martes, 20 de agosto de 2019

La clase de Lubitsch #28



IF I HAD A MILLION fue una película de episodios en la que la Paramount reunió a algunos de sus mejores directores para elaborar una sátira acerca del vil metal y sus (casi siempre) nefastas consecuencias. En apenas 80 minutos, se concentran al menos una decena de capítulos, con el denominador común del cheque por valor de un millón de dólares que todos sus protagonistas van recibiendo al azar de un millonario que, harto de los buitres que rondan su cama, decide desprenderse de tamaña cantidad. El tono general parece cómico, pero hay sitio para todo tipo de sentimientos, comenzando por el típico calzonazos que pierde casi todo su salario por torpre, ya que trabaja en una tienda de porcelana y tiene que abonar las piezas rotas, aparte de tener que aguantar a una esposa particularmente insoportable. Imaginen qué es lo primero que hace al cobrar el cheque...
La siguiente tiene su miga, ya que se trata de una prostituta de mirada cansada que confunde al portador del cheque con un potencial cliente, y cuyo único afán es poder, al fin, permitirse el dormir sola y sin el disfraz que suele llevar puesto. Muy sutil.
Luego, el tono se oscurece con un delincuente al que la policía pisa los talones, y cuya paradoja es que él mismo no se fía de que el cheque sea verdadero, y sí una trampa para atraparle in fraganti. El final es demoledor, con el tipo entregando el cheque en un albergue a cuenta de poder dormir una noche y el duño quemándolo mientras llama a la policía... Brutal.
El siguiente no me gusta demasiado, porque tiene al insoportable W.C. Fields con una entonación no apta para dolores de cabeza. Él es un acróbata retirado que tiene un accidente de coche junto a su esposa, a la que no para de piropear. Sabiéndose millonarios, se compran una flota entera de coches con chófer incluido, sólo para chocar con los energúmenos que se ven encontrando e ir cambiando de coche constantemente. Una gilipollez.
Luego, de nuevo lo que parece una alegría se transforma en una terrible certeza. Un condenado a muerte recibe el cheque nada menos que el día de su ejecución, sin poder hacer absolutamente nada para detener el proceso. La idea es tremenda, pero quizá excesivamente traída por los pelos.
Y entonces llega Lubitsch, y en el segmento más corto de todos se come con patatas a todos los demás. En clave de cine mudo, un oficinista (magistral Charles Laughton) recibe el cheque sin que se le altere un músculo. Seguidamente, se prepara frente al espejo y sin emitir sonido alguno ni cambiar el gesto llama a la puerta del despacho de su jefe. Sin decir esta boca es mía le dedica una sonora pedorreta, y se marcha...
Después volvemos al tono de comedia ligera, con un por entonces incipiente Gary Cooper (hablamos de 1932), un marino que cumple un par de días de arresto junto a dos compañeros, y que cree que el cheque no es más que una broma del día de los santos inocentes, por lo que se lo guarda pero lo ignora. Justo hasta que invita a una chica a salir y convence a su padre, que tiene un puesto de hamburguesas, de que le ha dado un cheque por diez dólares con el que pagar sus deudas y así salir con su hija. Lo divrtido del aunto es ver a los tres marinos mientras se preguntan por qué acaban de salir el hamburguesero y la chica de un Rolls Royce...
El final, bueno, podía haber sido mejor, pero concluye la función con una especie de compendio de todo lo que hemos visto. En un geriátrico, la severa encargada mantiene a las pobres abuelas en un constante estado de sumisión, sin permitirles hacer nada por su cuenta. El cheque, cobrado por una de ellas, dará la vuelta a la situación, y los empleados serán los obligados a mecerse  y hacer punto, tal y como les ordena su nueva jefa.
Al final, el millonario, tras zamparse una soberana tarta de manzana, cortesía de la abuelita y ahora empresaria, manda al carajo a todo el mundo y se marcha al asilo... "a echar una canita al aire"...
Véanla, no les va a pasar nada malo.
Saludos.

2 comentarios:

José Torres Criado dijo...

Hola, soy el dueño del blog "El Gabinete de Cinemagnificus". Me cambio al blog "El Blog de José Torres Criado" y te sigo desde ese :) Un saludo.

dvd dijo...

Oído. Corto y cambio. Gracias.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!