martes, 4 de noviembre de 2014

La bomba en el descansillo



Yo nunca olvido. Esto no es una amenaza ni una retirada, tan sólo un acto de amistad para quienes aún mantenemos fieramente la esperanza en la escritura irreverencial y a tiempo parcial. Astronómicamente hablando, las estrellas nunca miran hacia abajo... pero deberían.
Un amigo puso sobre la mesa (y la mesa no existe, pero sí el mantel, porque es mesa puesta) tres títulos del cine soviético que, dejando pasar un prudente lapso de tiempo, se atrevió a desafiar el siempre peligroso vórtice del panfleto y exponer el desgarro de la Segunda Guerra Mundial al mismo tiempo que sentaba las bases para la construcción de un lenguaje narrativo propio, puede que con lazos irrenunciables con el neorrealismo italiano, aunque con un sentido de la lírica más acusado y un ojo fascinantemente puesto en las acechantes nuevas vanguardias europeas. Uno de ellos es LETYAT ZHURAVLI (traducido, uno de los títulos más bellos de la historia del cine: CUANDO PASAN LAS CIGÜEÑAS), donde no es hasta pasados unos buenos minutos del film que no empezamos a discernir si esto es un amour fou rivettiano, un folletín empalagoso o lo que al final resulta ser: él marcha a la guerra; ella le espera, aunque no entiende por qué se ha alistado voluntario. Ella espera; llega la guerra, las bombas, la destrucción. Llegan las muertes; ella espera. Él tenía un hermano que se ha librado del frente por ser pianista; el hermano no espera. Ella lo irá perdiendo todo, su familia, su esperanza, su dignidad y, finalmente, su identidad. Si lo que querían era experimentar qué ocurre con la normalidad cuando a alguien le da por apretar el botón rojo, vean esta obra maestra absoluta. Yo empecé a comprender gracias a ella tres o cuatro cosas del batiburrillo ruso actual.
Maravillosa.
Saludos.

3 comentarios:

Rod- ae dijo...

La vi recientemente, y secundo todo lo que dices, no es una historia más de amor y guerra. Una película maravillosa que a mí ni me sonaba, quizás porque es de ésas que, incomprensiblemente, habitan en la sombra del olvido, pero que no se olvidan. Saludos.

dvd dijo...

Al principio no parece que sea capaz de acumular tanta intensidad como al final explota. La larga secuencia de cierre es un alarde de narrativa elegante, lo cuenta todo sin explicar nada...

Mister Lombreeze dijo...

Amén hermanos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!