Una vez más, el tiempo en pantalla de Manolo Solo es pequeñísimo, ínfimo; una anécdota en las robustas, oceánicas dos horas y media de ese mamotreto intragable que fue, es y será BIUTIFUL. Curiosamente, lo único salvable, porque ahí, muy al principio, el personaje interpretado por Javier Bardem es informado de que tiene cáncer, uno muy agresivo e inoperable. Bueno, puedes hacer muchas cosas con todo el tiempo restante (el de la película, no soy tan frívolo), desde un drama lacrimógeno a un alegato social, básicamente porque le has echado el tiempo encima a tu protagonista absoluto, lo has sentenciado. Y me limito a narrar: Uxbal es un tipo que tiene la custodia de sus dos hijos, porque su mujer está chalada; su dedicación es sacarle dinero a los chinos para financiar a los negros que venden en la calle, previo unto a la policía correspondiente. Ah, y en los ratos libres va a velatorios, porque Uxbal habla con los muertos... Y todo filmado como si hubiese que revolcarse en la mugre, porque esta mugre es digna, queda impuesta desde la altura moral (atención) de una enfermedad terminal.
Tus huevos gordos, Iñárritu.
Saludos.

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