martes, 8 de diciembre de 2015

Ingenio y locura



Entiendo las reservas para gran parte de los espectadores actuales (primando los de menor edad) a la hora de abordar una película que base todo su potencial en la modulación del discurso a través de su guion; en una época dominada por la explicitud de las imágenes, el relato oral se ha convertido en una rareza poco aceptada, y casi una demostración de debilidad. Nada puede hacerse comparativamente cuando millones de píxeles derriban un edificio o puede recrearse a un ejército de un millón de hombres, todos debidamente uniformados... (sigh!). El reto es, ahora, lograr mantener a un espectador de este tipo pegado a la pantalla durante todo un metraje con una película que está hecha (literalmente) por dos personas; escrita e interpretada por ellos dos. Podríamos entenderlo si nos vamos a Truffaut, Sang-soo, Linklater y otras luminarias que han hecho de la economía de medios su recurso primordial, pero todo se complica mucho más cuando Patrick Brice y Mark Duplass, punta de lanza de eso tan inasible llamado mumblecore, han hecho con CREEP una película de terror... que además da miedo de verdad. Y todo con un face to face que no siempre sale bien parado (siempre mejor Duplass), pero con un guion tan retorcido, extraño y escabroso que uno no puede dejar de fruncir el ceño por si han equivocado el género. Pero no. CREEP, que fue presentada en Sitges en 2014, es una historia dentro de una historia que va a desembocar en otra historia que quizá sólo existe en la mente de uno de los dos personajes, lo que finalmente desestabiliza al otro personaje, y a nosotros de paso; una especie de cruce marciano entre LA SOGA y la serie de Ripley, con parafilias, soledades, secretos desvelados casi como una liberación, máscaras de lobo y la certeza de que, por muy extraño que nos parezca todo, todo lo que vemos nos podría pasar a nosotros mismos alguna vez... Y eso da muy mal rollo. E insisto: está tan bien escrita que lo de la cámara en mano se puede perdonar, pese a tener dos o tres momentos simplemente ridículos y absurdos por culpa de dicha limitación, que da empaque pero resta credibilidad.
A Duplass ya lo conocíamos, y el muchacho se va haciendo notar lentamente...
Recomendable y sorprendente a partes iguales.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!