domingo, 4 de enero de 2026

Rincón del freak #676: ...que te van a echar el guante


 

A ver, seamos claros, que el THE RUNNING MAN de 1987 era lo que era, un vehículo ultramegaprocesadísimo y hecho a la medida de Don Arnaldo, que se lucía embutido en un hortera mono amarillo, mientras corría junto a Yaphet Kotto y un señor con gafas, por culpa de una Maria Conchita Alonso que lo putea a base de bien, provocando las dos escenas más vergonzantes de un film dirigido por uno de Starsky & Hutch, el moreno creo. Con todo en contra, un arranque cutrecillo, una presentación de personajes igual y un sentido del humor que hoy día estaría revisado con lupa, lo cierto es que el asunto mollar, el de los tortazos, mola mucho más, al ser más plan videojuego ochentero (creo que sacaron uno), con unos villanos que tenían cada uno su historia, el del fuego, el del hielo, el de los rayos, el de la sierra mecánica, dándolo todo en unas peleas previsibles pero resultonas, y que entonces eran lo más. Luego había que hacer el esfuerzo de tragarse a Schwarzenegger como cuentachistes, o flipar con los baboseos (hay que verlo para creerlo) de Richard Dawson como maestro de ceremonias de esta extraña manera de hacer una crítica a la telebasura, elevada a su máxima potencia. Aquí al menos sí salen corriendo, y además te da la oportunidad de comprobar como hubiese sido si en 2017 todos fuésemos vestidos y peinados como en los ochenta, la música se hiciese con sintes y no hubiese móviles, jeje...
Saludos.

sábado, 3 de enero de 2026

Corre, corre, corre...


 

Cosas a favor y otras no tanto de THE RUNNING MAN, la nueva adaptación que nadie pedía de otro libro de Stephen King (¿querían caldo?), en este caso remake de otro film homónimo, del que hablaremos a no mucho tardar. A favor, su director. Edgar Wright es un tipo que entiende a la perfección los tratamientos, tonos y resortes de producciones de lo más dispar. Además, les imprime su sello incluso en cosas tan impersonales como ésta. Porque no nos confundamos, si queremos ver un film revolucionario hemos errado el tiro; esto es acción, con mensaje, sí, pero acción, con volteretas, puñetazos, explosiones y malos perdiendo el tiempo como siempre. Por ahí, Wright es más que solvente, y entrega su película más comercial y palomitera; un disfrute para los que buscan dos horas de lo antes dicho, sin apreturas. Lo bueno es que Wright no puede dejar de ser Wright, y, emulando uno de esos drones en tiempo real, va trufando esta distopía (que ahora nos es hasta cercana) de perlas en forma de humor gamberro, que la salva de la mediocridad a la que podrían haber ido sus excesivas más de dos horas. Por otro lado, hay un reparto de nivel, con un protagonista, Glen Powell, que no es sólo un mueble andante, Josh Brolin como el malo retorcidísimo, Lee Pace haciendo de Némesis misteriosa y pequeñas pero vibrantes apariciones de William H. Macy o Michael Cera. Al menos sí mejora la original, pero se queda como un correcto entretenimiento, tampoco nos flipemos, que edgar Wright es muy bueno pero tiene sus cositas.
Saludos.

viernes, 2 de enero de 2026

Quien tiene un amigo...


 

"No hay mejores amigos como los que tuve a los 12 años", escribe en la pantalla Richard Dreyfuss, mientras rememora aquel fin de semana en el que, junto a sus tres mejores amigos. fue a buscar un cuerpo, el cuerpo de un chico muerto en mitad de ninguna parte. Hay pocas alegorías más hermosas, potentes y certeras en la historia del cine para describir el paso decisivo en que dejamos atrás la inocencia, para adentrarnos en una vida más monótona y predecible. Rob Reiner lo clavó en STAND BY ME adaptando (vaya semanita nos ha quedado) a Stephen King, en la que es su novela más reflexiva, y donde da rienda suelta a todos sus fantasmas sólo para exorcizarlos con ese infalible sortilegio de la amistad inquebrantable. Es ésta una película sencilla, icónica, emocionante, que ves con una sonrisa y acabas con una lagrimilla. Esa película que responde a su propia estructura itinerante, porque la historia, la excusa, es una chorrada para lo que importa, ese canto a la amistad forjada en torno a ritos, cantinelas, chistes prohibidos, evocaciones de las tetas de nosequién, historias ante una fogata y no dejar atrás al rezagado. La historia es lo de menos, porque llegar es tener que volver. Por cierto, irrepetible el trabajo de River Phoenix, Wil Wheaton, Jerry O'Connell y Corey Feldman, porque te encantaría caminar junto a ellos por aquellas vías.
Se te queda pegada como una sanguijuela al... ¡ups!
Saludos.

jueves, 1 de enero de 2026

Feliz año nuevo


 

Efectivamente, aún no por algunos meses, pero contra cualquier pronóstico, con mil historias raras, vicisitudes y dudas razonables, hemos llegado vivitos y coleando al año de la mayoría de edad de este blog; de manera paralela a la de mi hija, debo añadir, que es el motivo en la sombra de ponerse uno a teclear diariamente con más regocijo que pesadumbre. Y como la última peli que vi con ella fue THE LIFE OF CHUCK, y hoy tocaba otro paseíto por Sitges, no cabía otra. Y empiezo, claro, por el final: están tardando en ver la mejor película de Flanagan y una de las mejores del año pasado. Con una distribución que nadie ha aclarado, pero que la ha mantenido un año sin estrenarse, la película adapta un relato no especialmente brillante de Stephen King (otra vez, por Ouroboros), en el que lo más simple que podamos imaginar se convierte en una epopeya vital tan elocuente como finalmente repleta de humildad y humanidad. Una película que va de engañosa, pero qué pone sus cartas sobre la mesa desde el principio, sin trampas de guion ni truquitos cuquis de última hora, para nada. Está dividida en tres actos, pero no por solemnidad narrativa, sino porque así se entiende mejor lo que se cuenta, y lo que es más importante, permitimos que nos cale y mida cuánta empatía intacta nos queda en este mundo de farsantes alentejados y cobardes con emblema. El primero es la historia del fin del mundo, sin más: un hombre siente la necesidad de buscar a su exmujer, mientras el planeta colapsa poco a poco. Los territorios caen al abismo, hay plagas exterminadoras y hambrunas devastadoras. Lo curioso es que no vemos casi nada de eso, excepto por las noticias, que pronto desaparecen al caer internet. Y en mitad de un caos que parece no tener vuelta atrás, proliferan extraños anuncios por todas partes, en los que se agradecen los 39 años de servicio a un tal Chuck, con pinta de gris funcionario, pero nadie sabe quién diantres es. En el segundo, conocemos a Chuck mientras camina, suponemos que hacia su trabajo, por un complejo comercial, y una joven que abandonó Juilliard planta su pequeña batería para intentar sacar unos dólares, pero el ambiente está soso, excepto por ese improbable señor con traje, corbata y maletín que se acerca, y que al escuchar un insignificante toque desencadena una de las escenas más bellas del cine reciente. Insisto: lo que hace Tom Hiddleston es explicarnos sin palabras la poesía de Fred Astaire o Gene Kelly en pocos minutos ¿Pero por qué haría algo así este hombre? Ni él lo sabe, pero quedará explicado en el maravilloso tercer acto, el más complejo y emocionante, en el que nos vamos hasta la niñez de Chuck, marcada por una terrible tragedia, en compañía de unos abuelos que se quedan con nosotros para siempre, y con esa gran incertidumbre flotando sobre él, y que es la piedra filosofal para entender este precioso cuento repleto de cariño y buenos sentimientos, pero que jamás cae en la sensiblería gratuita, porque de haberlo hecho seguro que se hubiera estrenado antes en este mundo repugnante e incomprensible, pero en el que tanto nos gusta vivir... hasta que desaparezca del firmamento.
Llorarán.
Saludos.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Yo te digo mi verdad


 

