lunes, 22 de abril de 2013

Amistad y valentía



Quizá sea DANCES WITH WOLVES una de las películas de las que más se ha escrito en las últimas dos décadas; exponer los motivos es agotador, infructuoso y completamente desfasado. No voy a añadir casi nada nuevo a todo lo que se ha dicho, ni a lo bueno ni a lo malo; pero sí me gustaría poner de relevancia cómo una película tan grande (en muchos sentidos lo es) se aprovecha, curiosamente, de la inexperiencia, y por tanto arrojo, de su director. Kevin Costner es un actor normalito, pero que se ha crecido cuando le han dirigido con fuerza (sus dos grandes papeles los tuvo con Oliver Stone y Clint Eastwood), y en esta épica aventura de tres horas (aunque la versión que he visto recientemente roza las cuatro), el hecho de filmarse a sí mismo (y mucho, por cierto) no le resta empuje para plasmar lo que finalmente desea. Esto es: una superproducción a la antigua usanza, tramposa y bella, embaucadora e inolvidable; uno de esos films que, de una manera u otra, han quedado grabados en el sentir popular para siempre y al que la crítica nunca ha atacado especialmente. Ahora que son muchos los que parecen haber descubierto el cine "de imágenes" en un Terrence Malick agotado y agotador, no estaría mal poner en su sitio el espectacular trabajo de fotografía desplegado por Dean Semler, capaz de cromatizar un campo que parece no acabar nunca y armonizarlo con una narrativa que jamás cae en la vacía contemplación de sus hallazgos y que se complementa gozosamente con la absorbente partitura de John Barry, otro de los puntos fuertes del film. Costner filmó como los grandes clásicos, sin fisuras aparentes y anteponiendo la honestidad de su propuesta (incluso bordeando el ridículo) a caer en la tentación de un inacabable muestrario de habilidades técnicas. Se podrá discutir si su mensaje es naif, si los actores eran los más adecuados, el porqué de no incluir a ningún otro gran nombre que pudiese hacer sombra a un Kevin Costner omnipresente; efectivamente, pero no es menos cierto que estamos ante una obra que (eso sí, a empellones) logra algunos momento de una emoción que actualmente es casi imposible rastrear ¿Que Paul Thomas Anderson demuestra que con un gran presupuesto es un creador más maduro? Sí, por supuesto; pero DANCES WITH WOLVES es como ese tío que venía a nuestro cumpleaños y nos colmaba de historias extraordinarias. Un tío al que, por cierto, ya hace demasiado que no vemos...
Saludos en paz.

5 comentarios:

fiona dijo...

Es una de mis películas favoritas.

Y siempre lloro en dos escenas: cuando le disparan a calcetines y cuando se van del campamento y Cabello al viento le grita desde lo alto que es su amigo...

Snif.

1besico!

dvd dijo...

La música de John Barry ayuda lo suyo...

miquel zueras dijo...

Me gustó sobre todo la primera mitad, las escenas como cuando Cotsner se entrevista con un superior que ha perdido la razón -muy estilo Ambrose Bierce- y cuando los indios matan al guía que sólo se preocupa de su caballo. La segunda parte destila -para mí- demasiado tufo de película recoge-Oscars.
Saludos. Borgo.

dvd dijo...

Bueno, es que esa es una escena magistral, casi de Kubrick e interpretada por un fabuloso actor canadiense, Maury Chaykin, ya desaparecido, que tiene un asombroso parecido con Charles Laughton. Es de los pocos momentos "de anarquía compositiva" en un film, es cierto, excesivamente encorsetado en su carácter academicista. Es un problema con el que los cineastas actuales deben lidiar y que a los grandes maestros clásicos no les preocupaba en absoluto... ¡que inventaran otros! Yo me quedo con la sensación de que son cuatro horas bastante coherentes y sin grandes fisuras...
Un saludo.

Mr. Lombreeze dijo...

Coincido con miquel.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!