vemos dormitar en un destartalado sofá, darle de comer al gato y beber un extraño líquido a granel en botellas de agua mineral. Lazarescu vive solo; telefonea a su hija, que está en Canadá, pero ésta no quiere saber nada de él. De repente, Lazarescu se encuentra mal y baja a casa de sus vecinos para que le presten una pastilla; en lugar de eso, y viendo un empeoramiento, llamarán a urgencias. Ahí comienza la odisea particular del señor Lazarescu por las calles de Bucarest. Acompañado por una auxiliar, la única que de verdad se preocupará en adelante de él, Lazarescu iniciará un interminable recorrido por diversos hospitales, donde le verán varios médicos y le atenderán otras tantas enfermeras. No parece haber ningún diagnostico claro para su enfermedad, en algún sitio incluso dudarán de que exista tal dolencia y no se trate de un simple caso de embriaguez; mientras tanto, asistimos al ballet de los hospitales, con pacientes esperando eternamente en los pasillos y médicos que se enzarzan en inútiles discusiones sólo para demostrar que están al mando.
Supongo que algunos de ustedes se imaginarán el desenlace de esta maravillosa y terrible película; yo, cuando la vi, no pude quitármela de la cabeza durante días, porque ...LAZARESCU tiene el aroma inconfundible de la concisión y de la tradición esperpéntica, con una enorme y agradecible paciencia a la hora de desarrollar sus pequeñas intrahistorias, que terminan por ser el verdadero motor de un film que es ya un clásico contemporáneo. No se arrepentirán si la ven.
Saludos enfermos.

Willing to wait

miércoles, 6 de octubre de 2010

Todo va sobre ruedas



QUID PRO QUO es una de esas películas que apenas se dejaron ver en el momento de su estreno (apenas tiene dos años), pasaron sin pena ni gloria y fueron directamente a las estanterías de los dvdstores, y además al rincón más alejado del sitio donde los bombazos de la temporada se multiplican impúdicamente. Y uno la ve y, francamente, no sabe qué pensar. Les contaré de qué va y luego vemos, a ver qué tal.
Nick Stahl (mejor actor de lo que sus mediocres títulos indican) da vida a un periodista paralítico que, en mitad de un trabajo de investigación, se topa con un extraño grupo de personas, los wannabes, que realmente desean ser paralíticos y se reúnen para charlar acerca de sus impresiones e ideas en una hipotética vida en silla de ruedas, donde ellos se ven admirados y respetados por el resto de la sociedad. Tras asistir a una reunión y ser descubierto, se da cuenta del inextricable lazo que une a estas personas y que no tiene nada que ver con su propia condición de paralítico real, por lo que es violentamente expulsado. Por supuesto, la curiosidad crece tras ese encuentro, hasta que entra en escena una doctora con el cuerpo de Vera Farmiga (sobran conclusiones), que ejerce una irrefrenable atracción sobre el periodista, que descubrirá con estupor que lo único que le atrae a ella de él es precisamente su parálisis, puesto que ella también es una wannabe, un poco trastornadilla, eso sí. Hasta aquí, la película tiene cierto interés pese a lo telefílmico de su dirección y la desesperante lentitud de su desarrollo. Cronenberg ha hecho algún que otro tratado sobre las taras físicas con los inquietantes resultados que conocemos; Bergman ha sido capaz de poner imágenes a los más oscuros rincones de la psique humana; y ciertamente conocemos muchos directores que se han ocupado de retratos nada acomodaticios. El problema en QUID PRO QUO es que todo lo interesante mostrado en su primera mitad termina derivando en el típico thriller atormentado que busca excusas de guión para casi cualquier cosa. En definitiva, un producto de escasa calidad pero que sirve como entretenimiento más o menos exótico, porque primero es mejor de lo que parece y al final es peor de lo que parece, y ésas son demasiadas apariencias.
Saludos parafílicos.