Yo te digo mi verdad, hermano, que digo yo que qué diantres quisieron hacer en THE LITTLE DRUMMER GIRL, aquella olvidadísima película en la que Diane Keaton (con el peor peinado de su carrera) interpretaba a una muy liberada actriz de teatro clásico que (agárrense al sillón) tras asistir a una estrafalaria declaración propalestina a cargo de un señor vestido de Gucci y pasamontañas, decide caer en sus redes, largarse a Grecia a rodar un anuncio y terminar descubriendo que el galán palestino, que estaba por allí, era miembro de una célula sionista. Yo, verán ustedes, esto es de John Le Carré, un señor pulcro hasta lo enfermizo, pero no he leído su novela, aunque se intuye que Loring Mandel, normalmente un muy buen guionista, no ha entendido nada. Aun así, más extraña es la dirección de George Roy Hill, un director capaz de maravillar y desconcertar, y que aquí parece ir dirigiendo según dónde se desarrolle la acción; en unos sitios parece una película de espías, en otra un drama romántico empalagoso, y hasta una comedia absurda. Más de dos horas para enseñarnos besos, maletines bomba, mensajes en clave y a la pobre Diane metida a guerrillera... Yo, por un momento, acabé desorientado con un film flojo muy flojo. Y con Klaus Kinski, por añadidura. Y otra curiosidad, otra vez con música de Grusin. Y dos pelis sobre dos conflictos inacabables en sólo tres días, no está mal para terminar este año y dar la bienvenida al que marca nada menos que la mayoría de edad de este blog, que tampoco es moco de pavo...
Saludos.

martes, 30 de diciembre de 2025

Superwoman no existe, pero...


 

Les vuelvo a advertir de mi poca paciencia con el tema de las series, sólo para recomendarles, si no la han visto ya (que es de 2021), MARE OF EASTTOWN, o cómo transgredir el género policíaco, vertiente asesinatos truculentos, no ya sin mutar su esencia, sino introduciendo otros tantos géneros, como el drama familiar, la comedia inteligente, el sarcasmo antirromántico, para terminar creando una fascinante y absorbente trama que, sí, crees haber visto muchas veces, pero puedo asegurar que no hay otra serie como ésta. No al menos que sea capaz de condensar tantísimas cosas en unos exiguos siete capítulos que son ya historia del audiovisual. Asesinatos, violencia familiar, sustancias a cholón, rencillas frescas, odio al diferente, odio al de fuera, odio al que saque un poquito la cabeza. El clima creado por Zobel e Ingelsby (qué maravilla tener un solo director) es más que asfixiante, es venenoso, irrespirable, cargado de unos secretos que empiezan a salir a la luz sólo tras el brutal asesinato de una joven de 17 años, que unido a una serie de desapariciones de otras tantas jóvenes crean un marco laberíntico y opaco en uno de esos apacibles pueblitos de los que el maestro Lynch nos recordaba toda la podredumbre bajo su fachada. Y luego está Kate Winslet. El despliegue de Winslet en esta serie no es de Globo de Oro, que lo ganó, sino directamente de oscar. La capacidad de la actriz británica para sostener cada recoveco de este complejísimo entramado no es lógico en el mundillo de las series, donde el peso suele quedar más repartido, pero es ella quien da sentido a todo. Es Mare, esa detective amargada, cínica pero justa, práctica pero a veces irreflexiva, con un entorno familiar ingobernable, una vida personal desastrosa y la necesidad de demostrar que puede resolver este extraño caso, aunque una chica lleve desaparecida un año y no haya una sola pista sobre ella. Me resisto a contar más, porque es una serie que es necesario descubrir a pequeños pasos, con ayención sumaria a cada detalle, por nimio que parezca. Aquí no hay malentendidos ni trampas de guion, sino uno magistralmente estructurado, estupendamente dirigido y prodigiosamente interpretado. 
Es un lujo, es un cañón y está en HBO, como si no lo supiéramos...
Monumental, y lo de la Winslet, insisto, es de no creérselo.
Por cierto, si son muy aprensivos no vean la última media hora.
Saludos.

lunes, 29 de diciembre de 2025

El principio de una corta amistad


 

Gran parte de la mala prensa que siempre ha tenido HAVANA proviene, supuestamente, de sus sospechosas y no asumidas correspondencias y similitudes con CASABLANCA. Entrar en el patio de un tótem implica aceptar las consecuencias, pero no creo que a Pollack y a Redford les importase demasiado dicha circunstancia. En este caso, la acción se traslada a la capital cubana, en plena crisis del régimen de Batista, tan sólo unos días antes de que estallara la revolución en el año nuevo de 1959. Jack Weil es un buscavidas, un jugador de póquer que sólo quiere hacer dinero, pasárselo bien y salir pitando si las cosas se ponen feas. Justo hasta que se cruza en su camino Roberta, la esposa de un médico revolucionario, de la que queda hechizado, momento en el que todos sus planes empiezan a toparse, por primera vez, con la cruda situación del país. Es cierto que la química entre Robert Redford y una gélida Lena Olin no sea la más epatante, o que uno tienda a dudar de que un jugador profesional ponga en riesgo su vida en varias ocasiones por una mujer, por lo que se sugiere (lo que es menos verosímil) una supuesta adhesión a la causa. El único motivo por el que me parece un film correcto es la convicción con la que Redford impone su propio magnetismo al personaje, convirtiéndolo en un camaleón indescifrable y autosuficiente, pero que revela, ya al final, un código de honor insospechado. Un personaje, si se quiere, aún más díscolo que el de Bogart, pero que siempre sabe "jugar sus cartas".
Por cierto, si la ven díganme a qué otra banda sonora les recuerda la de Dave Grusin, o me estoy volviendo loco...
Saludos.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Rincón del freak #675: El principio lo explica todo


 

Cuando no tengamos a Stephen King (entérense, insensatos), sabremos la sensación de quedar huérfanos, o como te falta un miembro (el que sea) que siempre estuvo ahí. Por eso, aprovechémoslo, celebrémoslo, regodeémonos en su inacabable universo y dejémonos de gilipolleces como que MAXIMUM OVERDRIVE es una puta mierda. Yo digo ¿y qué? Si en alguna corrida (de toros) indultan algún astado, yo digo que en peores plazas hemos toreado, y que esta peli es una ida de olla hecha por la cara, en "máximo" estado de sustancias varias, con un King que reclamaba su derecho a desolemnizarse a sí mismo antes de que cualquier atrapaliendres lo hiciese por él. Lo de menos es el guion, quién lo diría, y aquí lo que prima es la juerga barroca, con camareras empuñando bazookas, máquinas lanzando latas de Pepsi, Emilio Estévez haciéndose pasar por héroe de acción y un camión con la cara del Duende Verde, que no se puede molar más que ese camión. Como si esto fuese la antesala anfetamínica de LA NIEBLA, el grupo más heterodoxo y grasiento posible se refugia en una gasolinera, mientras los camiones los circundan amenazantes, movidos por una fuerza misteriosa proveniente del espacio. Sacar a la pobre Ellen McElduff gritandono una, sino dos veces, "¡Nosotros os hicimos!", antes de sucumbir a una simpática metralleta giratoria, es historia del cine. Pero no hay un plano más elocuente que el de apertura, donde un Stephen King en imprescindible autocameo se acerca a un cajero que le espeta un contundente "Fuck you!". En fin, pequeños, grandes y medianos, disfruten de esta epopeya del desconcierto y asistan a una de esas locuras que hoy, literalmente, no podrían hacerse... Y lo produjo De Laurentiis... Y la música es de AC/DC, que es el despiporre ya...
Saludos.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Radical libre: el cine de Lisandro Alonso 6


 

Es mejor ir a EUREKA sin grandes expectativas. Por no saber qué película te vas a encontrar, por no tener un solo asidero tangible por el que transitar una historia que deliberadamente prescinde de contar una historia, un sola al menos. El arranque es un sucio western, donde acompañamos a Viggo Mortensen con un cometido que debe ejecutar al llegar a ciudad de borrachos y criminales. No sabemos el cometido, pero sí que lo que vemos es apenas una película que se está proyectando en una televisión, concretamente en la de una oficial de policía que ejerce en una reserva sioux. En una noche particularmente dura de nevada y tormenta, se le empiezan a amontonar los casos sin que tenga ningún apoyo. Es entonces que su sobrina decide marchar, abandonar un sitio que no le gusta y donde se siente recluida. Con ayuda de su abuelo, se convierte en el imponente jaribú y emprende un largo viaje hacia el sur. Allí conoce a quienes viven en la selva, en libertad absoluta, tan sólo para comprobar que también ellos están sujetos a las mismas flaquezas e incertidumbres. Y puedo entender a quien se haya enfrentado a EUREKA, sus dos horas y media, sin el bagaje de la filmografía anterior de Lisandro Alonso, sus pistas delicadas y contundentes sobre una misma y obsesiva idea: es imposible ser libre.
Saludos.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Long live R'n'R!!!


