jueves, 26 de junio de 2014

Alain Resnais: Tributo a un maestro #16



Una vez más, el temible designio de los traductores de títulos meten la pata por desconocimiento, dejadez o qué sé yo. L'AMOUR À MORT viene a significar "amor a muerte", o incluso "amor hasta la muerte", jamás "el amor ha muerto", como se la rebautizó aquí hace treinta años y sin que nadie le haya puesto remedio. Y desde luego que se debería, porque la premisa fundamental de este oscurísimo film de Alain Resnais no habla de otra cosa que no sea el amor puro de alguien hacia otra persona, tan puro que ni la muerte es capaz de romperlo. Pero no nos engañemos, no hay aquí ni asomo de romanticismo ñoño de telenovela barata; lo que Resnais propone es una duda constante, pesada y mortificante, una especie de indagación imposible desde la autodeterminación del "yo" en absoluta contraposición al ideal de amor cristiano. La película arranca con una escena ambigua, no sabemos qué pasa exactamente, podría ser un crimen, un accidente o ninguna de las dos cosas; la protagonista espera a alguien que resulta ser un médico, que asimismo le anuncia que su esposo ha muerto. Al poco tiempo, el supuesto fallecido se levanta como de una larga siesta y la mujer "se da cuenta" (y esto es fundamental) de lo mucho que le quiere y cómo no podría soportar su pérdida. A partir de ahí, Resnais deja abierta cualquier interpretación, desde una resurrección que ha vaciado a esta persona, que ya no se siente viva, a una simple superchería que podría acabar trágicamente. La pareja duda de su sentido metafísico mientras entablan conversaciones con otra pareja, pastores de la iglesia por añadidura. Se trata de una película que ha pasado desapercibida (lógicamente) en una filmografía tan intensa cualitativamente, pero que no ha perdido un gramo de frescura desde hace treinta años, y que además supone la verdadera consagración del trío Azéma/Arditi/Dussollier como gran baza y fetiche interpretativo de su autor.
Muy reivindicable.
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!