martes, 27 de octubre de 2015

Con nueve basta



Bueno, seguimos con reverencias obligadas en este recorrido, mal que nos pese. Dos grandes damas del cine han fallecido recientemente, si bien es necesario señalar que sus trayectorias y andanzas han sido tan dispares y contrarias que parece casi un alargue innecesario solaparlas en el tiempo y el espacio. A una la tienen (y la tendrán durante un buen tiempo) en la cabecera del blog, y es prácticamente seguro que acabará monografiada; la otra ha sido una de las estrellas más rutilantes y míticas (con "M" mayúscula) del Hollywood clásico. Sí, porque se nos marchó nada menos que la señora Doña Maureen O'Hara, y esta semana va a estar por entero dedicada a la irlandesa, de cabellera de fuego y ojos del color de la esmeralda, que hizo tambalearse, entre otros, a John Wayne. No era fácil enfrentarse a una mujer, gran actriz, que igual aparecía todo candor y feminidad, que se enfundaba en unos pantalones y, apenas con una contorsión de aquellos labios inagotables, de Afrodita pasaba a Medusa, cuya seducción petrificaba. Absolutamente literal.
Paso de hagiografías, y eso que hoy está más justificado que nunca, pero siempre he preferido anexionar por la entente de la competencia. Yendo de atrás hacia delante (porque sí), o ya no sé si es al revés, uno de los últimos papeles con peso que O'Hara ofreció fue el de esposa y multimadre, abnegadas ambas, de un Henry Fonda en plan hillbillie en SPENCER´S MOUNTAIN, un flojo panfleto pro-familia y pro-valores nacionales que hubiese hecho las delicias de un Fraga Iribarne o un Gironella. Pero eso es aquí, y allí vendía lo que a John Ford siempre le salía tan bien, que era mezclar drama, comedia y aventuras con personajes de una pieza, que eran el estandarte de una lucha social bien entendida y que empezaba por los valores de uno mismo. Desgraciadamente, hablamos de un Delmer Daves menor, muy alejado del brío de sus maravillosos westerns y lastrado por tener que explicitar constantemente lo magnífico que es ser pobre, ignorante y con nueve hijos, levantarte a las cuatro de la madrugada para empezar la jornada de 16 horas y aún tener tiempo para emborracharte, pellizcarle el culo a tu pelirroja e intentar convencer a tu hijo mayor de que la universidad es un asco... Lo que no entiendo es por qué la tradujeron aquí con el sugerente título de FIEBRE EN LA SANGRE... Hombre, hay una escena en la que entregan alegremente a una vaca al semental de turno, ante la sonrisa de los ganaderos, y lo cierto es que hay una tensión sexual no resuelta sobrevolando su extenso metraje, pero está tan superficialmente abordada que más bien parece un manual para los futuros casaderos. Sí, sé que la buena Maureen tiene títulos mejores, pero me he dado cuenta de que los más grandes (ustedes saben cuáles son) ya los había comentado; aun así, prometo que este pentahomenaje no puede hacer más que remontar. Una gran estrella de Hollywood no merece menos...
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!