De nuevo una desaparición completamente inesperada nos ha sacudido, nos ha cogido por sorpresa y nos hace replantearnos un par de cosas sobre lo fugaces e insignificantes que somos. Siempre ha sido Rob Reiner un director al que he tenido especial simpatía, uno de esos tipos brillantes y bonachones a partes iguales, una rara avis en ese Hollywood repleto de egos y fantasmones a cual más insoportable, donde el neoyorquino parecía trasplantado desde un mundo donde imperaban Capra y Lubitsch a partes iguales. Era esa insospechada inocencia la que hizo de sus mejores trabajos verdaderos clásicos instantáneos, films que han soportado el paso del tiempo estoicamente, sin ínfulas, demostrando que el corazón de la industria americana aún podía ofrecer soplos de aire fresco donde nadie parecía querer mirar. Le vamos a dedicar, a nuestro pesar, un merecido homenaje en las próximas semanas y que no podía abrirse con otra cosa que THIS IS SPINAL TAP. Efectivamente, el mockumentary por antonomasia, en mayúsculas; y en su cuarenta aniversario, no está de más este afiladísimo y superdivertido paseo por el anacronismo, irresistible y desarmante, de todas las gilipolleces de ese mundo repleto de niñatos inmaduros y caprichosos que es el rock y sus derivados. Lo increíble de esta película es su intención, cómo busca la complicidad del espectador sin restregarle las habituales e innecesarias sobreexplicaciones, con un resultado que sublima el mero objeto del sketch, y en mi opinión uno de los trabajos de metacine más finos e inteligentes que he visto. Nos cuenta la historia de Spinal Tap (no, no puedo poner una diéresis en una N...), un horterísimo grupo de cuarentones británicos, de dudoso talento musical, que inicia una gira por Estados Unidos para promocionar su último disco, topándose con la realidad: no les conoce ni Perry. Sin embargo, lejos de desanimarse, hacen de la necesidad virtud, y así los conoceremos, repletos de entusiasmo, compartiendo con el propio Reiner (en el papel del supuesto documentalista) su desopilante epopeya, desde sus inicios en los sesenta (como los Beatles), sus escarceos con la psicodelia (The Byrds), un trasfondo progresivo (por ahí asoman Yes o los Tull) y que ha cristalizado en unos estrafalarios heavy metal, que sería como si metieras en una turmix a Sabbath, los Maiden y AC/DC, pero con la misma destreza de un sinfonier. En apenas 80 minutos, Reiner, junto a los actores y guionistas Chris Guest, Michael McKean y Harry Shearer, que nunca estuvieron mejores que aquí, alterna las surrealistas entrevistas con los miembros del grupo con unas actuaciones que para mí son historia del cine, porque dan vergüenza ajena pero por alguna razón no puedes dejar de mirar. Por favor, si están un poco de bajona acérquense a esta patada en los cojones del star system, así en general. Y por nada del mundo se pierdan el fragmento de Stonehenge, están avisados...
Obra maestra.
Saludos.

jueves, 25 de diciembre de 2025

La vida es un cuento


 

Me parece correcto, antes de que se acabe el año, ir con la ganadora en Sitges, que no ha sido otra que THE UGLY STEPSISTER, notable cinta noruega, que desde un punto de vista tremendista ahonda en el mito de Cenicienta, trasladándolo a una problemática que no parece conocer freno: la esclavitud de las apariencias en las mujeres. Con una estética que puede llevar a engaño, y que termina siendo uno de los puntos fuertes de la película, es acertada la decisión de provocar con imágenes impactantes, pero lo mollar se encuentra en el patetismo que acompaña a la práctica totalidad de personajes, deudores de un cuento de hadas tornado en pesadilla visceral y maloliente. Ya el arranque nos pone sobre aviso, con la matriarca viuda (atención a este personaje) que cree haber encontrado el fin a sus penurias casándose con un anciano potentado, cuya repentina muerte deja al descubierto que estaba arruinado. Esto desencadena que se centre en su hija mayor, Elvira, que devora historias principescas, y en torno a la cual se orquesta una demencial operación de "cambio radical de estética", que llegará a un punto de verdadera psicopatía. Deudora del tan en boga "Body horror", la película tiene una puesta en escena cuidadísima en los detalles, con unas interpretaciones femeninas brutales y un pellizco que por momentos me recordó a grandes momentos del giallo, conformando un festín al que por momentos cuesta mantenerle la mirada, demostrando además que los clásicos lo son, precisamente, por su disposición a ser actualizados, sólo hay que ajustar el tono.
Magnífica. Tiene tres o cuatro escenas en las que puedes pasar de la sonrisa congelada a un estupor culpable.
Saludos.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Llámeme a las nueve


 

SLEEPER era el gran homenaje de Woody Allen al slapstick, convirtiendo un demencial acercamiento a la ciencia ficción, donde el personaje principal, Miles, un clarinetista aficionado al ragtime, se despierta tras haber sido hibernado 200 años después, en una sucesión de persecuciones delirantes. Allen daba vida a Miles, que se encuentra trasplantado a una sociedad supuestamente perfecta, pero donde las sensaciones han sido sustituidas por máquinas y compuestos químicos; allí se encuentra con Luna (Diane Keaton), poeta mediocre y hedonista, que le confunde con un terrorista antisistema. Sin ser el film más inspirado de su autor, si es de sus comedias más divertidas y desprejuiciadas, con un ritmo y soluciones visuales que son todo un homenaje a Laurel & Hardy o Buster Keaton, y cuya infinidad de gags tardaríamos demasiadas líneas en desentrañar, por lo que me quedo con la frase de cierre, que me parece una genialidad: "No creo en dios, sólo en el sexo y en la muerte, las dos únicas cosas que ocurren una sola vez en mi vida, y tras la segunda al menos no te ves como un desastre"...
Saludos.

martes, 23 de diciembre de 2025

Sin compromiso


 

BONE LAKE estuvo en Sitges'24, avalada por una campaña promocional demasiado grande para una película pequeña, aunque con cierta ambición comercial. Curiosamente, más de un año después, este film, deudor entre otros de "hermanos mayores" como BARBARIAN o SEE NO EVIL, sigue sin distribución en nuestro país. Con una primera parte primorosamente escrita, la aparición del nudo gordiano justo a la mitad, que desampara la aparatosa historia en un previsible callejón sin salida, es de lamentar la imbecilidad de cierta estúpida moral estadounidense, en la que por alguna razón no se puede ser ya audaz si no es desde la marginalidad. Curiosa contradicción, porque este film funciona mientras se apoya en el juego de espejos desplegado desde una premisa inicial a la que se le perdona plagiar el de la obra de Zach Cregger, esta vez con el fin de semana idílico de una pareja, que es interrumpido por la aparición de otra, aduciendo algún error en el sistema de reservas. No tan diabólica como aquélla, lo que prima aquí es la moral y fidelidad de las parejas, si lo que sienten es genuino o sólo una máscara que podría caer en cualquier momento. A ello contribuyen cuatro interpretaciones bastante correctas y un clima de extrañeza que aguanta justo hasta el momento decisivo, donde ya la suspensión de la incredulidad hace bajar enteros a un desenlace que hemos visto cientos de veces. 
Se puede ver si no se le exige más de lo que da. Bastante entretenida.
Saludos.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Multiusos y pluriempleados


