lunes, 18 de julio de 2011

¿Cómo están ustedes?



Los payasos tienen esa dualidad, siempre en el alambre, de ternura/gracia y misterio/terror; unos personajes salidos de ninguna parte, de los que no se sabe nada y que, bien mirados, desprenden una violencia intrínseca, muy parecida a la infantil, que le encanta a los niños pero suele descolocar a los adultos de vida ordenada. Algo así es BALADA TRISTE DE TROMPETA, que tiene su parte de despropósito y su parte de genialidad; la película con las mejores actuaciones de todo el cine de de la Iglesia y con el peor guión, curiosamente el primero que no firma Guerricaechevarría, y que deriva todas y cada una de las buenas intenciones del desarmante arranque (Fofito en plan violento incluido). Es esta una película que no deja satisfecho a nadie, y eso es un mal asunto para un director que busca desesperadamente la fuente de la madurez y que ha creído hallarla en una imprecisa vuelta a los orígenes. En la retina, EL DÍA DE LA BESTIA y MUERTOS DE RISA aportando órganos vitales a un monstruo de Frankenstein muy bien maquillado, pero carente por completo de un corazón que le dé emoción y un cerebro que le dé sentido. Con todo, contiene momentos memorables, como el estrafalario reclutamiento con el que comienza y un Santiago Segura irreconocible, o una escena en un restaurante que probablemente sea lo más cerca que el director vasco ha estado de rodar cine de altura, con diálogos y eso; algo a lo que contribuye decisivamente Antonio de la Torre, decididamente uno de los actores más grandes que tiene este país a día de hoy, capaz, efectivamente, como un payaso, de hacer reír y provocar pavor, y encima resultar creíble. Carlos Areces, conocido por su trabajo en Muchachada Nui, se esfuerza todo lo que puede para lograr esa dualidad, pero por desgracia se le nota demasiado que no es actor sino humorista, lo que descompensa notablemente la balanza. Ya digo, ni es tan entretenida como se supone que debería ser, ni tampoco Álex de la Iglesia se ha parado a engarzar diálogos, personajes y situaciones sin pasarlos por su tamiz personal de payasadas; es decir, que la cosa pinta mal pero sigue habiendo esperanza. Ah, lo de Raphael simplemente no tiene nombre... no señor...
Saludos moderadamente tristes.

6 comentarios:

Mr. Lombreeze dijo...

A mí me parece uno de los más horripilantes engendros cinematográficos que he visto en toda mi vida. Es un desatino tras otro. No sé ni quién ha escrito el guión ni quién ha supervisado el incomprensible montaje pero sus responsables se lo tienen que hacer mirar. Es una cosa amorfa y deslavazada. Tiene tantos tics de tantas y tantas referencias que agota. Es una tarantiniada chapucera. Grotesca.

dvd dijo...

Yo no estoy de acuerdo ni con uno ni con otro. No me parece ni tan mala ni tan buena, simplemente anodina, como esos anuncios de Ariel que cambian cada seis meses...

Dr. Quatermass dijo...

Yo me la esperaba mejor despues de lo de Berlin? y tal pero la encontré aprovechable pese al despropósito de los efectos especiales del final con ese valle de los caidos de videojuegos. Completamente de acuerdo con lo de de la Torre.

Saludicos

ricard dijo...

Bueno, totalmente de acuerdo con lo de la escena del restaurante. Yo no creo que sea una mala película; es verdad que el final es un poco cansino, pero el conjunto tiene bastantes momentos geniales, incluída la transformación del payaso triste en monstruo vengador ataviado con los símbolos del nacional-catolicismo.

Luis Cifer dijo...

En mi opinión, todo el prólogo con Santiago Segura dando machetazos es redículo, luego mejora cuando presenta a los personajes del circo pero luego no sabe desarrollar la historia y se va por los cerros de Úbeda: el gore facilón y la astracanada marca de la casa ( o delaiglesia). Mala, mala, mala.

dvd dijo...

Mi opinión es que haría bien en darle un giro pero que muy radical a su concepción del cine; el problema es si es lo suficientemente buen director para ello...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!