viernes, 20 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #32



... Sí, maldita sea... THE TERMINATOR, o cómo la memoria sentimental nos puede jugar una mala pasada, haciéndonos creer que "aquello" era una tremebunda superproducción con todos los oropeles y engastes que uno podría presuponer a una historia que nos cuenta cómo un robot de apariencia humana viaja al pasado para matar a la (futura) madre del líder de la resistencia contra las máquinas... Así que máquinas que se rebelan, rayos láser, esqueletos metálicos y viajes en el tiempo, y todo con la apabullante presencia de un Arnold Schwarzenegger en el punto más alto de su carrera. Pero no, porque THE TERMINATOR es un estupendo ejemplo de serie B bien entendido, con unos efectos especiales ingeniosamente artesanales y dosificados en base al presupuesto, y que obtiene gran parte de su encanto por suponer una fábrica de clichés, la mayoría involuntarios, pero que hicieron que miríadas de pálidos imitadores se lanzaran a copiar el formato sin fortuna alguna. Luego es verdad que vino lo que vino, con mayores posibles y el respaldo de un taquillazo para construir una franquicia que acumulaba lustre y perdía originalidad. A partir de aquí, James Cameron dejó de parecer un émulo de Roger Corman y erigirse en enésimo reinventor del cine de ciencia ficción; lo malo es que se lo creyó demasiado, y que luego se le vieron las carencias como director de otras cosas... Ustedes saben...
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!