 

Muy mal ha envejecido LEGAL EAGLES, aquella hibridación de comedia sofisticada, thriller inofensivo y un romanticismo que hoy día no pasaría un corte de conveniencia moral, en la que Robert Redford y Debra Winger eran dos abogados condenados a entenderse a raíz de un estrambótico caso, en el que Daryl Hannah encarnaba a una majara sexy que arrastra un trauma desde pequeñita. Sinceramente, hace falta voluntad para enfrentarse a nada menos que dos horas de acumulación continua, con Redford y Winger muy desubicados en unas escenas de comicidad inexistente, mientras Hannah hace de devorahombres en un trasfondo de galerías de arte corruptas, que sirve básicamente para encadenar las inefables escenas de juicios, mientras estos dos abogados, me pregunto con qué base, hacen de detectives, aventureros y otras cosas más indefendibles. Por poner un ejemplo, el personaje de Winger está escrito para que nos resulte graciosa una bulimia compulsiva, y Redford, ya en la cincuentena, hace de padre regular, dejando sola a su hija para beneficiarse cualquier cosa con faldas. Los locos ochenta y sonando magníficamente en la cabeza de Ivan Reitman, que era el responsable de este estropicio que sólo les recomendaría bajo su estricta responsabilidad.
Saludos.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Rincón del freak #674: Somos los niños fantásticos del Gran Hermano en la cúpula del trueno


 

Lo cuento o no van a creerme. Un tipo va por ahí en una moto que habla después de un supuesto apocalipsis nuclear o yo qué sé, porque hay buenos pinares y carreteras de primera, y luego edificios modernuquis... El caso es que la moto es insoportable, porque habla lanzando invectivas con voz de pito, aunque no me extraña porque el tipo es lo que llamaríamos un palo inexpresivo y de voz monocorde. Por cierto, la moto tira explosivos y salta por encima de los coches de unos patrulleros que simplemente están ahí parados. Luego llega a un sitio como el cielo, con viejos en túnica que le curan las heridas y le dicen nosequé de ir a un sitio. Se va con una chavala porque sí, iluminados con antorchas a través de unas cuevas donde el peligro son las arañas, una serpiente colgando y... ¡¿unos zombis!?... Felizmente alcanzan una trampilla que les da paso a un nightclub, con gente poniendo posturitas y bebidas gratis. De ahí a una fábrica de... no lo sé, pero hay guardias serios con metralletas y Donald Pleasence disfrazado del Dr. Maligno. Los amenaza, el carapalo huye con el padre de la chavala en helicóptero y la deja a ella allí, todo un caballero. Para rematar, los dos nuevos colegas convencen a un grupo heterogéneo de unas veinte personas formado por (atención) punkis, enanos, karatekas, nazis, ballesteros y una gorda comiendo pollo, de que son los elegidos para derrocar al sistema... al sistema. Así que destruyen un camión y luego cantan abrazados como en Live Aid, en una escena que se alarga hasta lo ultraincómodo. Fin. Esto se titula I PREDATORI DELL'ANNO OMEGA, por si quieren darle esquinazo...
Saludos.

sábado, 20 de diciembre de 2025

Pérdida de "itendidad"


 

Contraviniéndome, creo que el único comentario que merece un "producto" consciente de sí mismo hasta la médula como IT: WELCOME TO DERRY es aclarar a qué público va dirigido. No hay que ser muy inteligente para denominar la miniserie (que tendrá continuación) plataformera, que suple las soluciones imaginativas con toneladas de imágenes (y sonidos) estratégicamente digitalizadas, escudándose en un material original que ya en los largos (muy largos) olían a franquicia repeinada y sin partículas elementales. Esto no es el IT de Stephen King. Esto es Stranger Things mezclado con vergonzosos resultados con esa maravilla que es SINNERS, y si me apuran hasta algún asomo a las paradojas temporales de Dark o The man on the High Castle. Una lástima, porque el primer episodio prometía un terror malsano de verdad, con una escena que pone los pelos de punta y sin payaso ni nada. Lo cierto es que aquí Pennywise ha quedado mal parado, una fotocopia del de las películas de Muschietti, que creo que debería ir dejando ya los plagios y decir que son homenajes. Esto es trituradora industrial, forrar a directivos con una fórmula que ya está más que exprimida y agotada. Una serie prescindible, aburrida, mal realizada, mal interpretada y con algunos momentos que te hacen pensar si dejar de pagar la plataforma.
Más que mala, es intrascendente y cansina.
Saludos.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Llegará


Creo que no hay un título más significativo para clausurar (de momento) el homenaje que hemos ido dedicando a Claudia Cardinale que O GEBO E A SOMBRA, último largometraje de Manoel de Oliveira, que más allá de lo insólito de su circunstancia, supuso un lúcido rubricado sobre las decisiones que pueden llegar a determinar los designios, independientemente de las voluntades. En el escenario único de una habitación, a modo de modesto recibidor y salón-comedor, un minucioso contable cierra el mes de cobranza, acumulando una importante suma. A su lado, su esposa e hija, ambas intranquilas por el rumor de que el hijo mayor va a aparecer, por los rumores de la discutible vida que ha llevado. Mientras tanto, reciben la visita de dos vecinos, con los que toman café, departen de esto y aquello, y nosotros deshojamos cada aspecto del guion en cada frase, cada mirada, cada gesto. Y entiendo la dificultad para entrar en esa puesta en escena austera, mínima, que desafía a la misma teatralidad, pero merece la pena regodearse aún en la anécdota, no ya de las sensibilísimas interpretaciones de Michael Lonsdale y la propia Cardinale, sino del milagro que suponía asistir al cierre de la filmografía del cineasta luso. Entre su primera obra y esta mediaban nada menos que 81 años. de Oliveira tenía aquí 104. Nada más que añadir...
Saludos.

jueves, 18 de diciembre de 2025

Colegas a la fuerza


 

Una sección que casi nunca defrauda en Sitges es "Panorama", por su eclecticismo y falta de prejuicios a la hora de conformar su selección, normalmente compuesta por filmografías exóticas, pero con cierto gusto por el género más clásico. En este sentido, esta edición rescató MONSTER ISLAND, un regocijante film producido en Singapur, que narraba a ritmo endiablado las peripecias de dos prisioneros, uno inglés y el otro japonés, que se salvan milagrosamente del hundimiento del barco en el que estaban sentenciados, en plena WWII. La gracia del asunto es que ambos naufragan en una paradisíaca isla, y pese a tratarse como enemigos, pronto entenderán que han de colaborar para no ser cazados por una amenaza aún mayor, un monstruo proveniente de las aguas. Mi consejo es agenciarse un montón de palomitas, aparcar las pretensiones y volver a cuando éramos pequeños y flipábamos con películas no muy bien hechas, pero que sólo buscaban entretener. Con todas sus deficiencias y limitaciones, asoma una sonrisa al ver los atracos a PREDATOR, ENEMIGO MÍO o EL MONSTRUO DEL LAGO, con un monstruo que no oculta su influencia estética. De verdad que no es gran cosa, y su desarrollo no puede ser más previsible, pero se le nota que está hecha con cariño y gusto por lo artesanal, y aquí siempre vamos a valorar ambas cosas.
Saludos.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Es sólo una fase tonta


 

Allan se acaba de divorciar de su mujer, que no soporta sus neurosis, pero aún menos que toda su vida gire en torno a lo que ve en una pantalla. Allan imagina hablar con Bogart, que le da consejos que no sabe cómo seguir, que no hay nada que un whiskey no arregle, que a las mujeres les viene bien una bofetada de vez en cuando, que la colonia es para mariquitas. En realidad Allan está perdido, es un desastre, pero sus amigos Dick y Linda quieren animarle, le presentan chicas que huyen despavoridas, y Linda parece la única mujer que de verdad le entiende. Podría considerarse PLAY IT AGAIN, SAM como la gran precursora del Woody Allen que estaría por venir, más enfocado en construir una comedia que reflejara los miedos e inseguridades del hombre contemporáneo, aterrado al dejar atrás una masculinidad tan pagada de sí misma como tóxica. Linda era Diane Keaton, que también nos dejaba entrever algo de aquella inolvidable Annie Hall que llegaría un poco después. Y Herbert Ross al menos entendía el tono que necesitaban las escenas ideadas por Allen, que guionizó su propia obra de teatro, dando como resultado las icónicas imágenes de Allan hablando con un Bogart imaginario, el descacharrante diálogo frente a un Pollock o el final, reconstruyendo CASABLANCA de manera totalmente diferente.
Icónica.
Saludos.