Unidos

martes, 5 de octubre de 2010

Nadie es perfecto



Creo que hoy, como otras veces ha ocurrido, no podía ser de otra manera; así que he elegido como homenaje a un gran actor la que creo que fue, es y siempre será su mejor película y su mejor interpretación.
Todo, absolutamente todo en SOME LIKE IT HOT es perfecto, exactamente todo lo contrario a la frase con la que el gran Joe E. Brown cerraba una de las mejores (si no la mejor) comedias de todos los tiempos. Y no son pocos los que señalan que, de no haber estado en manos del maestro Wilder, esta delirante historia que mezclaba impúdicamente gangsters de opereta, músicos de alquiler, orquestas femeninas, solteros millonarios y hasta dos travestis, podía haberse ido al garete con el peor de los ridículos. Pero si es que hasta los dos números musicales interpretados por Marilyn Monroe están perfectamente encajados en la historia, sin hacerle perder ritmo ni humor. Y eso sin hablar del punto fuerte del film, el derroche interpretativo de dos monstruos como Tony Curtis (a cuya memoria queda dedicada esta humilde reseña) y, sobre todo, un espectacular Jack Lemmon, que dan vida a dos músicos de mala muerte (contrabajo y saxo tenor) que en el Chicago de los "Felices Veinte" se ven involucrados en un ajuste de cuentas entre mafiosos y su única oportunidad de escapar consiste nada menos que en hacerse pasar por mujeres e ingresar en una orquesta femenina rumbo a Florida. La vorágine de sucesos y equívocos derivados de esta tremebunda situación jamás llegan a ser ridículas, sino que, amparadas en la aparente suavidad de la comedia de enredo, dan paso a un extenso ramillete de sensaciones y emociones; hay lirismo, patetismo, tragedia, egoísmo, generosidad, camaradería y mucha fisicidad, la que desprenden esas imposibles Josephine y Daphne, y, por supuesto, cada aparición de ese mito llamado Marilyn Monroe, una bomba sexual pero sin suerte en el amor llamada Sugar Kane. El cóctel, 51 años después, sigue igual de agitado y burbujeante que entonces; una obra maestra que merece la pena revisarse de vez en cuando para volver a contagiarnos de todo su entusiasmo y recordarnos lo maravillosa que puede ser la vida frente a una pantalla.
Saludos a lo loco.

Deathbed atheist

lunes, 4 de octubre de 2010

Los gilipollas también lloran



Hay varias cosas que me asquean después de ver UP IN THE AIR. Cinematográficamente, debo resaltar la incapacidad de su director, Jason Reitman, por unificar criterios con coherencia, si es que lo que se pretende (y así lo creo) es un relato coherente y de cierta enjundia. Después, nada de lo que ocurre en los primeros minutos tiene importancia alguna cuando Reitman logra su propósito una hora después, que no es otro que la salvación del alma de un tipo sin la menor importancia pero que jamás duda en enseñarte sus cien tarjetas VIP para que te recrees en su brillo; de hecho, su patética historia de amor comienza en un club privado con una señora que le rivaliza en posesión de tarjetas de este tipo. En mi trabajo veo a estos tipos a diario, sé de qué hablo, y por eso me fastidia. Sigamos. La premisa inicial de mostrar un soterrado exotismo en un personaje y su actividad, que consiste en despedir gente, tiene su gracia y supone un filón estupendo para un director imaginativo y reflexivo a los clichés; lo malo es que Reitman es un director desesperadamente torpe, y su forma de resolver un clímax ambiental es o con un chiste malo o con un encadenado hacia la próxima escena, algo que hace respirar al espectador biempensante, cuya conciencia no se vé agredida en ningún momento, pero que hemos visto cientos de veces en el cine yanqui. Por todo esto, UP IN THE AIR, pese a tener a un George Clooney en buena forma y que casi es el único actor posible para un papel tan liviano y pesado al mismo tiempo, es un film que se olvida fácilmente, contrariando su empeño de permanecer en las conciencias. Pero lo peor no es todo esto, sino su basura moral escupida a trompicones y que pretende hacernos ingresar en una especie de "asociación de ayuda al ejecutivo infeliz". Y si no, juzguen: Ryan Bingham se ha forrado a base de destrozarle la vida a la gente (sí, es él, porque así es su trabajo y ni siquiera lo cuestiona), viaja en primera clase y asiste a tenebrosas fiestas en barcos privados en las que tipos de camisa celeste y corbata semianudada se emborrachan, cantan en el karaoke y ligan con sus semejantes. Ni siquiera ve a su escueta y horrorosamente dibujada familia (otra excusa para la lagrimilla), pero todos sus egoístas ideales se vendrán abajo tras ver el disgusto de su hermana, a la que plantan en el altar. Francamente, hasta una porquería como "Los Serrano" es capaz de que no nos sintamos idiotas viendo tal cúmulo de despropósitos; el problema fundamental es que si quieres humanizar a un gilipollas integral nunca son suficientes 100 minutos de celuloide, también deben verse las vísceras tras las planchas de acero inoxidable.
Lo mejor: Clooney. Me lo imaginaba en el set, desesperado y discutiendo con el hijo del cazafantasmas.
Lo peor: diría que todo lo demás, pero hay una escena en un barco que te dan ganas de largarte y escribir en tu blog esto que estoy escribiendo ahora.
Saludos despedidos.

