jueves, 20 de agosto de 2026

Esta saga está quemada


 

EVIL DEAD BURN se abre con una escena inicial brutal, magnífica, donde se recoge el alma del original de Sam Raimi, pero bien adaptado a unos tiempos que exigen nuevas formas. Y ya estaríamos, porque ése parece todo el crédito que Raimi (a la sazón productor) le ha dado al joven realizador francés, que luego se dedica a introducirnos en una espiral de violencia sin sentido, que provoca más bostezos que sustos. De hecho, parece mentira que no se decidiese ir por un tono más jocoso y sardónico, habida cuenta de los dos puntales en los que se apoya. Uno es obvio, el ya tan cansino asunto de los secretos familiares, que afloran tras la muerte de uno de sus miembros, pero tratados con tan poca sutileza que prácticamente se puede adivinar cada próxima línea de diálogo. La otra, apenas de pasada, se integra en la anterior, ya que la protagonista no sólo ha de lidiar con la familia de su marido (brochazo machista incluido), sino con su condición de extranjera (es francesa). Así que tenemos el puchero servido: machismo, xenofobia y familias tóxicas... ¿Pero esto no iba de demonios del inframundo?... Ah, otra cosa. Dejen ya el puto ASMR de los cojones y dedíquense a hacer un trabajo de sonido decente...
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!