sábado, 22 de enero de 2011

Corazón



Wendy viaja en su Honda Accord del 88 a través de Estados Unidos junto a su Golden Retriever, Lucy; su idea es llegar a Alaska para trabajar en una fábrica de conservas; digamos que su idea completa es ganar el dinero suficiente para volver a su casa, en Indiana, con cierta holgura económica. Al llegar a Oregon, aparcará en un solitario parking para dormir, por la mañana el guarda le dirá que debe mover el coche de allí, pero el Honda se niega a responder. Será el principio de toda una odisea. Wendy espera a que abran el taller durante todo un día, mientras tanto va haciendo cuentas con el dinero que tiene y lo que puede gastar para llegar a Alaska.
He tenido la tentación de seguir contándoles esta película por dos razones, pero prefiero que la vean ustedes mismos y comprueben de primera mano cómo, de vez en cuando, podemos asistir a ejemplos de cine bien narrado, sin innecesarias florituras ni molestos tics. Una razón proviene directamente de la sensación de estar viendo algo nuevo, pese a su extrema sencillez; la otra es la extraordinaria interpretación, quizá por inesperada, de una Michelle Williams que las veces que la había visto en pantalla no me había convencido demasiado, aunque su denodado intento por sacarse de encima el sambenito de sex symbol (sobre todo en sus últimos títulos) es, como poco, encomiable. La recreación que Williams hace de esta desamparada chica, de monótonos atuendo y mirada, pasará a la historia como uno de los grandes personajes de la década que acabó. Luego está el buen pulso de Kelly Reichardt para no caer en un falso manierismo, no hay aquí ninguna reivindicación ni tentación estética, pese a que los escenarios nos resuenen de cierto cine independiente de formas despojadas y cálidos resuellos. Y por encima de todo ello, la hermosísima historia de amor entre una chica y su perra; una historia que podría haber filmado Chaplin pero también Antononi o el Lynch más comedido; una historia sobre el dolor de la ausencia, de la soledad, de la búsqueda de un sitio propio y los reveses de la vida, de la solidaridad y la incomprensión; un torbellino de sensaciones filmado casi sin palabras y que termina con una bella reflexión sobre qué significa estar vivo ahora, en alguna parte de este mundo tan complicado...
Tómenlo como una recomendación mía especial.
Saludos de puro cine.

3 comentarios:

elprimerhombre dijo...

Esta peli hace tiempo que la tengo para ver pero nunca me atrevo. Ahora ya iré con más seguridad. Por cierto, no sé si era su intención pero en el texto no aparece el título de la peli, aunque es bastante sencillo: Wendy and Lucy.

Un saludo!

dvd dijo...

No, son cosas que pasan cuando uno se va haciendo mayor. Te la recomiendo encarecidamente; su tramo final es uno de los más hermosos que he visto últimamente...

troyana dijo...

Magnifica reseña,sigo esta recomendación al pie de la letra,la busco ahora mismo y si le dedico una entrada,te mencionaré como fuente de inspiración.
saludos y un placer leerte!

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!