jueves, 13 de septiembre de 2012

Hacia el Otoño...



Es cierto que sobre casi todo el cine de Woody Allen planea la sombra de Ingmar Bergman, aunque no lo es menos que esto es más notorio en según qué títulos. Me acuerdo ahora mismo de ANOTHER WOMAN, BROADWAY DANNY ROSE o INTERIORS, que evocaban al maestro sueco en sus diferentes vertientes, aunque todas pasando por su particular manera de entender el existencialismo, la insignificancia humana y la perpetua dualidad entre el bien y el mal, lo correcto y lo prohibido. De todas, una de las que más me gustan es SEPTEMBER, que no entendí muy bien la primera vez que la vi (era un adolescente), pero que, Bergman mediante, pasa por ser un buen aperitivo (entremés) para ir directo de cabeza a, por ejemplo, BERÖRINGEN (LA CARCOMA) o SCENER UR ETT ÄKTENSKAP (SECRETOS DE UN MATRIMONIO), sin obviar, por supuesto, SARABAND. En SEPTEMBER, Allen nos propone un juego de equívocos que no es tal, sino que simplemente oculta las frustraciones y miedos de un grupo de personajes  que prefieren mantener los trapos sucios en el armario, pero cuyas emociones estallan por los aires cuando las verdades se hacen evidentes delante de sus narices. Lane, que no sabe qué hacer con su vida, está enamorada de Peter, que finge ser escritor y bebe los vientos por Stephanie, que está casada. Al mismo tiempo, se nos sugiere otro amor, el de Howard por Lane, que es amigo de la familia, pero que es mucho mayor que ella; y la esfinge que todo lo observa y controla con un falso sentido del laissez passer, Diane Fraser, madre de Lane y olvidada estrellita del Hollywood "errolflynniano", que vive un tardío romance con Lloyd, físico espacial y rendido amante. Todos se dan cita en la casa de verano de Vermont, propiedad de Lane, y de la que nunca veremos los exteriores, de hecho, la única noción del exterior es la tormenta que no cesa durante la noche en la que transcurre gran parte del film. La habilidad del Allen guionista es no embrollarlo todo ni hacerlo caer en la típica comedia de enredos, sobre todo porque la angustia y la pesadumbre se respiran desde los primeros instantes, en los que los personajes se presentan a sí mismos con inusitada agilidad. SEPTEMBER no es lo que parece, es teatro filmado, pero su buen uso del fuera de campo le da empaque y proporción, y uno se pregunta cómo es posible que Woody Allen siga prefiriendo filmar fruslerías en el ocaso de su carrera, en lugar de apostar por un órdago sin nostalgias. Al fin y al cabo, Bergman lo hizo.
Saludos a mediados de mes.





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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!