martes, 16 de diciembre de 2025

Charcos como océanos


 

Una de las cosas que más aumentan mi curiosidad a la hora de decidir si enfrentar o no según qué película, suelen ser los consensos generalizados en torno a ella, y más concretamente para desafiar mi propia percepción respecto a dicha enumeración. Todo en torno a DRACULA: A LOVE TALE ha sido un constante ir y venir del elogio al exabrupto, en un desconcertante carrusel de frases hechas, lugares comunes y, me da la impresión, tocadas de oídas. Mi sensación tras verla ha sido igualmente descompensada. Por supuesto que Luc Besson se ha apropiado desvergonzadamente de otras obras, y no sólo del Drácula de Coppola, sino de ideas tan peregrinas como la de EL PERFUME, de Tom Tykwer, de la que llega a calcar un plano famosísimo. Hasta eso se le puede perdonar a Besson, que siempre ha sido más osado que original, pero lo cierto es que este DRACULA pierde fuelle en muchos momentos, incapaz de organizarse como ente compacto e indisoluble, que además arrastra la rémora de la historia requeteconocida. Caleb Landry Jones creo que está más que correcto, aunque su caracterización e histrionismo se acerque más al Nosferatu de Kinski que a Gary Oldman. De Christoph Waltz prefiero no decir nada, porque constato que a día de hoy es una caricatura de sí mismo. Y el resto del elenco no merece la pena ni mencionarlo. Si en lugar de ir por el lado narrativo, Besson hubiese desparramado el expresionismo que siempre ha albergado, probablemente estaríamos ante un film mucho más excitante, y por tanto defendible. Esto apenas asoma en contadas escenas, pocas para las expectativas que pudiesen tener sus seguidores de largo recorrido.
Dos horas que parecen cuatro.
Saludos.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Dignidad y espectáculo


 

El propio Robert Redford reconocía que el rodaje de THE ELECTRIC HORSEMAN fue decisivo para replantearse su posición dentro de la industria, básicamente como una estrella rutilante a la que le llegaban cada vez papeles más previsibles y encasillados, los del galán maduro, infalible, capaz de concitar a su alrededor pareceres y sensibilidades de todo tipo sin armar mucho ruido. El film, sin ser una obra mayor, tiene un estupendo arranque, donde se nos dibuja a Sonny Steele, un viejo cowboy de rodeo, que se gana la vida publicitando cereales embutido en un ridículo traje repleto de lucecitas. Su "gran oportunidad" le llega cuando la marca que lo patrocina le ofrece montar un espectacular caballo valorado en varios millones. En mitad del espectáculo, en Las Vegas, Steele decide romper con todo y huir con el caballo, con la intención de liberarlo en un remoto paraje de Mustangs, contraviniendo el temor de que quisiera pedir un rescate. Hasta ahí, todo funciona en un tono más bien desenfadado, que Sidney Pollack enlaza con un certero retrato de las miserias que esconden este tipo de eventos; luego el film decae hasta una especie de romanticismo muy ñoño, que volvía a reunir a Redford con una Jane Fonda en un papel demasiado desagradable como para empatizar con él. Hay, me parece, un fallo de ajuste, de clima, de saber hacia dónde dirigir una historia bonita, sí, enternecedora, también, pero de la que te olvidas un minuto después de los títulos de crédito.
Saludos.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Rincón del freak #673: Sangre canina


 

El conde Drácula está malito, con fatiguitas y retortijones, más mala cara que Rascayú y con severos problemas económicos, que llevan a su ingenioso lacayo a sacarlo del catre, montar el ataúd en la baca del carricoche y encaminarse a la soleada y muy católica Italia, que parece ser el sitio más propicio para encontrar vírgenes sin tacha, que proporcionen una dieta adecuadamente hemoglobínica al cetrino noble rumanoide. Tras el atraco a Shelley, Paul Morrissey pensó que no era momento de volver al mundanal ruido neoyorquino, y con el mismo equipo rodó BLOOD FOR DRACULA, que incidía en la mirada sardónica y desapasionada hacia otro mito del terror, al que daba vida (es un decir) Udo Kier, me parece a mí que adelantándole mucho trabajo a Caleb Landry Jones, lo que comprobaremos en breve. Otro compendio de sorpresas interpretativas (atención a Roman Polanski o el mismísimo Vittorio de Sica), sangre falsa, ninfas en celo y actores que no se sabían el guion (quizá porque no había), que no era más que la excusa evidente para poner a Joe Dallesandro follándose a todo el mundo, con la misma excitante anatomía y la misma cara de catar vinagre. Otra locura, rodada con lo mínimo, explotando de nuevo a un Andy Warhol que ni estaba allí y demostrando a los listillos de hoy en día el significado de ser un outsider genuino, sin poses ni planteles.
Ahí queda eso.

sábado, 13 de diciembre de 2025

El árbol crece sobre el estiércol


 

Uno de los ejemplos de paciencia necesaria en el palmarés de Sitges ha sido el regreso de Park Chan-wook, a la postre galardonado como mejor director, que reinventaba a Costa-Gavras con NO OTHER CHOICE, la nueva versión de la aclamada novela de Don Westlake, que el realizador franco-griego adaptaba hace algunos años en aquella ARCADIA, que poco tenía de feliz. Sobredimensionada mezcla de comedia negra (rozando lo guiñolesco), sátira social y un thriller que sólo se comprende en su excesivamente dilatado tramo final, el film se centra en Man-su, un dedicado y metódico empleado en una fábrica de papel, una multinacional americana cuyos "invisibles dueños" despiden a un importante porcentaje de trabajadores, entre ellos el propio Man-su, que tras 25 años esperando un ascenso ve toda su vida truncada sin previo aviso. Dos horas y media parece demasiado para condensar el rocambolesco devenir de este hombre, incapaz de encontrar soluciones racionales a su nueva situación, con la obligación de rebajar su estatus económico, que de repente opta por una siniestra determinación: encontrar a sus potenciales competidores en el puesto que desea alcanzar e ir eliminándolos uno a uno. Con una estlización formal impecable, lo más discutible es lo melifluo de su tono inicial, descolocante e indeciso, pero que afortunadamente se remata con acierto, sin muchos cabos sueltos y una interpretación descomunal de Lee Byung-hun, capaz de transitar por los estados emocionales más diversos con enorme veracidad. Mejor en los momentos truculentos que en lo meramente discursivo, supone un nuevo atajo para observar de cerca este capitalismo tan bonito que cada día nos quieren vender mientras nos van preparando la sentencia de muerte.
Se puede indigestar al principio, pero recompensa al final.
Saludos.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Pro-tejer


 

Aclaro el palabro de arriba: de la protección no como ente inamovible, sino una maraña que se va tejiendo con paciencia. Ahora sí, en los últimos años, vimos a una Claudia Cardinale que participaba en proyectos más o menos modestos, producciones a caballo de Italia y Francia, donde no era raro verla encarnando personajes reminiscentes de sus raíces tunecinas. Un film muy desconocido, pero que me complace rescatar hoy es LE FIL, que nos viene a recordar cómo nos hemos ido convirtiendo en unos carcas reaccionarios y apolillados casi sin darnos cuenta. He aquí la historia de una familia burguesa tunecina, donde madre e hijo se reencuentran tras la muerte del padre, después de que él haya terminado sus estudios de arquitectura en París. Se nos presenta un mundo muy desconocido, donde las tradiciones árabes se mezclan sin problema con costumbres más abiertas, provenientes de un caldo de cultivo rico en matices que, para nuestra vergüenza, ha sido erradicado hoy día de las "redes desinformativas". Ella ama a su hijo, y quiere pasar sus últimos años disfrutando su felicidad y auge profesional; él quiere mantener las apariencias, pero su única libertad provendría de ser abierto con su homosexualidad. Mehdi Ben Attia roza el buenismo aleccionador, entre otras cosas por la honestidad con la que nos muestra ese mundo tan desconocido, con choques culturales algo abruptos, pero en definitiva conformando un film entretenido, pequeño, pero que habla de esos grandes temas que nos suelen pasar por delante de las narices. 
Valiente.
Saludos.

