Desconozco la impresión que pudiese causar, en su momento, BEHOLD A PALE HORSE en el público norteamericano. La historia de un maquis catalán (al menos la novela de Emeric Pressburger está inspirada en Francesc Sabaté "El Quico"), que lleva veinte años exiliado en Pau, sin ganas de cruzar la frontera, donde le espera un capitán de la Guardia Civil, que se la tiene jurada desde entonces. Ni la llegada del hijo de su mejor amigo, pidiéndole venganza por el asesinato de su padre, consigue inmutarle, hasta que recibe la noticia de que su anciana madre agoniza, y empieza a pensar en volver clandestinamente. Sea por lo chocante de ver a Gregory Peck holgazaneando en el exilio ataviado como David Uclés, pimplando chatos de vino con morcón, o irnos a la España del 59 para encontrarnos con Anthony Quinn enfundándose un tricornio y rejoneando toritos, mientras Omar Sharif hace de... ¿cura traidor al régimen?... Sí, todo muy surrealista, pero lo más extraño es la estructura de esta película, verbigracia del sincopado guion de J.P. Miller, del que se adueña Fred Zinnemann, de alguna manera emulando(se) en su gran obra maestra, SOLO ANTE EL PELIGRO. En ambas, el héroe no es tal, se resiste a serlo, deambulando, consciente de su debilidad ¿Una película americana sobre la Guerra Incivil con ínfulas de Antonioni?... No creo que tanto, pero es única en su especie.
Saludos.

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