All i need

domingo, 3 de octubre de 2010

Miedo y asco en Bruselas



Uno de los problemas más extendidos (aunque sea de perogrullo) de la cosa ésta de la globalización consiste en la firme y sesgada creencia de que cualquier tipo de problemática, por extraña que sea, puede ser transplantada a cualquier entorno social. Esto no lo pongo en duda cuando está en manos de un artista solvente y con la suficiente sensibilidad para hacer creíble hasta lo más estrambótico; sin embargo, el retrato radiográfico, inherente a la sensibilidad norteamericana, es un virus que se ha colado en los sitios más insospechados. Y me explico. BEN X, estrenada hace unos tres años, tenía no pocos elementos para ser una película de culto, modesta pero con cierto interés y algunas ideas interesantes, una especie de DONNIE DARKO de serie B europea... o lo que sea. El problema, lo que la convierte en un fiasco pretencioso e infumable, aparte de su terrible fotografía, más cercana a los reportajes de boda que al cine propiamente dicho, es la burda manera de desaprovechar una idea interesante por no traicionar los cánones del teen cinema yanqui. La idea era presentar a un tipo retraído, raro, casi autista, incapaz de relacionarse socialmente con su entorno, que es repetidamente vejado en el instituto sin que nadie le eche una mano. El refugio de Ben es su ordenador (jejeje...), y más concretamente un juego online de esos de espada y brujería que es jugado por miles de personas y donde Ben es el number one; el silogismo entre el mundo real y el virtual era para no haberlo tirado por la borda con tanta torpeza, pero BEN X es puro trazo grueso e infantiliza algunas hermosas propuestas, como el momento del game over y consiguiente abandono del juego. Sí, es una lástima, pero espero que algún director más dotado compre los derechos y desfaga tamaño entuerto.
Saludox.

