Y como parece que vamos de alguna manera encadenados, de nuevo un actor dirigiéndose a sí mismo, y no uno cualquiera. THE APOSTLE era el tercer largo dirigido por Robert Duvall, pero el primero realmente relevante. Un excesivo, irregular y esquivo retrato, incómodo y políticamente incorrecto, sobre un tipo embaucador, un predicador tremebundo, que un día descubre que su mujer (con razón) está hasta el moño de él y le pone los cuernos con otro más joven, lo que resuelve cogiendo el bate de su propio hijo en pleno partido y partirle la cabeza al susodicho. Tras tan edificante suceso, se larga a Louisiana para no ser pescado, y allí erige otra iglesia donde llevar a quienes con un libro no colman ni calman sus pesares y angustias, porque sólo "hay uno", ya saben. El problema (problemón) de este film, además de sus alargadas dos horas y pico, es que nos vemos obligados a empatizar con un personaje que nos es presentado como bueno dentro de sus imperfecciones, pero en la vida real es un hujo de puta con todas las letras, y además insoportable. Aun así, es una película decentemente dirigida, con cierta vocación de hiperrealismo, algo de sentimentalismo y algún momento extrañamente divertido. Y en el centro de todo, Duvall. Duvall desatado, explayado, excesivo y extenuante, que estuvo nominado para el oscar en el 97 y que en mi opinión estaba por encima de Nicholson, pero...
Efectivamente, puede haber algún converso tras verla... pero al ateísmo.
Saludos.

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