jueves, 11 de diciembre de 2025

La palmadita


 

Muy breve. Breve en tiempos de pérdidas. También a THE SOPRANOS se le fue demasiado pronto, hace ya algunos años, James Gandolfini, o la plasmación incontestable de cómo un personaje se hace persona actor mediante. Hace menos, logré zamparme el ochomil de THE WIRE, que personalmente es mi cumbre televisiva y no creo que nada la haga bajar de ahí. Muy cerca, rozando, está la obra maestra de David Chase (busquen su currículum), diametralmente distinta de la de Simon en todo, personajes, sentido del humor, estructura narrativa, pero compartiendo una complejidad apabullante, rehuyendo ambas cualquier tentación de solemnidad o autocomplacencia y entregando generosamente algunos de los personajes más grandes y mejor escritos del audiovisual reciente. La diferencia aquí la marca, claro, Gandolfini, Tony Soprano, del que llegarás a dudar de su humanidad. Amoral, embaucador, letal, compulsivo, este jefe de la mafia de New Jersey es el planeta monstruoso, a cuyo alrededor se desata una órbita que todo lo arrastra y todo lo fagocita. La familia como tótem intocable, pero que sirve para justificar cualquier crimen, por horrible que sea. La violencia como única vía muerta, agotado cualquier razonamiento. La mafia desidealizada, autoparódica, mostrada como deseo y como mito, vertedero y paraíso. La mesa en la acera, las charlas sobre todo, los odios por nada. No puedo describirla más allá de su irresistible cápsula de nihilismo y surrealismo, tan sólo animarles a que se hundan en sus impresionantes seis temporadas, básicamente porque yo ya llegué demasiado tarde, aunque nunca es demasiado tarde.
Por puntualizar, la última escena del último episodio es una de las cosas mejor rodadas que el que esto escribe ha visto jamás.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Del tó ya


 

Acabamos hoy el repaso a la filmografía como directora de Diane Keaton, aunque aún nos faltará rematarla en su faceta como actriz. Y eso que aquí alternaba ambas tareas, de manera irregular, debo admitir. HANGING UP es una de esas comedias tontísimas, que nos quiere hacer creer que posee un mensaje cargado de sentimientos y verdades como puños, pero no es más que un compendio de techos de cristal, mujeres multitarea pero impolutas, gente chillando por teléfono, rellenos de pavo con copita de vino y Walter Matthau haciendo chistes del pleistoceno, porque imitar a Billy Wilder no es posible a estas alturas. El trío supuestamente protagonista lo componían la propia Keaton, Lisa Kudrow intentándolo tras Friends y Meg Ryan, en realidad la única que tiene tiempo para lucirse en sus habituales mustrarios de gestitos, a cual más gratuito. Las tres son hermanas, por supuesto con trabajos "normales", como directora de una revista femenina o actriz de telenovela; el padre parece estar en las últimas y ponerse de acuerdo para visitarlo al hospital semeja una tarea hercúlea o algo así. Y no deben perderse la gélida visita a la madre (Cloris Leachman), que deja claro que le importa un carajo si el padre la palma... Todo muy Nora Ephron, pero la novela la escribió su propia hermana ¿? 
El título de la entrada, que vendría de perlas paradescribir el estrés de esta familia disfuncional, realmente es un adiós para otro imprescindible, don Robe Iniesta, que hoy "decidió" no dejar solo en la taberna a Jorjón. Qué dos putos días de mierda llevamos, esperemos que no se cumpla el dicho...
Saludos.

martes, 9 de diciembre de 2025

Todos están muertos


 

Película de detalles, casi todos intrascendentes, sumidos en la arrogancia de quien cree hacer algo novedoso, es más que significativo el último agradecimiento de Guillermo del Toro, un par de líneas antes de que desaparezcan los créditos, a Liz Wrightson. No voy a hacer yo todo el trabajo, pero el aluvión de puñaladas a obras ajenas por parte del cineasta mexicano creo que ha llegado a su máximo. Dicho eso, podemos vitorear los muebles falsos de Netflix, las reverencias a Branagh y las declamaciones de mirada perdida. Ni un gramo de humor, Mia Goth en la siesta, algunos de los secundarios más invisibles y Oscar Isaac recuperando a su Caballero Luna. Sí, esto no es FRANKENSTEIN, es Lobezno vs. Daredevil, o lo que prefieran; una peli de superhéroes que sanan milagrosamente, pierden miembros como si nada, vuelan por los aires, chocan contra camas de roble macizo o mueven barcos en mitad del Polo Norte. Y voy a ser meridianamente claro, antes de que se me malinterprete ¿Lo que buscan son puñetazos y panorámicas de salvapantalla en Windows? Entonces lo van a gozar en grande durante dos horas y media ¿Quieren coherencia dramática y elegancia narrativa? Olvídense, porque se van a aburrir como una ostra entre Jacob Elordi componiendo un monstruo que te follarías y una banda sonora de Desplat que les desafío a que descubran de dónde proviene el plagio. El cómic de Wrightson es una obra maestra, léanlo.
Y quiero marcharme, aprovechando que esta entrada está escrita en riguroso directo, dando el último adiós y las infinitas gracias a Don Jorge Martínez, uno de esos raros genios capaces de tocarme en un lugar muy especial de mi maltrecha crónica sentimental. Allá donde estés, un brindis bien alto...
Saludos.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Vecinos y figurantes


 

Hay un mecanismo oculto en el dispositivo de THE GREAT GATSBY, de la obra magna de F. Scott Fitzgerald, que la ha hecho refractaria a cualquier intento de adaptación hasta nuestros días. No porque no se pueda poner en imágenes ese implacable retrato de las clases altas y sus caprichos en los locos 20, sino por la dificultad de encontrar el sentido más fidedigno a su enigmático protagonista, de quien nunca se podría asegurar si es un farsante, un asceta o sólo un infeliz. De ahí la importancia del personaje de Carraway, quien se define a sí mismo como un prudente y comprensivo observador, y que cree haber encontrado en Gatsby a ese reflejo ideal de sí mismo, para terminar atrapado en un mundo mucho más mundano y patético de lo que hubiese podido imaginar. Jack Clayton, gran creador de imágenes indelebles, se apoyaba aquí en el guion de Francis Ford Coppola, algo tambaleante, y que lleva sus dos horas y media a la sensación de no haber sabido captar la deformada cosmovisión de su autor. Al menos podíamos disfrutar del mejor Gatsby posible, que no es otro que Robert Redford, muy bien contrapunteado por un gran Bruce Dern y ese eterno desaprovechado que es Sam Waterston; por contra, ni Mia Farrow, muy pasada de vueltas, ni Karen Black o Lois Chiles dan la réplica femenina en este descompensado fragor determinista, que se va diluyendo hasta ser un pequeño y triste soneto.
Sigue teniendo mas nombre que valor real.
Saludos.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Rincón del freak #672: Si la carne es lo único que nos queda...


