lunes, 23 de octubre de 2017

La dignidad habla por sí sola



Ha muerto Federico Luppi, uno de esos actores que han hecho grande y universal su profesión y uno de esos "grandes" que no admiten paliativos ni medias tintas. Un actor con mayúsculas, con una capacidad de transmitir emociones contenidas que están al alcance de unos cuantos privilegiados. Luppi nunca necesitó del aspaviento ni del histrionismo, sino que le bastaba su mirada clara y su palabra para hacernos cómplices de las vicisitudes de sus personajes, a menudo aplastados por el peso de a injusticia, pero que distaban muchísimo del arquetipo del héroe norteamericano, y se alineaba más bien con ese hombre común que sólo encuentra una manera de luchar y sobevivir: continuar con su vida con paz y dignidad. De la dignidad, para hablar de ella, el director Adolfo Aristarain encontró en Luppi el aliado perfecto, casi su alter ego, construyendo a cuatro manos a ese common man que se atreve a desafiar a los poderosos, los corruptos, quizá con un punto algo quijotesco, pero nunca exagerado. TIEMPO DE REVANCHA supuso, en 1981, la primera piedra de toque para el tándem, significativo por cuanto Aristarain se despojaba de la impersonalidad de sus comienzos y afrontaba la oportunidad de poner en imágenes un guion propio y que tocaba un tema incómodo y escabroso. La historia comienza con Pedro Bengoa, un ex-sindicalista de orígenes vascos, que, agobiado por una precaria situación económica, busca trabajo en una gran empresa de explotaciones mineras, pero los abusos cometidos por los dirigentes culminan con la evitable muerte de uno de los trabajadores. Es entonces cuando empieza la gran lucha interior de Bengoa, que se debate entre urdir un plan para cobrar una indemnización o usar el mismo plan para demandar a la empresa y acabar con sus corruptos cimientos. La película puso en el disparadero internacional a su director y actor principal, recibió numerosos premios y reconocimientos, y a día de hoy sigue siendo uno de los más firmes ejemplos de cómo se pueden aunar la crítica social y la altura cinematográfica en un film.
Y hoy tan sólo le decimos "hasta luego" a Federico Luppi, pues otros títulos importantes van a aparecer esta semana en su homenaje, siempre humilde, peo siempre merecido.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!