martes, 7 de septiembre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #2


 

Seis años después de su frustrante debut, Todd Solondz consiguió la financiación y libertad que necesitaba para, esta vez sí, poner en imágenes un imaginario personal y que soltaba lastre con influencias innecesarias. WELCOME TO THE DOLLHOUSE afronta lo que Hollywood nunca ha tenido las pelotas de mirar de frente, el infierno de la adolescencia sin victimismos, sino desde la posición en primera persona de quien no encaja en ninguna parte. Solondz es tan retorcido, que apenas necesita falsear ninguna escena, ni salir de un guion aparentemente convencional, pero que deflagra un campo de minas en cada frase, mirada o decisión. Dawn tiene once años, vive con sus padres, su hermano mayor y su hermana pequeña, y es insultada y vejada cada día que va a la escuela. Ella es la "cara de salchicha", la única amiga de un maricón de 10 años, la pobre idiota que saca buenas notas porque no podría hacer otra cosa. Dawn asiste incrédula a un mundo que no entiende, pero nos equivocaríamos aquí si habláramos de frikis, porque esto va más allá; se trata de diagnosticar y mostrar un estado de las cosas que siempre permanece oculto, pero que es la clave para comprender por qué somos como somos cuando nos hacemos mayores. Es aquí donde Solondz cobra importancia como autor, al tener muchísima valentía visibilizando hace 25 años lo que hoy nos parece tan evidente en este mundo de autoestima dopada. Pero ojo, estamos hablando de un señor que va un paso más allá del pesimismo, y que siempre se reserva un regalo envenenado para sus personajes, no vayamos a pensar que todos los acosadores son unos hijos de puta, ni los acosados unos santos. Es una película absolutamente seminal, de una mala leche soterrada, y que ponía en órbita, ahora sí, a este cronista del hartazgo.
Magnífica.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!