viernes, 1 de julio de 2011

Un chiste difícil



El otro día alguien me preguntaba cuál era la película más extraña que había visto últimamente; nada de extravagancias lisérgicas directamente extraídas de décadas pretéritas, sino algún título reciente, preferiblemente de cierto corte comercial. La pregunta se las trae, pero sí, siempre hay de eso en el cine norteamericano, así que me acordé de una peliculilla que vi una aburrida tarde de hace dos o tres meses y que atendía al poco esclarecedor título de THE MARC PEASE EXPERIENCE. El bisoño Todd Louiso no sabe exactamente cómo llevar las riendas de esta comedia sin gracia y bucea en las constantes de filmografías ajenas para terminar facturando un batiburrillo de géneros que no llegan a conectar entre sí. Invocando la sorna de Wes Anderson, el frikismo militante de Jared Hess o la mordacidad de Ben Stiller, para el que queda reservado un papel protagonista, se nos cuenta un improbable relato de superación personal a cargo de un Jason Schwartzman que otras veces estuvo un poco mejor que aquí (atención al terrible peinado) y que encarna a un tipo que recuerda con nostalgia cómo se quedó a las puertas del triunfo... ¡en una obra musical del instituto!... ¡El Mago de Oz...! Como todo cabe una vez perdidos los papeles, ahora resulta que este tipo conduce limusinas y lidera un improbable grupo "a capella" (ver foto); cuando descubre que su joven novia se ha liado con el tipo que le dejó fuera de aquella obra maldita, que además sigue montando obras de instituto como si estuviera en Broadway, entrará en un proceso depresivo que llevará incluso a su grupo musical al borde de la desaparición.
Sí, ya sé que no se han enterado de nada, o peor, que no saben cómo engarzar las piezas. THE MARC PEASE EXPERIENCE podía haber sido un film interesante, no por el camino cómico, sino por el de una saludable reivindicación nostálgica, la que afecta inevitablemente a los que vivimos los estertores de la representación en directo y de inequívoco espíritu amateur. Nada de eso está en este cúmulo de despropósitos, donde sólo brillan (mínimamente) un par de momentos de subversión de ese marciano exquisito que atiende al nombre de Ben Stiller.
Saludos experimentados.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!