martes, 31 de enero de 2017

Un animal de la pantalla



Y dándole toda la vuelta a la frase más famosa de ELEPHANT MAN, es cierto, se ha ido uno de los animales cinematográficos más grandes de todos los tiempos. Un actor que, en la línea de los James Stewart o Jack Lemmon, hizo de la normalidad su propia excepción. Palabras mayores, porque hablamos de Sir John Hurt. Y simplemente no podemos abarcar la miríada de títulos que compone la filmografía de este ACTOR, así, con mayúsculas, pero, sabiendo que lo más destacable, por pura lógica, ya ha aparecido por aquí, vamos a intentar dar un par de pinceladas en los próximos días. Y como esto no se lo salta un galgo, y además era la que se me había quedado atrás de Lynch, no puede haber un solo cinéfilo de bien que pueda soslayar la sobrecogedora actuación de Hurt interpretando al desdichado John Merrick, capaz de atravesar kilos de prótesis y maquillaje para ofrecer una lección de humanidad tan grande que ni siquiera el habitual exceso del propio Lynch pudo quedar por encima. ELEPHANT MAN es John Hurt, el resto es apenas un accesorio de lujo, un reparto impresionante puesto en manos del gran enfant terrible de Hollywood. Y eso que secundaba un magnífico Anthony Hopkins, antes de habitar él mismo el Olimpo; y que la fotografía de Freddie Francis es una masterclass sobre la correcta utilización del Blanco y Negro. Y, ya digo, Lynch comedido (en la forma en que Lynch puede ser comedido), y hasta clásico, creando una atmósfera que huele a Lang y a Siodmak, y minimizando sus obsesiones estéticas para que no interfieran en un relato suficientemente potente e impactante. Una historia de soledades, de incomprensión y compasión, y una película que ha sobrevivido dignamente al paso del tiempo, colocándose como uno de esos clásicos atípicos que Hollywood nos regala de vez en cuando (no olvidemos que fue producida nada menos que por Mel Brooks). Para la Historia del cine quedará esa imagen icónica, quizá la que nos enfrenta a lo peor de nosotros mismos cuando rechazamos irracionalmente lo que no alcanzamos a comprender, la del hombre acorralado que reclama su humanidad a gritos, con la desesperación y la ternura que Hurt inyectó en vena de su personaje.
Una barbaridad.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!