With my own two hands

sábado, 2 de octubre de 2010

Ingenio y entusiasmo



Probablemente sean ésos los elementos más destacables de la adaptación (libre, personal, casi irreconocible) que Terry Gilliam hizo del famosísimo e intraducible poema que Lewis carroll introdujo en su Alice... y que hablaba (por decir algo) de una especie de bicho gigantesco y desgarbado que mantenía aterrorizada a una población cada vez que le daba por pasearse a media tarde. JABBERWOCKY es un proyecto que sólo pertenece a Gilliam y donde el único punto de contacto con Monty Python es, aparte de los lacerantes saltos humorísticos, la inclusión de Michael Palin en el papel principal. Se nos cuenta una delirante historia medieval, con un tonelero (ya la profesión es hilarante) incapaz de ganarse la vida y que buscará fortuna en el reino de turno, donde descubre con horror la leyenda de la bestia, a la que ningún caballero ha logrado derrotar; el rey ofrece a quien consiga tamaña proeza la mano de la princesa, que está enclaustrada en una torre. Así, entre andrajos, dientes cariados, patatas podridas, caras tiznadas y todo el elenco habitual de Gilliam, la historia se sostiene principalmente en una sucesión de gags perfectamente reconocibles y que ya estaban en MONTY PYTHON AND THE HOLY GRAIL, pero que aquí ya tienen bastante menos gracia. Yo entiendo que en el cine de Gilliam, la cutrez debe ser interpretada como un elemento más que sirve al director británico para enfatizar lo sarcástico en base al gusto por lo innoble; la pena es que el abuso de esto sólo ha funcionado para algunos títulos, y no creo que sea el caso del que nos ocupa. JABBERWOCKY se ve con curiosidad y algo de estupor, aunque algunos fanáticos la tildan de obra maestra incomprendida y maldita; no aventuraría yo tanto, aunque sí es cierto que la primera vez que la vi (tendría yo 8 ó 9 años) se me quedó grabada la destartalada "lucha final" entre el tembloroso tonelero y esa bestia que Gilliam fue capaz de construir con los trapos que le habían sobrado del vestuario... La infancia y sus esquinas emocionales...
Saludos bestiales.

Beastie

viernes, 1 de octubre de 2010

Antes de que cierren



He leído de todo sobre AFTER, de todo; y bien que se presta el insólito film de mi paisano (que para colmo me entero de que nació el mismo día que yo) a una inacabable y dispar ristra de adjetivos, consideraciones, escupitajos, insultos y demás cosas que hace la gente cuando ha visto algo que le ha incomodado sobremanera. Porque el cine español está carente de eso, de provocación inteligente; y porque AFTER no tiene nada que ver con el producto bien embaladito y servido al instante al que estamos acostumbrados. Rodríguez ha madurado como doscientos años desde su estimable y bienintencionada SIETE VÍRGENES, que tenía el peligro de que su autor se enseñorease en las muchas loas que recibió; nada de eso, porque AFTER casi no tiene puntos de unión con aquella pequeña historia de barrio, muchísimo menos con sus titubeantes EL TRAJE y EL FACTOR PILGRIM. Cuesta decirlo, admitirlo, pero ha tenido que ser un relato sobre la fatuidad y el vacío materialista de cierta generación a la que yo mismo pertenezco el que haya molestado (molestia necesaria, que ha de repetirse muchas veces a partir de ahora) a un montón de gente que, ni más ni menos, se ha visto cruelmente retratada en la pantalla ¿O es que las inacabables noches de discoteca y afters no son así? ¿o es que somos incapaces de admitir que nada de lo que nos rodea nos gusta ni satisface, mientras lo disfrazamos todo con un falso aroma de cordialidad? Podemos cerrar los ojos y decir que es otra historia sobre niñatos en la España democrática, pero no es lo mismo reflejar la inmadurez que dar lecciones de madurez cuando eso es lo inmaduro. A mi juicio, Alberto Rodríguez acierta de pleno y sólo tiene algunos resbalones, como el énfasis en los aspectos más disparatados; pero la tremenda oscuridad de lo que se cuenta termina por imponerse y se nos van poniendo los detalles con cuidado, para que seamos nosotros quienes veamos este viaje al fin de la noche como lo que es: un certero vistazo a lo que hemos terminado por ser, una vez nos hemos concienciado (y aceptado) de nuestra derrota. Quien sólo vea los corazoncitos de los chinos brillando en la oscuridad de un after es que no ha visto absolutamente nada.
Saludos para después.

The aftermath

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!