miércoles, 24 de octubre de 2012

Principio de depresión 1



Veo un problema fundamental en MELANCHOLIA: no trasciende. Y ningún trabajo reciente con mayor afán de trascendencia que éste, ojo. Y me da un poco de cosa, porque yo ya tenía gran parte de fe perdida en Lars von Trier, pero ni es éste su peor trabajo (de ninguna manera), ni, tras su desconcertante visionado, uno tiene la sensación de que el danés se haya cerrado puertas conscientemente, como así parecía con la terrible (en todos los sentidos) ANTICHRIST. De esta película no-apocalíptica, que entiende el fin del mundo como un estado mental/emocional más, lo más estimulante es su trasiego dentro-fuera, puede que agotador, en el que tanto da un planeta amenazante que una madre fuera de sí ante la hipocresía de su hija (Charlotte Rampling en la mejor escena del film). Dependiendo del espectador, MELANCHOLIA aparece como unejercicio visual (y sonoro) fascinante y descorazonador, o como un anuncio de colonias con brillantes insertos dramáticos. Sorna o esfuerzo; garra o diarrea... Sea como fuere, me da que von Trier se fía demasiado de sus espectadores y les obliga a intuir más que a ver. Personalmente me da un poco de risa que para un "final de todo lo conocido" uno elija una boda pija, pero, seguidamente, el director me quita la razón con algunos de los mejores diálogos de toda su carrera; la película gana en los espacios cerrados y las distancias cortas, y se nutre de un excepcional trabajo de actores. Sensacionales Rampling, Kiefer Sutherland, Stellan Skarsgard y un tremendo, descacharrante, John Hurt. En cambio, a Charlotte Gainsbourg yo sigo sin verla, lo siento; ni me la creo ni la ubico, ni le encuentro esa catarata de bondades que todo el mundo le ve... En cambio, Kirsten Dunst, hace todo lo que puede por conformar una figura lo suficientemente potente. Su presencia engancha desde el primer momento, y su habitual estilo interpretativo despista; no sabemos su verdadero estado de ánimo, y son los sucesivos encuentros con otros personajes los que determinarán su rasgo último, que no es otro que la depresión. Y es la depresión la verdadera protagonista de esta película menos arriesgada de lo que se podría pensar a priori, no la aniquilación, puesto que la segunda aparece ya como rasgo irrefutable de la primera. En este aparte, la abundante bibliografía utilizada para delinear este estilizado paseo por los sentidos "sentidos", se antoja principal a la hora de intentar descifrar unos movimientos noo tan sísmicos, creo que finalmente coreográficos. Es Lars von Trier, y es mucho mejor que la boina visual de Terrence Malick (les han comparado tanto...), pero al danés aún le queda terminar la universidad para siquiera asomarse a la profundidad abisal de, por ejemplo e indudablemente, Ingmar Bergman.
Saludos en colisión.

3 comentarios:

Inzitan blog dijo...

El Dogma es lo que tiene, no pretende en ningún momento contar, sino mostrar.

A mi Antichrist me pareció una gran película, Melancholía no tanto, pero hay que reconocer que tiene una fotografía cojonuda.

Mr. Lombreeze dijo...

Como dice mi padre "solamente se deprimen los ricos, a los pobres nos salen sabañones". Genio y figura.
En la segunda parte de la película es donde se cuela la parte más tonta del cerebro de von Trier (si es que tiene uno). La primera parte sí que creo que es una de las más acertadas expresiones cinematográficas que sobre la melancolía (aka depresión) se han filmado en los últimos años. La música de Wagner y la imaginería que homenajea (o plagia) von Trier ayudan bastante. Charlotte es que es muy feica, y claro, eso no ayuda.
Malick es mejor. Los abismos de Bergman dejaron de interesarme cuando cumplí 38 años (misterios de la cabalística) y la burguesía comenzó a darme pampurria.

dvd dijo...

Malick "fue" mejor, y hace mucho de eso. Y yo con ANTICHRIST me quedé NF/NC...

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!