 

Nos dejaba recientemente Udo Kier, ese actor de mirada tan clara como turbia, de extensa y variada carrera, que ha abarcado casi seis décadas. Curiosamente, aprovecho la entrada de hoy para rendir homenaje también, aunque tardíamente, al cineasta Paul Morrissey, fallecido hace ahora un año, y con quien Kier colaboró en dos de sus títulos más representativos, que ocuparán estos dos domingos. El primero es FLESH FOR FRANKENSTEIN, personalísima y desprejuiciada aproximación al mito creado por Mary Shelley, que mostraba la fijación fetichista del director norteamericano, protegido de un Warhol que aquí aparecía como productor solamente por la promoción. Icono pop y contracultural desde su realización en 1973, nos muestra un corolario de aberraciones, no tanto por su desfile de vísceras de pollo y sangre falsa, sino por lo desinhibido de la visión de Morrissey, su obsesión (y yo encantado) por los desnudos frontales de Joe Dallesandro, que aquí deviene en el objeto erótico de una insaciable Monique van Vooren. El caso es que el delirio comienza por presentar al barón Frankenstein como un majara al que le pone cachondo tocar vísceras... ¡y está casado con su propia hermana!... ¡y tienen dos chiquillos!... El tipo, claro, pretende crear no uno, sino dos monstruos remendados, hombre y mujer, para que procreen monstruitos zombis y él pase a la posteridad. Entre medias, muchas tetas, casquería, Carlo Rambaldi haciendo de las suyas (ojo, que en el guion participó nada menos que Tonino Guerra) e infinidad de integrales de Dallesandro, el único mortal irresistible mientras pone cara de asco.
Mítica e imposible de hacerse hoy día. Aprende algo, Lanthimos...
Saludos.

sábado, 6 de diciembre de 2025

El caballo japonés


 

Manfredini es politoxicómano, prefiere morir, corre junto a su amor, no sabe quién es, le persiguen los malos hasta quieto y va a tener una hija. Sirena es un mafioso, o un empresario, le gustan los caballos, siempre lleva un bebé en brazos y no prefiere que Manfredini se caiga en la salida y gane la Nena. La Nena ama a Manfredini, gana las carreras, va a tener una hija y a lo mejor no le gustan los hombres. En ese ínterin, EL JOCKEY es la historia de un nacimiento, una identidad que se encuentra a sí misma al perder todo lo demás. Ni thriller, ni surrealismo, ni comedia involuntaria, lo que Luis Ortega traza aquí es lo mismo que podíamos ver en EL ÁNGEL, una realidad que duele, de la que se quiere escapar, que ni siquiera es peligrosa, sino cansada y cansina. El único problema que le veo es su suicida estructura, fascinante en el arranque, la construcción de personajes entre lo costumbrista y lo feérico, el finísimo caleidoscopio por el que inocularse de la malignidad imperante en la Argentina de hoy en día. La segunda parte, más ambigua y desenfocada, es el Almodóvar más lynchiano de lo que ha logrado ser nunca el manchego, una apuesta por el kitsch desaforado que encubre una historia de redención hiperbólica y que se mea en las fauces del discurso reaccionario dánosle hoy y siempre. 
Les irritará, les desafiará y medirá qué entienden ustedes por libertad creativa. Yo me dejaría follar la mente, que diría otro.
Saludos.

viernes, 5 de diciembre de 2025

El camino sin retorno



En 1991, el cineasta y novelista de origen turco Henri Verneuil ponía en marcha la monumental tarea de adaptar a la gran pantalla la novela en la que narraba la odisea de su familia, a principios del siglo XX, huyendo del genocidio armenio, y su establecimento en Marsella. El resultado es MAYRIG, una impresionante epopeya familiar y social, con una mirada entre nostálgica y reivindicativa, en el que Verneuil nos cuenta las dificultades de la familia Zakarian para no perder la dignidad, sortear la miseria y encontrar un lugar en un mundo que no termina de aceptarlos del todo. En el amplio reparto, sobresalían dos grandes nombres, como el de Omar Sharif y Claudia Cardinale, que sostienen admirablemente esta inspirada película, no muy reconocida fuera de las fronteras francesas, pero que allí es un título reverenciado, y que cuenta con una segunda parte, que Verneuil logró rodar poco antes de fallecer.
Saludos.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Los paisajes humanos


 

Del Sitges'24 se nos quedó en el tintero ELSE, ganadora de los mejores efectos especiales, que vuelve a invocar, cómo no, la psicosis post-covid, en un relato con un tono verdaderamente extraño, que imita lo propuesto en su guion, convirtiendo el argumento en el propio terreno físico. Puede ser confuso, pero aún más si atendemos a lo divergente de su argumento, que comienza como una especie de comedia romántica, en la que confluyen Anx, un diseñador gráfico hipocondríaco y con tendencia a la reclusión, y Cass, caótica y extrovertida. Ambos han compartido una noche de pasión, pero cuando ella vuelve al apartamento de él, un extraño suceso copa la actualidad: aparentemente, las personas están fusionándose con su entorno, sean cosas, vegetales o incluso animales. Antes que un film pandémico, y ni siquiera un body horror, estamos ante una película que, una vez arranca, propone un osado dilema filosófico, que sólo es desvelado en su apabullante tramo final, de gran belleza visual, puede que excesivamente enigmático, pero fascinante si se entra en su mensaje.

Saludos.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Mis tíos


 

En 1995, Diane Keaton dirige la que es su mejor película, lo que es sintomático acerca de sus inquietudes artísticas, siempre moviéndose en realizaciones muy convencionales. En este caso, adaptando la autobiografía del escritor Franz Lidz, escrita a la memoria de su madre, fallecida cuando sólo era un niño. UNSTRUNG HEROES no consigue conciliar su parte emocional, con la enfermedad de la madre (Andie MacDowell) y la incapacidad del padre (John Turturro) para cuidar de sus dos hijos pequeños, lo que da paso a un extraño giro en el que el chaval literalmente se escapa a casa de sus tíos. Y aquí hay que hacer un inciso, porque Keaton se lanza en brazos de la comedia física con dos personajes más allá de lo estrambótico (interpretados por el gran Maury Chaykin y Michael Richards, recuperando su indeleble carácter en Seinfeld). Que ya es jodido explicar a dos hermanos talluditos que viven juntos, sin que se les conozca oficio alguno, perseguidos por su casero y rodeados de periódicos y pelotas de goma ¿? El problema de la película es exactamente ese, pasar del drama nostálgico a la comedia desatada, que pese al estupendo elenco sólo funciona a hipidos, casi siempre en lo segundo. Aun así, es un título que se ve sin problemas, aunque tampoco me extraña que haya quedado tan olvidado 30 años después de su estreno.
Saludos.

martes, 2 de diciembre de 2025

El camino


 

Rascándome la cabeza, me pregunto cómo es posible que Stephen King aparezca como productor ejecutivo de THE LONG WALK y, aun respetando su forma, se haya dinamitado de una manera tan burda todo el significado y el simbolismo de la novela, una de las mejores de su autor, que ya es decir. O mejor dicho, nada recomendable haber leído el original y después ver el film, porque "parecen" lo mismo, pero no lo son. La incomprensión hacia esta distopía tan poco desarrollada, en la que cualquier barbaridad está justificada por una crisis económica galopante, a King le servía para demonizar la mentira de Vietnam, al tiempo que le permitía desarrollar una lírica que pocas veces ha alcanzado en su normalmente convencional narrativa, y que cobra todo su sentido en el demencial y extrañísimo final, que aquí se han cepillado como si tal cosa, culminando lo que cualquiera puede intuir: LA LARGA MARCHA es una película comercial, con algunos aciertos, pero que elude conscientemente cualquier tentación de trascender. Ni siquiera me refiero a la incredulidad que despierta su premisa, en la que un centenar de jóvenes se apuntan a un macabro concurso, consistente en caminar sin descanso hasta que sólo quede uno, pues quien se detenga es inmediatamente ejecutado. Aparentemente, el film es fiel al libro, pero se busca una innecesaria suavización de algunos personajes, que King describía con una crueldad necesaria para su diabólico juego psicológico, más importante que el desafío físico. Poco más, porque tampoco quiero destrozar la película a quien no la haya visto. Entretenida sin más, se hace un pelín larga y al menos me gustaría destacar a David Jonsson, que se come la pantalla desde el principio y encarna un poco a ese héroe inesperado que tan poco abunda en el cine comercial.
Correcta y poco más.
Saludos.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Lejos de las leyes de los hombres


 

