sábado, 27 de abril de 2013

Luces y sombras de la civilización



Antes de empezar, y teniendo en cuenta que dejaré aparcado el western (al menos de forma intensiva) durante un tiempo, tengo que decir que me lo he pasado bomba revisando y descubriendo este género, que es "El Género". Y ahí queda dicho prácticamente todo. Y para terminar (o casi), he elegido un título que me encanta, una de esas películas que nunca han logrado poner de acuerdo a nadie y que pocas veces es recordada, ni en la excelente filmografía de su director, ni como lo que a mí me parece que es: un acontecimiento. Y por muchos motivos, porque CIMARRON aglutina inteligentemente casi todas las constantes del western y lo utiliza con el loable propósito (sólo vislumbrado ya en su parte final) de explicar cuál fue el punto exacto en el que un mundo dejó definitivamente paso a otro. Anthony Mann, con su extraordinario sentido de la conjugación, es capaz de panoramizar grandes espacios con momentos de absoluta intimidad, y para ello se sirve del infatigable esfuerzo de un Glenn Ford en plena forma, cuya creación de Yancey Cravat, todo integridad y obstinación, abarca desde un antiguo pistolero que ansía convertirse en propietario de un terreno en Oklahoma (en una brutal y espectacular carrera de miles de personas), funda un periódico junto a su abnegada esposa, se marchará varios años como soldado fuera del país y terminará casi como empezó, sin un centavo pero poseedor de una vida plena y honesta, mientras que  los pobres diablos a los que ayudó desinteresadamente se han convertido en ambiciosos políticos y terratenientes sin escrúpulos. CIMARRON es, por tanto, un amplio fresco de un tiempo y un lugar, pero sería difícil juzgar si Mann se interesaba más por la historia con mayúsculas o la que cinceló Cravat con unas minúsculas mucho más refulgentes... Aquél al que llamaban Cimarron.
Por cierto, inolvidable música de Franz Waxman... No se la pierdan.
Saludos pioneros.

4 comentarios:

miquel zueras dijo...

Hace bastantes años que la vi. Espectacular la carrera de caballos en la que compiten por conseguir tierras. Creo recordar que un colono apenas consigue salir de la meta pero clava un banderín y dice: "¡Pues yo me quedo aquí!". Yo esperaba que luego encontrase petroleo.
Saludos. Borgo.

David dijo...

Jo! Esta la vi de niño y me gustó mucho. La revisité años después y me siguió gustando. No recordaba que era de Mann... Aparte de western tiene un aire como a melo de Sirk (hala, qué burradas suelto (jajaja)". Vamos, que no es un western de acción...sino lo que tú comentas. Recuerdo lo del petróleo y lo de la carrera, y lo de la chica con el fusil defendiendo su parcela... ay... a ver si la reviso.

PH dijo...

Entiendo que será un reposo al que es -y coincido- el género más canónico.
Volver a ver unas (revisar me viene largo), por primera vez otras, anotadas algunas y recurrentes las demás, ha sido un grato paseo con estos héroes y antihéroes, vinculados a la lejana o cercana naturaleza extrema y radical a la que sacan todo su provecho; personajes que dibujan todos los perfiles humanos posibles, destacando, como no puede ser de otra manera, la del héroe romántico. En fin, la aventura de vivir vital y cinematográficamente de muchos hombres, menos mujeres, que hacen, todos, mejores a los que son sus amigos y peores a los enemigos.
Y con BS´s que vienen solas al silbido cuando se ubican.
Hau (saludos).

dvd dijo...

Es una película rara, que abarca muchas cosas, aunque no por ello apriete poco. No suele aparecer en las grandes antologías (por delante siempre está la que ilustra la cabecera de este blog), pero a mí me parece un peliculón dirigido con mano maestra. Y Glenn Ford está...
Un saludo a todos...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!