La madre de todas las infecciones. El mal hecho música. La prostitución del ritmo. Machismo hecho monotonía. La entonación tras el derrame cerebral. Letras escritas por un babuino psicótico. La muerte a hachazos de un reguetonero debería ser celebrada en cada plaza pública, con asiduidad. Hay pocas cosas peores que esa abominación del infierno; pero hoy vamos con una que se le acerca bastante. La cosa se titula WITCHBOARD 3: THE POSSESSION, porque a alguien se le ocurrió que había que hacer una tercera secuela de esta infame saga, que paso a resumirles: un broker inútil se arruina por gilipollas, pero su mujer parece perdonarle cualquier cosa. El casero de su apartamento lo aborda con aviesas intenciones, como enseñarle su colección de caretas africanas, jugar a la ouija y regalarle un anillo para el meñique, pero no piensen que el tipo es gay, sino que se lanza por el balcón. El arruinado se queda con todo aquello, incluso el espíritu del finado, que procede a ocupar el apetitoso cuerpo para tener un hijo diabólico, a saber por qué. Y hasta aquí llegó la convicción de Kevin Tenney de que esto iba en serio, en una infraproducción directa a DVD, con el mismo énfasis perfeccionista que un disco de esa cosa que dicen identificar con música, cuando no es más que un engendro del averno.
Ya tú sabes.
Saludos.

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