martes, 23 de febrero de 2021

La vida de los parásitos


 

Como si de un reverso tenebroso de la película de Bong Jong-hoo se tratara, la directora Miranda July retrata el día a día de una familia que quizá sobrepase los límites de lo disfuncional. Padre, madre e hija se dedican literalmente a rapiñar cualquier cosa a su alcance, desde el acceso a giros postales o la falsificación de productos que nunca compraron. Más que personas parecen insectos carentes de emociones, con los cinco sentidos ocupados las 24 horas en la subsistencia mediante cualquier cosa que no implique un trabajo estándar. Incluso es sorprendente el sitio donde viven, aún más descacharrante que en el film coreano, ya que se trata de las oficinas abandonadas tras una fábrica, por cuyas paredes se filtra el sobrante del producto químico manipulado, por lo que puntualmente han de estar allí para limpiar la sustancia invasora. El resultado es KAJILLIONAIRE, un marciano pero muy emocionante acercamiento a esos límites que jamás vemos, pese a tenerlos frente a nuestras narices. No hay ninguna explicación sobre la forma de actuar de esta familia (si no estuviesen siempre juntos ni los llamaríamos así), pero July va dejando inteligentes pistas entre sus quejas y disputas, sus rituales diarios o su incapacidad para mostrar emociones ordinarias. A lo largo del film, que transcurre en Los Angeles, hay varios terremotos, ante los que actúan como si fuera el fin del mundo; pero lo que realmente sacude su precaria existencia es la repentina integración de una joven que parece estar en su extremo emocional.
Las interpretaciones de Richard Jenkins, Evan Rachel Wood, Gina Rodriguez y una irreconocible Debra Winger, se quedan durante mucho tiempo en la retina, y moldean con maestría esta fábula desencajada sobre el callejón de atrás que para muchos es la única vida que llegan a conocer, mientras el mundo sigue girando con indiferencia recíproca. 
Su parte final merece ser revisada con atención, por elocuente y hermosa.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!