Hace muy pocas fechas dábamos cuenta aquí de una de las últimas sensaciones del cine de horror, que trataba sobre amores llevados al límite. Aquélla era exagerada, una ficción, pero estremece pensar en el hecho real que, a finales de los años 40, se convirtió en un caso criminal terrorífico. THE HONEYMOON KILLERS fue, en 1970, el único film realizado por Leonard Kastle, un director de orquesta, que se obsesionó con la aterradora relación entre Martha Beck y Ray Fernandez, que resultó nada menos que con veinte asesinatos de mujeres y un pequeño con menos de dos años. Ella era una enfermera de aspecto intimidante, que conoció a Ray por una agencia matrimonial, sin saber que él era un estafador profesional, que saltaba de ciudad en ciudad embaucando a solteronas con promesas de matrimonio, para posteriormente desplumarlas y desaparecer. El problema surgió cuando Martha se obsesionó con Ray, convirtiéndose en su cómplice, haciéndose pasar por su hermana. Es entonces que surgieron los celos, las agresiones físicas, hasta que la primera fue seguida de una retahíla incontrolable de muertes. Film de absoluto culto, rodado sin apenas presupuesto, contó con Tony Lo Bianco, habitual en televisión, pero sobre todo a una desconocida Shirley Stoler, que con su arrolladora presencia se adueña de un personaje que supura mala baba por los cuatro costados. Precursora de joyas como HENRY, RETRATO DE UN ASESINO, su tosquedad de medios y crudeza visual la ha dejado como una de esas cintas que los amantes del cine extremo no deben perderse. Y es curioso, porque no hay mucha violencia explícita hasta el tercio final, pero entonces todo salta por los aires, hasta desembocar en uno de esos finales de bordean los límites de la moral misma.
Saludos.

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