jueves, 27 de junio de 2013

El límite de la moral



En absoluta contraposición al film reseñado ayer, Julien Duvivier se propuso filmar en VOICI LE TEMPS DES ASSASSINS..., y bajo la apariencia de un thriller de lo más clásico, un complejo estudio sobre la maldad humana cuando ésta se sirve de una absoluta amoralidad. Si creen haberlo visto todo en cuestión de películas con personajes engañosos, desde luego que este tremebundo film se lleva la palma, y sobre todo el personaje magistralmente interpretado por Danièle Delorme, que pasa en apenas un par de gestos de ser un ángel encantador a ser la persona más despreciable que uno podría echarse a la cara. La trama gira en torno a un maduro cocinero, dueño de un restaurante, que se enamora perdidamente de la joven Catherine, que poco menos le pide que la acoja, al haberse quedado huérfana y haberlo perdido todo. Contar demasiados aspectos de la película puede llegar a ser contraproducente, pues uno de sus mayores logros consiste en la maestría con la que Duvivier va tejiendo las relaciones entre unos personajes que nunca son secundarios, sino que aportan exactamente lo que esta sórdida historia sobre venganzas, traiciones y desengaños necesita para que nos enfrentemos, aquí sí, al lado más oscuro de los seres humanos. Pero sí me gustaría resaltar el excelente trabajo del gran Jean Gabin, que compone también un personaje tan contradictorio como lleno de humanidad. Cuesta trabajo imaginar lo audaz de la propuesta de Duvivier nada menos que en 1956, lo que hace de este fabuloso film una experiencia tan estimulante como finalmente aterradora.
Saludos veraces.


2 comentarios:

PH dijo...

No la he visto, pero tal como la describes, como complejo estudio sobre la maldad humana, de perversión y amoralidad límite, de experiencia estimulante y aterradora, cuando se citan estos ingredientes, a mí solo se me viene a la cabeza la película que se llevó la palma en estas cuestiones: El Silencio de los Corderos (o de los Inocentes). Y no tendrán nada que ver, claro.

Saludos.

dvd dijo...

No, no se parecen mucho, aunque el papel de la chica es tan ambiguo y amoral como el propio Hannibal Lecter. O, si nos ponemos, más cercano a aquel Ripley ideado por Patricia Highsmith.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!