Ya nos parece marciano contemplar una obertura e interludio en un film que no llega a las dos horas, pero parece cosa más de dotar de cartas de solemnidad a una película durante mucho tiempo mal interpretada por la crítica, pero que el tiempo le ha impuesto un lugar preeminente como precursora de ese western, anguloso y metafísico, que hoy día ensayan luminarias del high concept. El caso es que JEREMIAH JOHNSON, además de ser una de las mejores películas de Sidney Pollack, desdobla la experiencia del género mismo, desde la perspectiva de un Robert Redford en uno de sus mejores trabajos, el de un hombre que huye de la guerra para encontrarse a sí mismo en el lugar más salvaje. Y si hace nada aludíamos aquí a John Milius, es de justicia valorar su trabajo de guion, osado, libérrimo, despojando de ínfulas una historia que por mínima termina resultando trascendente. Preclaros todos los encuentros que el protagonista va acumulando, comenzando por el trampero lunático, el cazador enterrado hasta la cabeza o la mujer que ha perdido a su familia, masacrada por los indios. Lejos de llevarnos a ninguna mística tribal, el film sí reconcilia a su protagonista con una forma de vivir sin convenciones, que va cobrando sentido por la experiencia misma. Con una primera parte excepcional, de gran cine, de narrativa sobria y detallista, es cierto que, llegado el momento, se puede hacer algo reiterativa o ensimismada, aunque esto sirva para explicitar el progresivo oscurecimiento de ese "hombre en ninguna parte", que nos deja una película de una modernidad que sería un error obviar.
Compleja sin ser pedante, y dependiendo, seminal.
Saludos.

domingo, 30 de noviembre de 2025

Rincón del freak #671: Las Barbies bárbaras


 

No es un juego de palabras, ni una broma el extendernos nuevamente por esa piel áspera y con olor a baratillo, que es el exploitation vertiente "bárbaros", una variante que debió detenerse en cuanto Milius rubricó la hazaña de no dar vergüenza en taparrabos, pero que San Corman vislumbró como casi todo, una oportunidad de negocio. Así, en el propio 1982 veía la luz SORCERESS, en la que no sólo no había una hechicera propiamente dicha, sino que el protagonismo lo asumían ¡dos playmates gemelas! Sí, el sueño húmedo de cualquier pajillero con tendencia a gastarse el sueldo en merchandising cutre y visitas interminables al videoclub. Pero es que hay mucho más. Ni voy a entrar en la cutrez de medios, las interpretaciones borderline o el árido paisaje mexicano transfigurado en Hyperborea de baratillo. La cosa es que, durante más tiempo del aconsejable, nos tenemos que creer que nadie repara en que las hermanas Leigh y Lynette Harris (níveas, estilizadas, exuberantes, rubicundas) son dos muchachas, con una escena sonrojante en la que enseñan las tetas, que viene precedida de un baño conjunto, que hay que atreverse. Justo ahí hace aparición un personaje sórdido e inexplicable, un fauno que bala como una cabra y camina a saltitos... No, yo tampoco sé qué pinta ahí, pero es uno de los protagonistas. El mago malo dice que es el padre de las gemelas, pero que tiene que matar a una, y yo creo que es más joven que ellas. Sale el inefable bárbaro, que es un mexica con peluca y barba falsa, con un casco con cuernos. Aunque el momento más wtf! (y es difícil superarse) lo protagoniza un precursor del Deathstalker, un mongoloide con cardado brócoli, que hace chistes de Miguel Noguera y da bocados en los culos (lo juro). El tipo es sentenciado a morir por empalamiento, y de repente aparece un mástil vertical grosísimo, y te preguntas qué carajo va a pasar, cómo va a caber eso por el ojete del sentenciado. En lugar de ello, unos esbirros lo brean cual cucaña trianera para dificultar el agarre, y abajo asoma una, sí, estaca antivampírica, con el consiguiente compungimiento del actor y tambié de la audiencia, que al menos tiene la oportunidad de solazar su angustia con un espectacular duelo final entre una cabeza gigante y un león con alas que no se mueve... ¿?
Dura, dura, dura. Véanla y me cuentan.
Saludos.

sábado, 29 de noviembre de 2025

Piensa mal


 

Andrés, Pablo y Baldomero trabajan en una mina de oro, al otro extremo de la isla donde viven. A la hora de volver, tras un mes, aún han de gastar una parte del mísero sueldo para el barquero que les cruza el río o untar a los "guardabosques". Pero Andrés, el más joven, no entiende que Baldo, el más veterano, tenga que quedarse también con una parte por conocer el tortuoso camino a través del bosque; mientras Pablo, justo y piadoso, intenta intermediar ante dos caracteres contrapuestos. GENUS PAN deseca la narración hasta niveles insospechados, ocupando dos tercios de un metraje total de casi tres horas en ese viaje, más emocional que físico, donde Lav Diaz ejecuta un fino trabajo de guion; diálogos banales, reiterativos, pero esclarecedores, que dan la medida de una brutalidad e injusticia que carcome cada pequeño acto. No es de extrañar que, en mitad de la barbarie, la religión acabe siendo casi el único refugio al que acogerse. O dicho de otra manera: si el cine se empeña en seguir idealizando la violencia y/o la maldad, no irá más allá de ser captado como cine. 
Por cierto, el título alude al nombre académico del chimpancé.
Saludos.

viernes, 28 de noviembre de 2025

La caída del rey


 

Difícil adaptación la del ENRICO IV, de Pirandello, que Marco Bellocchio puso en pie junto a Tonino Guerra, alejándola todo lo posible de su carácter teatral y aprovechando su potencia fabuladora para construir un sorprendente alegato político, que daba cuenta de la compleja situación de la Italia de principios de los 80. Nominada a la Palma de Oro de 1984, sólo le objetaría la evidente austeridad de medios, compensado con un trabajo actoral impresionante, con un maravilloso Marcello Mastroianni, al que daba estupenda réplica una ya madura Claudia Cardinale, en un rol desdoblado asimismo en el de la joven Latou Chardons. La historia nos lleva hasta el día en el que un joven aristócrata celebra una fiesta medieval, con la mala fortuna de caerse de un caballo y golpearse la cabeza, lo que lo sume en una realidad alternativa que lo deja permanentemente en el rol del rey alemán Enrique IV. Muchos años después, sus mismos allegados y compañeros deciden plantear una puesta en escena definitiva para traerlo a la realidad, sin sospechar que quizá sean ellos y sus dilema morales quienes sucumban. Sin ser uno de los mejores trabajos de Bellocchio, mantiene la fuerza contestataria de su discurso, desbocando el mero drama hacia un pirólisis social, contrastada entre lo que parecen las buenas intenciones del "mundo real" y la elocuencia de una locura que coloca a cada personaje frente a un espejo deformante.
Saludos.

jueves, 27 de noviembre de 2025

Uno por dos


 

Volvemos a Sitges con TOGETHER, ese pequeño hype que lo mostraba todo (desafortunadamente) en un tráiler y un cartel promocional que te contaban casi todo lo que hay que saber de una película, por otra parte, no exenta de puntos interesantes. Constantemente entre el cacareado (y ya cansino) body horror y una pedestre sátira de las muchas problemáticas de las relaciones de pareja evidentemente descompensadas, el film no es falsamente ambicioso, quedándose en terrenos de la serie B desenfadada, con sus momentos terroríficos, pero nunca insoportablemente truculentos. El mayor acierto, a mi juicio, es la química entre Dave Franco y Alison Brie, pareja en la vida real, encarnando a otra que busca reencontrarse cambiando de aires hasta una pequeña ciudad rural, pero sus vidas no volverán a ser las mismas después de pasar una extraña noche en un no menos extraño lugar, que en un principio parece haber avivado las llamas del deseo, pero les hará vivir una pesadilla "conjunta". Y podría extenderme en la cantidad de licencias, incongruencias y dejadeces de un guion bastante torpecillo, o en una realización en la que se nota que es una ópera prima, pero al menos es una película que se sabe modesta, que no va de lista y hace pasar un rato entre lo grotesco y lo jocoso, que es mucho más de lo que otras con mayor enjundia a priori (lo comentábamos hace un par de días) son capaces de ofrecer.
Entretenida en lo bueno, previsible en lo malo.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!