jueves, 1 de octubre de 2015

Luz y espacio



... Que dice Jean Becker que lo de la Nouvelle Vague, que no vale oiga, que es malo y nocivo y que era mejor Fernandel... O Louis de Funes, vaya usted a saber. Me pregunto si en ese plumazo que derriba el acontecimiento cinematográfico europeo más importante de la historia también estaba incluido el que, sin pertenecer a ella, es considerado padre putativo y deontológico del movimiento, Robert Bresson. Lo digo porque vi hace poco una película que es demostrativa de cómo el auténtico valor de un cineasta queda reflejado en los trasvases y referencias que otros artistas van recogiendo y empleando para conformar su propio discurso. LA SAPIENZA es una especie de Bresson timidillo, sin demasiado convencimiento de desatar su influjo y confiando en que el espectador avispado sea capaz de desentrañar toda la honestidad con la que su director, el muy interesante Eugène Green, expone su historia, que sencillamente habla de cómo nos sentimos pequeños e impotentes ante la magnificencia que no podemos ni tan siquiera reproducir, imposibilitados por tanto para crearla. Es una historia de arquitectura, escultura, pintura, música, cine... Pero también es una historia sobre las personas, sobre cómo seguimos siendo imbéciles, aun cultos, recluidos en nuestra cáscara de confort temporal, mientras la maravilla del mundo se despliega incesante, sin que lo notemos excepto en esas contadas ocasiones en las que, por ejemplo, un genio descreído y apático descubre que el único sentido de su existencia es tener la oportunidad de legar su conocimiento a un joven que sí está preparado para aprender.
Es una buena palícula, con una fotografía excepcional y un uso de la música maravilloso, pero adolece de una lentitud que su director no maneja bien, aunque el consciente "modelaje" de los actores afloje (afortunadamente), evitando así convertirse en un remedo de ese señor que según Jean Becker era un patán que no quería que la gente viera películas... En fin.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!